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martes, 10 de febrero de 2026

BC - Volumen 4 Capítulo 18


Capítulo 18
El Discípulo Mayor
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Hace varios meses
Justo al lado de Ciudad Crisol Carmesí, en la provincia de la Garganta de la Cascada Furiosa, se alzaba una montaña. La solitaria Montaña Nubosa dominaba el paisaje, más alta que todas sus vecinas, con su cima perpetuamente oculta a la vista por un anillo de nubes. Tras ese anillo de nubes, oculta a la vista, se encontraba la Secta de la Espada Nubosa: una de las sectas más poderosas del Imperio, tanto por su reputación como por el poder de sus discípulos. La indomable Secta de la Espada Nubosa, maestros de la Formación de la Espada Nubosa Furiosa. La perdición de demonios y malvados por igual. Antiguas salas de piedra y tejados azules dominaban la cima de la montaña. Desde la distancia, su aspecto era engañosamente sencillo. Parecía casi antiguo, como una tumba… Y, sin embargo, era una tumba tan prístina como el día en que se terminó. Sus paredes estaban cubiertas de tallados realizadas al estilo tradicional. Representaban nubes y escenas de generales y cultivadores luchando contra demonios, pero, a pesar de la maestría y el detalle, era sobria. Los tallados carecían de color, sin incrustaciones de piedras preciosas ni oro, como ocurría con muchas otras sectas. Los diseños eran sencillos. Sobrios. Se correspondían con la austera y cruda belleza de la cima de la montaña. El Discípulo Mayor Lu Ri no pudo evitar sonreír mientras ascendía la montaña, contemplando las enormes puertas, la Puerta de las Nubes, talladas con la escena de una gran batalla contra los demonios. El viento le despeinó el cabello y amenazó con arrebatarle su sencillo sombrero de paja, que, si se miraba con atención, tenía un agujero circular remendado. Apoyó una mano sobre él para evitar que se lo llevara el viento. Lu Ri podría haber saltado montaña arriba sin más, o haber usado uno de los artefactos para que lo transportara hasta la cima... Y, sin embargo, de alguna manera sentía que entrar de esa forma estaba mal. Así que, en cambio, había venido como un peregrino. Desde la Ciudad Crisol Carmesí, atravesando el Bosque Nuboso, y ahora, subiendo los cien mil escalones hasta la entrada principal. Aceleró el paso. Había pasado meses lejos de la Secta. Tras las dificultades de dar con un solo hombre, y luego viajar al Cuartel General del Ejército Imperial para dar una respuesta, sus viajes para encontrar a Jin Rou habían sido sumamente frustrantes... Pero al acercarse a las puertas, sintió cómo toda esa frustración se disipaba. Había cumplido su misión. Al crear la Sombra de la Flor de Ciruelo, las enseñanzas de los Honorables Fundadores cobraron más sentido que nunca. Y... Había adquirido un delicioso manjar para acompañar su té, después de un largo día gestionando a los discípulos de la Secta Interior. Los Honorables Fundadores decían que los pequeños placeres eran permisibles, siempre y cuando no condujeran a los excesos. Respiró hondo al llegar a las grandes puertas y posó las manos sobre ellas. Tan altas como cualquier palacio imperial, estaban cerradas a cal y canto por precaución; sin embargo, al llenarlas con su Qi y empujar, se abrieron para él con facilidad… Mucho más fácilmente de lo que recordaba. Lu Ri asintió, confirmando su hipótesis. Había notado el cambio al usar su Qi cada vez más para viajar con rapidez. Los meses en una zona de bajo Qi, donde había controlado constantemente su fuerza para no romper las piedras protectoras de las Colinas Azures, habían mejorado ligeramente su control. Si bien no representaba un avance enorme, sí suponía un crecimiento mayor del que había esperado tras su estancia en una zona con tan escasez de Qi. Tendría que continuar con el ejercicio. Era sumamente incómodo tener un control tan férreo sobre su Qi, pero debía soportar esa incomodidad y luego dominarla. Al cruzar las grandes puertas, el sonido del viento cesó y el frío, capaz de matar a un mortal en cuestión de minutos, se disipó. El aire era fresco y vigorizante en lugar de gélido, y el silencio invitaba a la contemplación serena. “¡Hermano Lu Ri! ¡Has regresado!” Exclamó su compañero Discípulo Mayor, Zhao Haoyu. El encargado de la puerta tenía una enorme pila de papeleo que estaba revisando, trabajando junto a otros cuatro discípulos. “¿Tuviste éxito en tu misión?” Lu Ri sonrió y asintió. Su compañero Discípulo Mayor se animó. “Cuéntame lo que puedas luego, tomando algo. El Dignatario Ran está en el Gran Salón.” Lu Ri inclinó la cabeza en señal de agradecimiento y giró hacia la calle. Dentro de la Secta, el estilo arquitectónico se mantuvo. Las calles del recinto eran anchas y abiertas al sol radiante. Cada edificio era uniforme, pero emanaban una atmósfera de serena dignidad y tranquilidad. Varios discípulos conversaban en voz baja en los dormitorios de la Secta Exterior, absortos en una conversación sobre un pergamino. Las paredes del edificio habían sido limpiadas recientemente y no se veía ni una grieta. La sonrisa de Lu Ri se ensanchó. Detrás de los dormitorios se extendían jardines. Eran campos de hierbas que, al recibir el sol, parecían brillar como joyas, con un ligero lustre iridiscente en sus hojas. Allí también había discípulos, regando y cuidando las humildes hierbas espirituales, que alimentaban su cultivación temprana y sanaban sus heridas. Mientras ascendía la montaña, pasó por los pasillos y el campo de entrenamiento. Observó a un Discípulo Interno ejecutar un combo devastador contra uno de sus alumnos. Lu Ri entrecerró los ojos, furioso al presenciar la escena… Pero el joven se levantó de un salto tras caer, frunció el ceño y retomó su postura, moviendo ligeramente las piernas bajo la atenta mirada de otra Discípula Mayor. La mujer supervisaba a varias parejas ese día. El Discípulo Interno asintió ante la mujer y le demostró al chico el primer movimiento. El Menor se inclinó hacia su Superior, agradeciéndole el consejo. Lu Ri notó con satisfacción una diferencia notable con respecto a antes. Los consejos eran realmente consejos, en lugar de pretextos apenas disimulados para que los fuertes intimidaran a los débiles. Lu Ri continuó hacia el Gran Salón. Más arriba en la montaña se encontraban las habitaciones de los Discípulos Internos, y aún más arriba, las de los Discípulos Centrales y los Dignatarios; sin embargo, incluso en las cumbres más altas, donde sus habitantes disponían de habitaciones privadas en lugar de un dormitorio común, la misma arquitectura austera permanecía. Allí no había oro, y los únicos tesoros eran aquellos que podían contribuir a la cultivación. Finalmente, Lu Ri llegó al Gran Salón y abrió las puertas. Allí vio al Dignatario Ran repasando los informes. El hombre alzó la vista en cuanto Lu Ri entró, y el Dignatario asintió satisfecho. “La última tarea es el anexo oriental. Continúen con el trabajo que debemos realizar, pues está casi terminado.” Los discípulos a su alrededor se inclinaron mientras el Dignatario Ran daba su orden: “Felicito el trabajo realizado hasta ahora. Al final, repartan las recompensas entre los hábiles y los dignos.” “Sí, Dignatario Ran,” entonaron los Discípulos Mayores. “Ahora, pueden retirarse. Lu Ri, ven, camina conmigo,” ordenó el Dignatario, levantándose de su asiento y haciéndole un gesto a Lu Ri. Lu Ri obedeció, caminando tras el Dignatario a través del salón de madera, cargado de historia. Pasaron junto al Muro de los Mártires y, como era tradición, ambos se inclinaron ante él antes de llegar a un balcón. “Tu misión fue un éxito,” declaró el Dignatario Ran. “Sí, Dignatario Ran. Encontré a Jin Rou y, siguiendo mis órdenes, no insistí cuando se negó a regresar. Sin embargo, me proporcionó un mapa y un medio para contactarlo más tarde,” dijo Lu Ri, extendiéndole el papel al Dignatario, quien lo tomó y asintió. “Además, he entregado su respuesta al Ejército Imperial.” El Dignatario estudió la página por un momento antes de girar hacia Lu Ri. “¿Cómo era su cultivación?” Preguntó el Dignatario Ran. “Intacta… Y mucho más fuerte que cuando nos dejó. Sin embargo, al mismo tiempo era… Extraña. Sutil, pero abarcadora.” El Dignatario Ran asintió, dejando escapar un pequeño suspiro. “¿Su temperamento?” “Fue educado y amable. No creo que guarde rencor contra la Secta. No creo que mintiera cuando dijo que podíamos contactarlo si fuera necesario.” El Dignatario estudió a Lu Ri un instante más antes de juntar las manos en señal de respeto. “Entonces… Te felicito, Lu Ri. Tu diligencia y habilidad bien podrían haber evitado a la Secta muchos sufrimientos y humillaciones. Tal diligencia merece ser recompensada. Entra en la Bóveda de la Nube Solitaria; toma tres objetos de tu elección,” ordenó el Dignatario, y Lu Ri tuvo que agachar la cabeza para que el Dignatario no viera su sorpresa. ¿Tres tesoros de la Bóveda de la Nube Solitaria? ¡Eso era absurdo! “Además, tendrás acceso a Pico del Cielo durante tres meses.” El Pico del Cielo, donde el Qi de la Montaña Nubosa era más denso y el más potente para cultivar y refinar la Formación de la Espada Nubosa Furiosa. Lu Ri solo podía inclinarse ante la generosidad del Dignatario. “Quedas relevado de tus funciones habituales hasta nuevo aviso, Discípulo Mayor. Recoge tu recompensa cuando lo desees.” Las últimas palabras le llenaron el corazón de alegría por un instante. ¿Nada más que cultivación y estudiar en el futuro inmediato? Sonaba a recompensa celestial. Y, sin embargo, hizo una pausa. Recordó a la Sombra de la Flor de Ciruelo y su diligencia... Sus propios pensamientos sobre la creación de una organización superior, y descubrió que la idea del aislamiento total ya no le resultaba tan atractiva como antes. Enseñar y comandar a los mortales había resultado más gratificante de lo que había pensado. Y ahora... Con el resto de los discípulos asistiendo de nuevo a las clases y practicando la meditación... Él deseaba ser el Discípulo Mayor que siempre había anhelado ser. “¿Dignatario Ran?” “¿Sí, Discípulo Mayor Lu Ri?” “Me gustaría retomar mis deberes, Dignatario Ran. Ayudaría a nuestra Secta de la Espada Nubosa como Discípulo Mayor.” Era una ofensa y una necedad negarse a meditar donde los fundadores habían encontrado la iluminación. Y, sin embargo, Lu Ri sintió que debía hacerlo. El rostro del Dignatario Ran era impasible... Hasta que esbozó una sonrisa. “Eres un verdadero discípulo de la Secta de la Espada Nubosa, joven. Creo que mi Maestra, que en paz descanse, habría disfrutado de tu compañía.” Una mano se posó sobre el hombro de Lu Ri. “Pues ve, Discípulo Mayor. Vuelve a tus deberes.”
❄️❄️❄️
“Y así, los Honorables Fundadores meditaron durante tres días sobre la pregunta: ¿La Ley debe ser inmutable?” Lu Ri observó a los Discípulos Externos e Internos mientras impartía su conferencia, y su voz resonó en todo el anfiteatro. Los discípulos mantenían los ojos atentos, sus mentes receptivas al discurso de los Honorables Fundadores. Él podía ver cómo reflexionaban sobre sus palabras, intentando comprenderlas. Fue un cambio refrescante. El anfiteatro estaba impecable, con las piedras lisas relucientes. Las jardineras, que estaban descuidadas, habían sido arregladas y reemplazadas, proporcionando sombra. “Ahora vayan y mediten ustedes mismos sobre esta pregunta. Estaré disponible esta noche para quienes tengan preguntas sobre el tercer volumen de las Meditaciones de Zhong Haoyi.” Lui Ri observó cómo los discípulos se alejaban, y todos ellos comenzaron a comentar entre sí la pregunta que les había planteado. Fue una tarea particularmente difícil, en opinión de Lu Ri. Sin embargo, sonrió cuando se marcharon, regresando a sus aposentos. En esas habitaciones había un mapa. Un mapa de todos los caminos de la Garganta de la Cascada Furiosa y los tiempos de viaje aproximados entre los distintos lugares. En su mente, construyó depósitos y áreas de descanso, distribuidos regularmente a lo largo del mapa. Junto al mapa había una lista. Una lista de requisitos y una estructura de comandos. Todo por la entrega de correo.

≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡ Si encuentras errores déjanos las correcciones en un comentario abajo, servirán para mejorar la calidad de la serie.

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