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martes, 28 de abril de 2026

BC - Volumen 4 Capítulo 53


Capítulo 53
El Último Suspiro De La Nieve
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Muy abajo existía otro mundo. Era un lugar aparte. Sólido y antiguo, a la vez que efímero y joven. Allí el cielo era negro como la boca del lobo, y así había sido durante meses. Solo estaba iluminado por estrellas brillantes y surcado por grietas doradas que recorrían el vacío infinito. La tierra estaba cubierta de nieve blanca como el alabastro, interrumpida por las rocas de obsidiana que sobresalían y se alzaban hacia el cielo. Aquí reinaba el silencio; un silencio tan profundo que romperlo sería un sacrilegio. En aquel mundo silencioso, una colina se fundía con el blanco, el negro y el dorado. En ella se alzaba una casita. Una construcción pequeña y acogedora, robusta y bien cuidada, rodeada de montones de nieve. La luz se filtraba por una ventana tan redonda como la puerta verde contigua. Una fina columna de humo ascendía desde la chimenea de ladrillo rojo, sobre un tejado de tejas. Junto a la casa, una pila de leña, aunque visiblemente reducida por el uso, se amontonaba contra la pared. La casa habría parecido solitaria, pero tenía compañía: un muñeco de nieve torcido y mal hecho se alzaba alto y robusto a su lado. Su sombrero estaba ladeado con aire desenfadado y su sonrisa era alegre y radiante. Había velado junto a la casa, haciéndole compañía durante la larga noche.
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“Aquí es,” dijo Chico Ruidoso en voz baja. Estaba de pie en una gruta al Suroeste de las Colinas Azures, donde el agua, sin inmutarse por la temperatura gélida, seguía fluyendo. El aire aún estaba frío, pero las cascadas salpicaban y brillaban, y apenas se vislumbraba vegetación. El aroma del mar le susurraba al oído. Era un hermoso oasis y, sin embargo, de alguna manera desolado. El lugar... Donde se había convertido en cultivador. Donde el pequeño huérfano había dado sus primeros pasos en el camino hacia la grandeza. Recordaba la rabia y la ambición que lo habían impulsado entonces. La furia. Un niño, un huérfano, contra un mundo injusto que le había arrebatado todo. Ahora ya no estaba tan solo. Su compañero miró a su alrededor con asombro, con los ojos muy abiertos. “No soy quién para hablar, pero ¿cómo diablos encontraste este lugar?” Preguntó Trapos. “Tuve un poco de suerte,” respondió Chico Ruidoso. “Tropecé y me golpeé la cabeza contra la entrada. Resultó que mi cabeza era más fuerte.” Trapos resopló divertido y giró hacia el muro de piedra por el que habían entrado. Ambos guardaron silencio. Alrededor de Chico Ruidoso estaban todos los reactivos que necesitaba: las píldoras espirituales que había recibido de Cai Xiulan y el pago de la Secta de la Montaña Envuelta. Su dantian estaba casi sellado. Solo necesitaba el último empujón. Un último esfuerzo, y volvería a ser un cultivador. “¡Te haremos una gran fiesta cuando lo logres!” Exclamó Trapos. “Así que deja de perder el tiempo y ponte a arreglarlo, ¿sí?” El Chico Ruidoso “Zang Wei” le sonrió a su amigo y hermano jurado. La confianza que Trapos depositaba en él... Bueno, eso sí que lo hacía sentir bien. “Sí. No te preocupes, no nos quedaremos mucho tiempo,” respondió Zang Wei, rodándole los ojos. Suspiró mientras caminaba hacia el centro de la gruta, en el centro de la formación. Entonces se sentó y comenzó a meditar. Siguió las instrucciones del pergamino que le habían regalado. Los reactivos se elevaron en el aire, girando en espiral a su alrededor. Sintió un calor intenso en el estómago, su Qi casi hirviendo; no, más bien como la fragua de un herrero al calentarse, fundiendo el metal y fusionándolo. Dio vueltas y vueltas. Furioso como una tormenta, hasta que de repente se encontró dentro de una. La tempestad le resultaba familiar. Ya había estado allí antes, cuando conoció a su benefactor. Cuando aprendió sobre la cultivación. De las nubes descendió la cabeza de un dragón. Era enorme. Gargantuesco. Ninguna descripción de Zang Wei le hacía justicia a la descomunal criatura, tan grande era. Sus escamas eran de un azul brillante y su cuerpo resplandecía con la luz de las constelaciones. Sus ojos amarillos centelleaban con la furia insondable de una tormenta. Para Zang Wei, aquello fue una confirmación. Había logrado reparar su dantian. Volvió a ser cultivador. Una, dos, tres veces el dragón se enroscó alrededor del cielo, antes de que sus ojos atravesaran a Zang Wei. El niño se inclinó ante la enorme criatura. “Gran Dragón. Como me dijiste, he salido al mundo y lo he visto con mis propios ojos. He soportado muchas dificultades… Y ahora, regreso.” La tempestad amainó. ‘La última vez que hablamos, te hice una pregunta, muchacho. ¿Tienes alguna respuesta para mí?’ La voz del gran dragón resonó como un trueno, partiendo el cielo. ¿Cuál es la naturaleza de este mundo? Cuando se formuló esta pregunta por primera vez hace tanto tiempo, Zang Wei no tenía respuesta. Por eso se le pidió que saliera al mundo y regresara una vez que la tuviera. Sus primeros viajes habían sido... Duros. El mundo había sido cruel. Y en aquellos primeros tiempos, pensaba que la naturaleza de este mundo era el sufrimiento. El mundo era un lugar injusto y miserable. Pero entonces conoció a sus amigos. Amigos que lo habían orientado. Amigos que le habían tendido la mano. Amigos que lo habían apoyado, incluso en sus peores momentos. Incluso cuando su dantian se rompió, cuando su cultivación se hizo añicos, no lo abandonaron. Las sonrisas de Cai Xiulan, de Trapos... De Tigu... Pasaron fugazmente por su mente. Y llegó a la verdadera respuesta. Chico Ruidoso le sonrió a la tempestad. “La naturaleza del mundo... Es que es”, declaró Zang Wei. “Sufrimiento y tristeza. Es alegría y compañía. Existe. Y es lo que nosotros hacemos de él.” El dragón de tormenta miró fijamente a Chico Ruidoso. ‘Tu dantian quedó destrozado; tu cultivación quedó arruinado... ¿Y vuelves más optimista que cuando te fuiste?’ Le preguntó el dragón. "Sí." Se oyó un estruendo como de trueno, y la gran tormenta comenzó a reír. ‘Esa respuesta no me molesta, muchacho’gruñó el dragón en su oído. Y entonces Chico Ruidoso abrió los ojos. El Qi giraba alrededor de su cuerpo, una cola de dragón se enroscaba alrededor de su brazo y cuernos etéreos adornaban su frente. Detrás de él, Trapos dejó escapar un grito de alegría.
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La casa en la colina solo tenía una habitación. Si bien había una mesa y un juego de sillas, la mayor parte de la casita estaba ocupada por una cama mullida. El interior era cálido, iluminado tenuemente solo por las brasas incandescentes de la chimenea. En la mullida cama, dormía una sola figura. Una niña pequeña, cuyo cuerpo estaba cubierto de grietas doradas. A pesar de su delgadez, sus mejillas eran regordetas y sonrosadas. Parecía bastante sana, muy diferente del aspecto demacrado y esquelético que había tenido antes. Estaba acurrucada entre sus mantas, dejando al descubierto solo su cabeza y su cabello revuelto. Tenía los ojos cerrados con fuerza, pero se movían inquietos bajo los párpados, claramente sumida en un sueño. O una pesadilla. Una de tantas que habían perturbado su sueño. Tembló levemente, retorciéndose bajo las sábanas. Sus labios se curvaron en una mueca de dolor. Las lágrimas se acumularon en sus ojos cerrados, deslizándose y resbalando por sus mejillas. Un sollozo ahogado escapó de su garganta. Aunque las heridas de su cuerpo sanaban, las de su mente seguían atormentándola. Soñaba con la ruptura y la destrucción. Pero sobre todo... Soñaba con demonios.
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Era agotador. Todo era tan agotador, pensó el Dignatario Zang de la Secta de la Montaña Envuelta, mientras permanecía de pie y dejaba que los inquisidores realizaran sus rituales. ¿En serio? Como si él, un Dignatario de la Secta de la Montaña Envuelta, fuera a caer presa de las artimañas de un demonio. Puede que su hijo hubiera sido un estorbo, pero él estaba por encima de esas cosas. Sin embargo, así lo exigían los antiguos protocolos. Una tradición que le obligaba a sufrir tal humillación: tener que presentarse ante sus subordinados, en lugar de poder ir y venir a su antojo. Eso le hizo hervir la sangre. “Todos los procedimientos han finalizado. Dignatario Zang, continúe cuando le sea conveniente,” dijo el inquisidor, inclinando la cabeza. Por supuesto, todas las pruebas habían resultado negativas, pero aun así podía percibir la leve intención en sus miradas. No dijo nada mientras pasaba junto a ellos, atravesando los dorados salones de la Secta, hasta llegar a su pabellón personal, que ocupaba varios kilómetros cerca de la cima de la montaña. Porque fue su sangre la que cayó presa del demonio... O de lo que fuera que se hubiera llevado al retoño. Zang aún albergaba sus propias dudas. Dudas de que aquel “Maestro” que había asesinado a su hijo tuviera realmente vínculos con la Secta de la Espada Nubosa. Suspiró. El buen humor que había sentido tras visitar a una de las cortesanas se había esfumado casi por completo. La mujer era hábil en su oficio y en la conversación. Sus manos eran suaves y reconfortantes. Un bálsamo para su alma. “Mi señor, ¿por qué habrían de dudar de usted? Debe tratarse de una conspiración; otros deben haber conspirado contra usted,” preguntó la mujer, horrorizada, mientras le servía más vino. Zang frunció el ceño ante las palabras de la mujer. Tenía razón, Zang sospechaba que algo andaba mal... Pero había algo que no le cuadraba. Lo inquietaba. Abrió un cajón de sus aposentos y sacó un pergamino, desenrollándolo. Tenía el presentimiento de que alguien había conspirado contra él... Y seguía haciéndolo. Alguien a quien él observaría con gran interés. Su mirada se posó en el mapa de las Colinas Azures.
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La niña temblaba en su cama, estremeciéndose bajo el peso de la intención demoníaca, aplastada bajo sus manos aferradoras. Pero no estaba sola en su casita. O al menos, nunca sola por mucho tiempo. La puerta se abrió y una figura enorme e imponente apareció. Era una criatura descomunal, más grande que la casa donde vivía la niña, tan grande que no cabía por la puerta. Sin embargo, de alguna manera, la criatura encajaba. De un paso a otro, el gigante dejó de ser un gigante. La bestia era ahora bastante pequeña, apenas llegaba a la rodilla de un hombre, sin contar la carga de leña apilada sobre su lomo. El pequeño jabalí cerró la puerta tras de sí y dejó la leña junto a la chimenea. Un suave gemido le hizo fijarse en la niña destrozada en la cama. El jabalí se percató de su protegida y gruñó. Tras limpiarse las patas de nieve y agua, saltó a la cama de la pequeña, encogiéndose aún más. Su hocico se presionó contra la niña en un gesto de consuelo mientras ella gemía, con los dientes apretados y los sollozos sacudiendo su cuerpo. El pequeño jabalí se estremeció con ella, sintiendo compasión. Se pegó a ella y, como Chun Ke siempre hacía... Disipó parte de la oscuridad. Los sollozos de la pequeña se calmaron. Las lágrimas disminuyeron mientras el jabalí yacía junto a ella, su presencia firme la tranquilizaba. Aliviando el viejo dolor y desterrando los malos recuerdos. Mientras ella se sumía en un sueño más profundo, el jabalí se levantó con cuidado. Le secó las lágrimas, le alisó el cabello y se aseguró de arropar bien a la pequeña. Una vez satisfecho, centró su atención en el resto de la casa.
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La niña temblaba en su cama, estremeciéndose bajo el peso de la intención demoníaca, En la Ciudad del Lago de la Luna Pálida, una joven estiró los brazos por encima de la cabeza, terminando su tarea. Su voz escapó con un pequeño chillido al crujirle los hombros y relajarse los músculos tras horas sentada encorvada sobre un escritorio. Biyu, la talladora de cristal, sonrió mirando su escritorio. Estaba repleto de pilas de pergaminos antiguos que había usado como referencia. Una serie de planos y esquemas que, apilados, formarían una pila de varios centímetros de espesor, compartían el espacio con el desorden de referencias y utensilios de escritura. Eran sus planos, originales, no copias. Planos que, con suerte, se usarían para tallar el primer anillo de almacenamiento producido en las Colinas Azures en... Bueno, por siempre. De hecho, no tenían constancia de cuándo se había producido el último. La mirada de Biyu se desvió de su escritorio hacia las paredes del taller. Cristales brillantes iluminaban los cientos de cinceles y cuchillos especializados elaborados por maestros artesanos; incluso se había importado un juego especial de cinceles de la Montaña del Colmillo Aullante solo para este proyecto, con un coste tan exorbitante que Biyu no tenía ni idea. Fue simplemente fantástico. ¡Increíble! Biyu apenas pudo contenerse para dejarlos en el estante, en lugar de bajarlos y admirarlos uno por uno... Otra vez. La última vez que lo hizo, su Maestro entró y se rio al verla frotando su mejilla contra la madera. Biyu simplemente intentaba... ¡Acostumbrarse a las herramientas! ¡Todo el mundo sabía que las herramientas requerían un contacto cercano y un mantenimiento adecuado! Había visto a su padre y a los demás marineros con los que trabajaba abrazando los mástiles de sus barcos o susurrándoles palabras dulces a sus redes de pesca. ¡Era lo más natural! Negó con la cabeza y suspiró. Un cristal de almacenamiento. Un auténtico cristal de almacenamiento. Cerró los ojos un instante y el recuerdo de una sonrisa cruzó su mente, el de una mano que sostenía la suya, suave y fuerte. Biyu sonrió. Siempre que pensaba en el cristal, no podía evitar recordar a Yun Ren. Biyu podía oír su voz emocionada hablando de su arte. Amaba su pasión, un reflejo de la suya propia en los cristales. Quería volver a compartir su alegría: ver todas sus imágenes grabadas y escuchar sus historias. Ser quien creara el cristal que le ayudara a cumplir sus sueños. Echó un vistazo a la auténtica pila de cristales planos, mejoras graduales de la lente de registro de imágenes, como ahora las llamaban los Maestros. Fue su producto estrella. Tanto por su precio... Como porque apenas requerían Qi para funcionar. Se podían usar cañas con una mayor concentración de energía como catalizador... O incluso una persona normal con cierto control sobre el Qi limitado de un mortal. Los nobles estaban absolutamente locos por ellos. Todo por cristales "rotos" y obsoletos que ella había convertido en tesoros. Biyu suspiró, frotándose los ojos. Tal vez debería pedirle permiso a su Maestro. Yun Ren le había dicho que podía visitarlo cuando quisiera, y quería mostrarle las mejoras… Uno de los cristales de la pared comenzó a aumentar lentamente su luminiscencia. Era uno de esos que le indicaban que un guardia solicitaba su atención. Allí no se oían ruidos bruscos ni portazos, por temor a que alguien pudiera cortar equivocadamente los valiosísimos cristales. Solo un brillo sutil, que no perturbaría nada ni asustaría a nadie. Se puso de pie y se acercó para tocar el cristal dos veces, sabiendo que la petición se transmitiría al cristal gemelo que estaba fuera. Solo tuvo que esperar un instante antes de que se abriera la puerta, dejando ver a Chua, su guardaespaldas para ese día. “Señora, tiene una visita,” dijo en voz baja. Biyu ladeó la cabeza, confundida por quién la visitaría... Hasta que vio la figura que entró detrás de Chua. La sonrisa de Yun Ren le llenó el corazón de ternura. Se apartó rápidamente de donde estaba, y él rio en el instante en que ella lo abrazó por el cuello. “¡Yun! ¿Cómo está todo? ¡Oh, te hice un cristal nuevo!” Comenzó a balbucear de inmediato, lo cual fue un poco vergonzoso, pero Yun Ren pareció disfrutarlo mientras la abrazaba. Ambos se apartaron para poder mirarse el uno al otro, y la leve sonrisa burlona habitual de Yun Ren se transformó en una sonrisa genuina. “Aquí pues, Biyu. Y he oído que tú también estás bien, ¿verdad? Charlé un rato con tu Maestro, ya que estabas ocupada.” “¡Oh sí, es increíble! ¡Puedo trabajar con muchísimas herramientas nuevas, es genial!” La risa de Yun fue interrumpida por una segunda carcajada más profunda que hizo que Biyu diera un salto. “Eres una pequeña joya llena de entusiasmo, ¿verdad?” Preguntó una voz suave, mientras algo se materializaba sobre el hombro de Yun. Biyu se quedó paralizada al verlo. El pelaje blanco. Las marcas rojas. Los ojos amarillos. “¡Ohcielosquélindo~!” Los ojos del zorro se abrieron ampliamente, y entonces la criatura, absolutamente adorable, comenzó a acicalarse. Fue el comienzo de una semana muy agradable. Biyu aprendió a patinar. Yun Ren aprendió a practicar windsurf sobre el hielo del lago. Ella terminó tallando parte de un cristal con la espada de Yun, cuyo arma comentó: “Al Hermano Menor Sun Ne encontraría aceptable su reporte.” A Nezan le encantaba la colección de lazos de Biyu. El zorro decía que lo hacían sentir absolutamente fabuloso.
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Con movimientos cuidadosos y precisos, casi sin hacer ruido, el jabalí, ahora más grande, agarró el abanico con los dientes y avivó las llamas. Colocó otro leño en el fuego. Se paseó por la casa, limpiando lo que parecían manchas de alquitrán, la sustancia que se acumulaba en los rincones de la habitación. Limpió la casa y la recogió en un saco de junco, tejido cuando se construyó la casa. Tras terminar la limpieza, llevó el saco muy, muy lejos, hasta la cima de una montaña lejana. Allí, alzó la bolsa hacia el cielo. Las grietas doradas en el cielo respondieron. Pulsaron, y desde lo alto, el Qi se concentró como gotas de rocío. Un vertiginoso despliegue de energías descendió. Chun Ke sintió una gota plateada de luz de luna. Hierba, creciendo fuerte y nutriendo todo a su alrededor. Una intención feroz y poderosa, las cuchillas de un protector. Un aroma herbal, ácido y medicinal. Ilusiones brumosas y una resistencia firme como la roca en la que otros podían confiar. Un instante capturado de la furia de una tormenta, oculto en un arroyo tranquilo y murmurante. Un vacío, envuelto en calidez y deber. El oro ardiente del sol. La tierra y el cristal de un espíritu que emprende un camino de renovación. La medicina y la voluntad de ayudar contrastaban con la tenue luz de las estrellas. Y finalmente… Oro. Las grietas mismas palpitaban mientras un líquido dorado se filtraba de ellas, corriendo hacia la ubicación de las otras gotas. El oro de un hombre que amaba el pequeño pedazo de tierra que podía llamar suyo. Las gotas de Qi se arremolinaban juntas, acumulándose pesadas sobre la cicatriz dorada como la lluvia sobre una hoja... Y esperando una última gota. El Qi del jabalí, su vitalidad y crecimiento, ascendió para unirse al Qi superior. El orbe prismático se estremeció y giró, mezclando cada color, cada aroma y cada sabor del Qi reunido en una sola gota brillante. Quedó suspendido en el aire un instante antes de caer. Cayó sobre el saco de junco lleno de alquitrán. Al entrar en contacto con el alquitrán, actuó más como miel que como agua: envolvió las impurezas y las disolvió por completo. El jabalí, satisfecho con su tarea cumplida, cerró los ojos.
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“¡Ha llegado el momento!” Le declaró el Gran Maestro de Bi De. Se situó al frente de los discípulos, con los brazos cruzados y la mirada resuelta. Todos y cada uno de ellos vestían las indumentarias ceremoniales de aquella época gloriosa. Sus cabezas estaban cubiertas por sus sombreros rojos y sus cuerpos por las túnicas a cuadros rojos y negros llamadas Flan Nela. La nieve se derretía muy lentamente; en el aire se respiraba la promesa de la primavera... Y eso solo podía significar una cosa. Se prepararon las ollas; se cavaron los hoyos para el fuego. Y se extrajo sangre de los árboles. La savia fluía como agua y se evaporaba mientras trabajaban sin cesar, elaborando el dulce elixir conocido como jarabe de arce.
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El jabalí no fue el único que visitó el lugar. En las profundidades del mundo onírico, había otros. Un hombre, con dos mitades fusionadas por grietas doradas, tarareaba canciones, contaba historias fantásticas sobre hombrecillos que robaban a dragones y discutía con la otra mitad de sí mismo. Ambos parecían disfrutar de las discusiones; no había verdadera animosidad entre ellos. Al fin y al cabo… Eran prácticamente el mismo hombre. Una mujer con pecas que formaban constelaciones en su rostro también la visitó. Remendaba mantas y contaba historias de su infancia, mientras unos dedos suaves acariciaban el cabello de la pequeña. En su vientre, una chispa crecía, haciéndose más y más grande cada día. A veces, el poder de la niña, inconscientemente, se extendía hacia esa luz. Para acunarla. Para dejar que su poder fluyera hacia esa pequeña chispa y la habitara… Pero siempre, algún atisbo de su consciencia, incluso mientras dormía, la detenía antes de dar ese paso. Una mujer de cabello largo y voz dulce era la más silenciosa; simplemente se sentaba, en silencio. Una presencia cálida y constante. No añadía nada al sueño salvo la paz que irradiaba. Una gata que era una chica venía de visita de vez en cuando. Tallaba las vigas de madera de la casa y añadía más adornos a los tallados que ya había creado. Un gallo miraba fijamente al cielo con ojos penetrantes, esperando el amanecer. Pasaron los días, que no fueron días, sino una noche interminable. Aunque el cielo era eterno, la niña dentro de la casa cambió. Los temblores y las lágrimas disminuían cada vez más. No todos los días eran una pesadilla; algunos de sus sueños la hacían sonreír. A veces sentía paz. Ella se despertaba ligeramente mientras el cielo, antes completamente negro, se iluminaba cada vez más. A medida que la nieve se ablandaba y se convertía en aguanieve, comenzó a derretirse. Y entonces Tianlan, sumida en un profundo sueño, comenzó a moverse.
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“¿Jin?” Susurró Meimei. “¿Sí, cariño?” Respondí. “Esta semana,” dijo sencillamente, con la mano sobre el estómago.

≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡ Si encuentras errores déjanos las correcciones en un comentario abajo, servirán para mejorar la calidad de la serie.

BC - Volumen 4 Capítulo 52


Capítulo 52
Crecimiento Bajo La Nieve
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Cai Xiulan estaba de pie, jadeando, en medio de un claro del bosque. Su aliento salía en bocanadas de vapor; su frente estaba perlada de sudor; y tenía varios moretones recientes. Sus espadas flotaban en el aire detrás de ella, dos espadas de jade resplandecientes que parecían tener incrustaciones de oro. Eran las únicas dos en ese momento, y se balanceaban ligeramente. Su oponente no estaba en mejor estado. Tigu estaba agachada, con las piernas temblando. Tenía un par de gotas de sangre en la cara, donde las espadas de Xiulan habían logrado penetrar una carne más dura que el acero. Sin embargo, los pequeños cortes ya habían desaparecido, sanados por el Qi de Tigu. Sus penetrantes ojos recorrieron la figura de Xiulan antes de que suspirara, y su intensa mirada de concentración se desvaneció. “¿Empate?” Ofreció Tigu. “Empate,” confirmó Xiulan. Probablemente podrían haber lanzado un último ataque… Pero entonces ambas habrían quedado demasiado exhaustas para volver caminando a casa. Además, esto no se trataba tanto de un combate para encontrar un vencedor, sino más bien de que ambas querían practicar nuevas técnicas. En ese caso, la batalla fue una victoria para ambas, considerando el fuerte dolor que sentía Xiulan en la espalda baja. Tigu se había vuelto mucho más rápida en los últimos meses. Xiulan alzó las manos en un saludo marcial, y su oponente hizo lo mismo. El respeto era evidente en ambos bandos de la batalla. “¡Buena pelea!” Dijo Tigu con una brillante sonrisa en su rostro. “Buena pelea,” respondió Xiulan con una leve sonrisa. Sin duda, eran más fuertes desde que regresaron de los Picos de Duelo. Sus experiencias habían perfeccionado sus habilidades. Tigu siempre había sido buena luchando; su agresividad natural y su ojo para detectar oportunidades la convertían en una amenaza mortal, pero ahora tenía cautela, técnicas de movimiento y un par de brazales de alta calidad que le permitían proteger sus brazos cada vez que bloqueaba cuchillas, una capa adicional de protección. Ambas se levantaron de sus reverencias y Tigu comenzó a estirarse. Lucía algo fuera de lugar con su atuendo habitual. Tener los brazos, las piernas, el estómago y casi todo el pecho al descubierto en pleno invierno daba la impresión de ser algo frío; los cultivadores del Reino del Iniciado aún podían verse afectados por el clima cotidiano, ¿pero ahora? Xiulan podría haberse desnudado en medio de la ventisca más intensa de la provincia y no le habría pasado nada. Sus cuerpos eran mucho más resistentes que el año anterior. Tigu terminó su estiramiento, elevando los brazos por encima de la cabeza mientras flexionaba cada músculo, dejando al descubierto sus abdominales, bíceps y hombros. Complementaban su apariencia, acentuando su rostro expresivo. En verano, con su bronceado, lucía exótica en medio de un mar de pieles pálidas y blanquecinas. “Entonces, ¿qué viste que crees que debería mejorar?” Preguntó Tigu mientras comenzaban a caminar de regreso a la casa. “Tu técnica de movimiento necesita ejecutarse con mayor rapidez. Todavía acumulas demasiada energía, lo que hace que sea evidente cuando intentas usarla. ¿Has tenido éxito con el método de ‘patear el aire con tanta fuerza que se vuelva sólido’, como sugirió Jin?” Preguntó Xiulan. “¡Todavía soy muy inexperta! Empieza a sentirse un poco más sólido, pero…” Hablar de sus combates no era algo nuevo entre ellas, pero desde que Jin había empezado a entrenar más, las conversaciones se habían vuelto más profundas. Jin tenía una perspectiva interesante sobre el entrenamiento. Incluso habían grabado algunos de sus combates en su cámara de cristal, y luego él se los había reproducido mientras estaban sentados junto al fuego. Xiulan recordaba cada segundo de la pelea, pero verla desde otra perspectiva había sido de lo más esclarecedor. Jin había dicho que, en su tierra, era bastante común grabar las peleas y luego someterlas a un panel de maestros e instructores para que las revisaran. Si bien la mayoría de las sectas registraban a sus enemigos para encontrar debilidades, pocas lo hacían realmente consigo mismas. También lo hacía cuando jugaban al Ha Qi, para detectar hasta el más mínimo fallo en su técnica de patinaje. Sin duda, la calidad del entrenamiento en la Secta de la Espada Nubosa era excepcional. No es de extrañar que fueran tan poderosos. Completaron la evaluación de Tigu antes de pasar a Xiulan. “Tu control sobre las espadas está bien ejecutado, incluso con tantas activas a la vez,” reflexionó Tigu. “¿Cuántas controlas ahora? ¿Cuarenta y ocho?” “Sí, cuarenta y ocho Hojas de Hierba,” confirmó Xiulan. Le había resultado impactante y aleccionador darse cuenta de que, incluso después de que su cultivación se hubiera quemado, había llevado las técnicas de la Secta mucho más allá de lo que su Honorable Padre había sido capaz. Por lo que ella sabía, nadie en su Secta había superado las cuarenta en siglos... Desde la época de los Abanicos de Hierba de la fundadora y Honorable Antepasada Ruolan. Xiulan tenía muchas reservas sobre la... Extravagante personalidad de su Honorable Antepasada, pero su brillantez era innegable. Cada una de sus acciones la humillaba... Pero no podía imitar por completo su estilo. La técnica de Xiulan era una fusión entre la forma más marcial y la interpretación operística original. Distinta de ambas, y poco a poco, transformándose en algo propio. “Pero está incompleta,” dijo Tigu tras un momento. “Todavía falta algo. El número es grande… Pero eso es todo. De treinta y dos a cuarenta y ocho no se siente como el salto de poder que debería ser. “Estoy de acuerdo. Es como toparse con un obstáculo… Y creo que sé la respuesta que necesito para superarlo. Tendrá que esperar hasta la primavera… Pero la hierba volverá a crecer,” Xiulan le dijo a su compañera de entrenamiento. Tigu sonrió ante la convicción de Xiulan. “Te tomaré la palabra…” comenzó a decir mientras salía de la arboleda y volvía a los campos de la Fa Ram. Y entonces, de repente, ambos fueron alcanzados por una auténtica ola de nieve. Los golpeó con tal fuerza que contenía suficiente Qi como para derribarlas a ambas. Un Qi que, por supuesto, reconocieron. Por un instante, Xiulan sintió que la nieve bajo la que estaba sepultada le daba la sensación de estar enterrada bajo una montaña. Luego, al contacto de su Qi con ella… Volvió a convertirse en nieve. Se incorporó de un salto, quedando sentada, con la cabeza cubierta de polvo blanco. Tigu se sentó a su lado, algo mareada. Entonces, frente a Xiulan, la cabeza de un gallo asomó de la nieve. Bi De sacudió la cabeza para despejarse. “¡Excelente golpe, Maestro!” Gritó el gallo, con voz ligeramente aturdida. “¡Jajajajajaja! ¿Ves? Yo también tengo mis trucos... ¡Ah!” La risa de Jin resonó, pero se apagó de golpe al darse cuenta de que las había atrapado en el fuego cruzado. “Lo siento, Lanlan. Lo siento, Tigu.” “No pasa nada,” respondió Xiulan mientras Jin se acercaba. Le tendió la mano y Xiulan la tomó, dejándose ayudar a levantarse. “¿Ha sido productivo tu día?” Preguntó Xiulan. Tigu ya había salido de la nieve y se sacudía el polvo. Bi De también había emergido de la nieve, peinándose las plumas revueltas. “¡Sí, la verdad es que está yendo sorprendentemente bien!” Dijo Jin, y levantó su arma, apoyándola sobre su hombro. Xiulan arqueó una ceja ante ello. “Es perfecta, ¿verdad?” Preguntó Jin con voz llena de alegría. Xiulan contempló la pala y su empuñadura bellamente tallada, cortesía de Wa Shi y Tigu. “Tiene un pedigrí verdaderamente ejemplar,” respondió Xiulan, refiriéndose al ‘arma’. Jin empezó a reír. “Es un arma legendaria, transmitida de generación en generación…” Comenzó Jin, enumerando las cualidades que hacían de la pala un arma perfecta. La rodeó con el brazo mientras hablaba con entusiasmo sobre las ventajas de una pala frente a una espada. Xiulan simplemente negó con la cabeza, divertida ante sus payasadas. Pero parecía que la pala le sentaba bien.
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El día de Xiulan transcurrió a partir de ahí. Entrenar, preparar el almuerzo, jugar al Ha Qi con Xianghua y ahora bañarse. Cada día, incluso cuando Xiulan se esforzaba al máximo, parecía no suponer ningún esfuerzo. Aunque pronto tendrían que renovar los baños públicos “se estaban quedando increíblemente llenos”, Jin ya había ampliado la bañera una vez, pero simplemente no era suficiente para que cupieran cuatro mujeres y una cerda cuando decidían bañarse juntas. En ese momento, Yin flotaba en el centro de la bañera, calentando el agua con la energía del sol en plena siesta. Tigu frotaba jabón en el pelaje de Ri Zu con un solo dedo. Xianghua escuchaba atentamente a Pi Pa mientras conversaban sobre caligrafía. Ambas habían salido de la bañera y estaban sentadas en la banca junto a la pared, donde uno podía sentarse si solo quería tomar un baño de vapor. La cerda pisaba el lomo de Xianghua, deshaciéndole los nudos. Xiulan tenía a Meiling casi sentada en su regazo mientras le lavaba el cabello. Meiling tarareaba en señal de aprobación cuando los dedos de Xiulan se hundían en su pelo, como ella misma lo hacía con el de ella. Sus piernas estaban casi entrelazadas con las de Tigu, y si levantaba la rodilla, rozaría a la dormida Yin. Aunque era pequeño y estrecho, tenía su encanto. A los chicos no pareció importarles en absoluto, aunque también se salpicaban con agua, se golpeaban con ramas de abedul y toallas, y luego saltaban al río helado gritando como salvajes. O después de terminar sus baños, se paraban en la sala de estar vestidos solo con toallas y comenzaban a flexionar los músculos mientras se animaban mutuamente con gruñidos varoniles. Lo cual siempre distraía a Meiling, Xianghua y Tigu, a cada una por diferentes motivos. La propia Xiulan tuvo que admitir que... Había observado algunas veces. Todos ellos habían cultivado bien sus cuerpos. Y aunque Xiulan y las chicas no se jactaron de sus músculos, saltar al río helado fue revitalizante. Había cierta emoción en hacerlo... Y en saber que los hombres de la casa eran todos caballeros que las ignoraban. Todavía le resultaba novedoso que se sintiera lo suficientemente cómoda como para bajar la guardia de esa manera. Terminó de lavar el cabello de Meiling y la recostó contra el pecho de Xiulan. La curva de su vientre sobresalía del agua. Meiling suspiró, satisfecha. “Tu pecho es una almohada muy agradable.” Xiulan le rodó los ojos. “Tienes mucha suerte de estar embarazada, de lo contrario estaría intentando ahogarte ahora mismo.” Meiling soltó una risita, pero ninguna de las dos hizo movimiento. Al fin y al cabo, Xiulan había usado a Meiling de almohada bastantes veces... Después de pesadillas especialmente horribles. Su humor se agrió ante la idea antes de que la apartara. En efecto, todos se habían dormido al menos una vez en el regazo de Meiling, arrullados por una melodía tarareada y suaves caricias en el cabello. Meiling era experta gracias a los años que había cuidado de su hermano menor, y Xianghua juraba que era algún tipo de poción para dormir que ella usaba. Incluso Yun Ren afirmaba que los muslos de Meiling eran la única parte de su cuerpo que nunca se había considerado huesuda. Incluso existía una clasificación del “mejor lugar del cuerpo para usar de almohada”. Según Tigu, Ri Zu y Meiling, el mejor lugar para dormir sobre Xiulan era su pecho… Lo cual era ciertamente vergonzoso. Gou Ren había comentado sobre las propiedades relajantes del trasero de Xianghua, de lo cual, por supuesto, la mujer estaba orgullosa, y todos, cuando ella no escuchaba, coincidían en que el lomo de Pi Pa era un buen lugar para recostar la cabeza. Jin también gozaba de gran prestigio; su brazo era una almohada firme que Xiulan aún no había probado, aunque la indiscutible ‘mejor almohada’ era, como siempre, Chun Ke. Xiulan suspiró de satisfacción, simplemente tumbada en el agua tibia. Entonces Xianghua y Pi Pa entraron en la bañera y el agua se derramó. Xiulan fue empujada contra Pi Pa y Tigu. Tuvo un breve forcejeo bajo el agua con la gata y Xianghua, quienes reclamaron cada una su porción de espacio para las piernas. Eso duró hasta que Pi Pa logró sincronizar un pisotón para que les golpeara los tres pies a la vez. La paz se ha restablecido en la bañera, por el momento.
❄️❄️❄️
Esa noche, Xiulan se encontró en el tejado. Era su lugar habitual cuando se sentía desorientada... Y esa noche su cuerpo la había impulsado a levantarse. Había tenido un sueño. No una pesadilla, no fue tan fuerte, pero había soñado con el Valle y Sun Ken, algo que había ocurrido hacía poco más de un año. Aún resultaba doloroso y reciente ver a la gente celebrando la muerte de Sun Ken. No por las celebraciones en sí “no, podían burlarse del hombre cuanto quisieran; era un canalla que se merecía las burlas” sino por el hecho de que ella fuera la protagonista. Ella seguía sin poder ver las obras de teatro durante mucho tiempo. Siempre la ponían melancólica y le dejaban un sabor amargo en la boca por los elogios inmerecidos. El dolor, después de todo, seguía ahí. La muerte de los soldados aún la atormentaba ocasionalmente por las noches, igual que cuando había regresado a la Fa Ram la primera vez. Pero ya no tenía más pesadillas. La promesa que había hecho “que nada parecido a ese bastardo volvería a suceder” y la gente de su vida atenuaron el dolor. Un año. Había pasado un año desde que llegó a la Fa Ram. No sabía si el tiempo había volado o si sentía que habían sido amigos durante años. Habían luchado el uno por el otro. Habían sangrado el uno por el otro. Xiulan respiró hondo y dejó que su espíritu comenzara a vagar. A través de las conexiones de la tierra. Las conexiones con Tianlan. Le vino a la mente la primera lección que aprendió de Jin, cuando ella lo consideraba un Maestro de una antigüedad insondable. Todo está conectado. En aquel entonces tenía más razón de la que creía. Realmente todo estaba conectado. Xiulan exhaló al sentir que se acercaba una cálida presencia. Ella giró la cabeza y vio a Jin, que sonreía y sostenía una taza de té. Xiulan palmeó el tejado a su lado. Jin se sentó y le ofreció la taza de té. “Gracias, Maestro Jin,” bromeó. Jin le rodó los ojos. “Por supuesto, Hermana Mayor.” Ella le dio un empujón con el hombro. Él la empujó en respuesta. Juntos, contemplaron la salida de la luna.

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BC - Volumen 4 Capítulo 51


Capítulo 51
El Zorro Y La Azada
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Su Nezan, el Zorro Espiritual… O más bien un fragmento de Su Nezan… Observaba cómo su sobrino se enfrentaba a Cai Xiulan. En ese momento, estaba acurrucado sobre una roca, contemplando el combate amistoso; Yun Ren levantaba nieve con cada movimiento, intentando amortiguar sus golpes. En contraste, Xiulan se movía sin perturbar la nieve, sus pasos ligeros la hacían mecerse como una hoja de hierba danzando con el viento. Cielo de Verano limitaba su ayuda ese día, para fortalecer mejor al muchacho. Nezan sonrió al ver la concentración en el rostro de Yun Ren y lo estudió por un instante. La sangre de los zorros aún corría débilmente por sus venas… Pero lo estaba transformando. Sus dientes eran más afilados. Sus ojos, cuando se enojaba, se volvían rasgados. Y su rostro era ligeramente más suave y andrógino. Podrían confundirlo con cualquiera de su clan, tanto a él como a su madre. De hecho, la forma femenina de Nezan era la viva imagen de Nezin Hu Li... Solo que veinte años más joven. Verdaderamente, compartían la misma sangre. La mujer se había divertido mucho cuando un zorro la llamó sobrina al conocerse justo antes del Año Nuevo. Lo mismo le había pasado a su marido, que empezó a llamar tío al mono, Huo Ten, para gran confusión y timidez del pobre animal. Ninguno de los dos creía realmente que tuvieran sangre de Bestia Espiritual. Nezan salió de su ensimismamiento cuando Xiulan se abalanzó sobre él y le dio un golpecito en el brazo a Yun Ren. El chico hizo una mueca de dolor y se sacudió el brazo, pero asintió ante la reprimenda y volvió a su postura, listo para recibir de nuevo las instrucciones de su superiora. La hermosa mujer era sin duda una mejor maestra que Nezan, y él podía ver los efectos que sus combates tenían en la técnica de su sobrino. Yun Ren era un hombre de acción; solo aprendía practicando. Ella era, por mucho, superior a su sobrino, pero bajo su instrucción, los movimientos de Yun Ren se volvían cada vez más refinados. El zorro sonrió mientras los observaba batirse en duelo un instante más, antes de desviar su atención. Esa mañana, Jin había declarado que era “tiempo libre”, así que cada uno hacía lo que quería. Muchos habían optado por entrenar. Más alejado del combate, Gou Ren se colocó junto a Tigu. Ambos comenzaron a ejecutar juntos los movimientos de una forma marcial. Estaban perfectamente sincronizados, y la forma estaba repleta de golpes potentes que favorecían más al hombre de mayor tamaño que a Tigu. Nezan se giró hacia la distancia al oír una repentina carcajada. En el río, Rou Jin patinaba con Liu Xianghua. El hombre estaba doblado de la risa, aullando por algo que la mujer había dicho. Xianghua, por su parte, parecía confundida, pero esbozó una sonrisa tímida. El zorro se preguntó qué habría dicho la chica para provocar la risa del chico. Tendría que averiguarlo más tarde. Su mirada se desvió hacia la cerca a lo lejos, donde el gallo Bi De saltaba y daba patadas. La pequeña Ri Zu estaba detrás de él, con su aguja plateada destellando, y la coneja Yin los seguía a ambos, su cuerpo envuelto en una corona de luz. El sonido de un martillo golpeando captó su atención, al tiempo que la herrería comenzaba a expulsar humo. Un retumbo en el suelo le alertó de la presencia de Chun Ke. El jabalí era hoy el doble de grande que un caballo y llevaba consigo en su trineo a la pequeña Meiling, mientras que Wa Shi, el dragón, brincaba a su lado. Ellos se dirigían al bosque para dar un tranquilo paseo. Era un lugar tranquilo, casi idílico. A Zang Wen, su mejor amiga, le habría encantado. Cuando por fin rompió lazos con la Secta de la Montaña Envuelta hacía tantos años, y cuando finalmente se recuperó de su poco amistosa partida, disfrutó de su libertad correteando con los zorros de su pequeña aldea. Era un alma tan apasionada, que se había recuperado tras años de que su Secta intentara convertirla en otra arma contra los zorros. Ella era su luz, su corazón y su alma. Apenas había tenido la oportunidad de experimentar el mundo y las alegrías que este podía ofrecer. Y luego murió defendiendo a quienes una vez fueron sus enemigos jurados. Nezan se preguntó distraídamente cuántos aldeanos habrían sobrevivido a los siglos durante los cuales él había estado durmiendo. Su mirada recorrió a los presentes mientras se esforzaban por mejorar, mientras intercambiaban consejos y mientras trabajaban juntos. Sí, a Wen le habría encantado estar aquí. Y probablemente también le habría encantado molestar a la dueña de la casa. A veces tenía un humor y una actitud astutos. Por lo que había visto, la pequeña Meiling, aunque molestaba alegremente a Xiulan, era bastante débil ante cualquier respuesta. El zorro negó con la cabeza mientras volvía la vista al entrenamiento. El entrenamiento... Parecía que se preparaban para una guerra. Había oído las conversaciones en voz baja sobre el cristal y cómo se estaban fortaleciendo para ayudar a Jin y proteger las Colinas Azures. La diversión de Nezan disminuyó ligeramente cuando sus pensamientos se desviaron de las hermosas vistas al cristal. El cristal había sido... Interesante. Le había sorprendido, y tal vez un poco decepcionado, la facilidad con la que le habían revelado el secreto. ¡Nezan ni siquiera había tenido que usar sus encantos! Habría sido todo un reto. En su forma humana, se parecía demasiado a la madre de los hermanos Xong como para que picaran el anzuelo. De hecho, la expresión de Gou era tan horrorizada como la de Yun Ren cada vez que aparecía en su forma femenina y empezaba a coquetear con alguien. Cai Xiulan lo habría dejado en ridículo con una sonrisa educada… Era una verdadera Joven Dama, de esas que tienden a ser terriblemente reprimidas, igual que Wen. Xianghua habría empezado a apuñalarlo sin más. La mujer estaba lo suficientemente desquiciada como para ser completamente leal a su escogido. Tigu habría empezado a esculpirlo, sin captar ningún matiz, y Meiling lo habría mirado fijamente con agresividad... Pero probablemente no le habría dicho nada. ¡En serio, esa mocosa era un viejo verde en el cuerpo de una mujer! ¡Lo aprobaba! Ya había intentado seducir a Jin, en broma, y el hombre lo había rechazado por completo. ¡Le dolió en su orgullo de zorro, vaya sí que le dolió! En cambio, lo habían invitado a aprender sobre el cristal. Le conmovió que su sobrino hubiera intercedido por él, y también le satisfizo cómo los compañeros de su sobrino aceptaron el juicio de Yun Ren. Fue casi decepcionante. Aunque, naturalmente, había asumido que no tendría mayor complicación. Un cristal de las Colinas Azures. No es que pudiera haber nada realmente interesante en él, había pensado. Resultaba gracioso ver al espíritu importunando al pollo preguntándole si quería ser Emperador, y luego con una expresión de enfado espectacular tras pronunciar las palabras. Pensó que eso marcaría la pauta para todo el cristal. Estaba equivocado. Muy, muy equivocado. Aunque la mayor parte de la información probablemente sería de gran valor para cualquier historiador, a Nezan le importaba poco el pasado de la provincia. Sabía que Colmillo Brumoso había sido un bastión contra las incursiones demoníacas. Y no era que el Imperio del Fénix Carmesí no basara gran parte de su legitimidad en el hecho de que el Primer Emperador y los Generales Eruditos habían sido quienes prácticamente erradicaron a los demonios como amenaza existencial. Para el mundo exterior a las Colinas Azures, el conocimiento que contenían... No era precisamente algo por lo que se librarían guerras, especialmente porque los niños no eran tan tontos como para intentar separarse del Imperio. Nezan dio su aprobación. Eran lindos y un poco ingenuos... Pero no eran tontos. Si eso fuera todo, ahí terminaría todo. Un dato de interés y nada más. O al menos eso habría sido todo, de no haber presenciado la fuerza de la que Xiaoshi era capaz. La fuerza que el Camino de Shennong podía reunir. Nezan no era ajeno a las batallas. Había luchado en una guerra junto a su querida Zang Wen, el Trueno del Cielo de Verano, contra la Secta de la Montaña Envuelta. La fuerza de Xiaoshi hacía que la de su amada palideciera en comparación. Sabía que Jin era fuerte. Sin duda, aquel hombre podía igualar a Nezan con el poder que había demostrado durante el Torneo de los Picos de Duelo. Nezan aún no comprendía la magnitud del poder de Jin; solo sabía que era tan vasto que, incluso si hubiera luchado contra su querida amiga en la cima de su poder... Nezan presentía que ella seguramente perdería. Incluso los Dignatarios de la Secta de la Montaña Envuelta, si estuvieran solos, podrían caer ante Jin. ¿Pero Xiaoshi? ¿Xiaoshi del cristal? Su poder era de otro nivel. Era el tipo de hombre que, con un solo puñetazo, podía exterminar a todos esos bastardos ocupantes ilegales de la montaña. La escoria que había atacado al Colmillo Brumoso, que había asesinado a tantos de los suyos. Finalmente serían destruidos. Sería un trabajo de años, pero el plan ya estaba gestado en su mente. Bastaban unos cuantos empujones para que pudiera traer la guerra aquí... Una vez integrado del todo. Sabía mucho... Y, si él mismo lo decía, era todo un animador. A la pequeña Meiling ya le caía bien, y llevaba muchísimo tiempo cuidando a los hijos de su familia. Se atrevía a decir que se le daba bastante bien. El tío Nezan, el zorro bondadoso cuyas travesuras y bromas encantaban a todos, podría hacer de este lugar su hogar. Podría abastecer la despensa. Entretener con su guzheng. Ser el pícaro vago, aquel al que los niños perseguían para su diversión, mientras él los cuidaba y los llevaba de aventuras. Parte de la familia. Y mientras tanto, podía tejer un hechizo alrededor de la Secta de la Montaña Envuelta. No tenían que ser ilusiones; el linaje del zorro era poderoso... Pero las palabras y la carne cálida eran tan devastadoras como los poderes seductores de Da Ji. ¿Y qué haría Jin cuando la Secta de la Montaña Envuelta apareciera en su puerta? ¿Por qué? Jin podría aniquilarlos como Xiaoshi aniquiló a sus enemigos. Podría marchar sobre la montaña y exterminar a los enemigos jurados de Nezan, de raíz y con todo. Contaba con el respaldo de la Secta de la Espada Nubosa. Los de la Montaña Envuelta serían completamente destruidos. Y el tío de Yun Ren le había pedido un favor amablemente, después de haberlo ayudado durante las batallas, ¿y quién podría convocar a los demás zorros a la guerra para defender el hogar de Jin? Bueno, el Colmillo Brumoso volvería a ser suyo. Su forma estaba hecha de Qi puro, pero podía sentir los remolinos de su poder. No pudo evitar la sonrisa enfermiza y retorcida que se le dibujó en el rostro. “¡Oye, Nezan! ¿Me escuchas?” Esas palabras rompieron la concentración de Nezan, quien alzó la vista hacia el rostro de Yun Ren. Nezan negó con la cabeza y esbozó una sonrisa sincera. “¡Disculpa, sobrino! Estaba... Absorto en mis pensamientos.” Yun Ren asintió mientras tomaba asiento junto a Nezan. “Bueno, como te decía, pronto volveré a la Ciudad del Lago de la Luna Pálida, y ya que voy para allá, me preguntaba si querías que pasara primero por tu casa. ¿O si había algún otro lugar al que quisieras que fuera?” La sonrisa del chico era radiante. Era obvio que estaba pensando en su Biyu, que se había quedado en la ciudad. “Ya tengo algunos lugares que mostrarle a Cielo de Verano”, continuó. “Hay un pueblo llamado Cha Meng, un poco apartado del camino, donde dicen que tienen un té buenísimo. El Dignatario Hong me contó que el palacio de la Ciudad del Lago de la Luna Pálida solía encargar su té exclusivamente, ¡así que voy a pasarme por allí a comprar un poco!” Cielo de Verano tintineó en su vaina, obviamente feliz de emprender la aventura. Nezan hizo una mueca. “Estoy bien, sobrino, no tengo prisa. ¡Ve con tu querida! ¡Quiero ver a Biyu en persona!” Dijo Nezan, esforzándose por sonar alegre, aunque el odio que sentía por la montaña le revolvía el estómago. Yun Ren suspiró. “¿Podrías bajarle un poco el tono, por favor?” Nezan rio, y su ánimo mejoró un poco. “Claro…” Yun Ren se animó. “¡Que no!” El rostro de Yun Ren se ensombreció. “Bastardo,” gruñó. “¡Eso soy! No creo que mis padres se casaran en el sentido humano; sin embargo, has progresado mucho con tu práctica de la espada. ¡Creo que es hora de trabajar en tus ilusiones!” Ordenó Nezan, mientras saltaba al hombro de Yun Ren. El chico gimió, pero empezó a caminar para hacer lo que Nezan le pedía. Sin embargo, caminaba con un ligero brinco. “¿Tan emocionados están por volver a explorar?” “Sí. Le pedí a Cielo de Verano que me hablara de todos los antiguos portadores, especialmente de Wen. Le pregunté por todos los lugares que Cielo de Verano recuerda que ella quería visitar. Tengo una lista, y solo necesito un mapa. Dijiste que quería explorar, ¿verdad? Bueno... Pensé... Que podría visitar todos los lugares que ella quisiera, ¿sabes? Por Cielo de Verano, y bueno, tú querías ir con ella, ¿no?” Las palabras fueron un golpe bajo para Nezan. La sonrisa, en cambio, le llegó hasta lo más profundo. Yun Ren nunca había conocido a Wen. Aun así, deseaba honrarla. Seguir su sueño. El sueño de su amada Wen. Quería ofrecerle té a Cielo de Verano e ir a los lugares que Nezan deseaba. Y allí estaba Nezan, tramando cómo arrastrar a su aplicado sobrinito y a todos sus amigos a una guerra simplemente por la venganza del zorro. Y si esa guerra estallaba, Yun Ren lucharía. Lucharía por su familia y por sus amigos, sin dudarlo ni cuestionarlo. Lucharía y moriría por ellos, como Wen luchó y murió por la familia de Nezan. Por una batalla y una afrenta en las que Yun Ren no tenía nada que ver. El Colmillo Brumoso había estado en manos de la Secta de la Montaña Envuelta desde la infancia de Nezan, hacía muchísimo tiempo. Su guerra tenía miles de años. ¿De dónde había sacado el valor para arrastrar a la guerra a gente que no le había mostrado más que amabilidad y hospitalidad? ¿Para conspirar, maquinar y utilizar el linaje de su Honorable Tía? La construcción de Qi de Nezan se estremeció. Volvió a mirar a los demás. Las sonrisas en sus rostros. Esos rostros habían sido reemplazados por rostros que conocía íntimamente. Su familia, rodeando a Wen, riendo con ella. Sangre brotando de las bocas, vísceras humeantes en el suelo, gritos mientras los rayos los reducían a cenizas… No. No. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué estaba pensando? Era un zorro. Una criatura malvada y taimada, manchada con la sangre de Da Ji. La perdición de dioses y reyes. No somos esclavos de nuestra sangre fue la primera enseñanza de su Honorable Tía. Los oscuros planes de Nezan fueron reprimidos y luego cuidadosamente apartados. No. Traer la guerra aquí... No podía, no quería hacer tal cosa. Era una traición imperdonable, y no iba a contribuir a esa parte de la leyenda de Da Ji. Nezan tenía su honor, y si llevaba a cabo ese plan, jamás podría mirar a los ojos a la Honorable Tía Su Nezin ni a su amada, si es que alguna vez se encontraban en el más allá. Nezan respiró hondo cuando Yun Ren entró en el claro donde practicaba sus ilusiones. Las rocas eran un estallido de colores y patrones fractales: hermosas, aunque vertiginosas. Nezan apartó los sentimientos que aún persistían y se concentró. Además, existía la posibilidad de que la Secta de la Montaña Envuelta metiera la pata por su cuenta. Ya había animosidad entre ellos. Así que, en cambio… Tomaría precauciones. Estaría atento a todo. El hecho de que él no iniciara nada no significaba que la Secta de la Montaña Envuelta no lo hiciera. Él... Aún conservaba algunos contactos. Algunos parientes que podrían vigilar la situación por él y asegurarse de que la Secta de la Montaña Envuelta se mantuviera al margen... Y de que estos maravillosos, aunque algo ingenuos, niños pudieran tener un poco más de paz. Sus labios se curvaron en una sonrisa. Deseaba con todas sus fuerzas que Jing Ai siguiera viva... Aunque solo fuera para ver su rostro cuando Jin rechazara sus insinuaciones. Era tierno ver cómo el hombre solo tenía ojos para su esposa. Nezan asintió, observando a Yun Ren trabajar por un momento... Antes de canalizar su propio Qi. Una de las rocas cambió, los colores se extendieron como tinta, tal como Nezan había aprendido de Yun Ren. Su sobrino se giró y se quedó mirando la imagen. Se mordió el labio, esforzándose por no reír. Era la imagen de un hombre bastante alto gritando de dolor, con Cielo de Verano atascado en su trasero. “¡Maldita sea! ¡Una sola vez! Solo una vez le das por el culo a alguien y…” Se quejó Yun Ren, mientras Cielo de Verano vibraba de diversión.
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La espada conocida como Cielo de Verano estaba satisfecha. El progreso del Octavo Portador era aceptable, y su evolución resultaba interesante de observar. Y lo que es más importante, el té tenía un aroma excelente. La cultivadora conocida como Meiling era experta en preparar muchísimas variedades de té, al igual que su creador, Hong Xian. Era interesante. Era agradable. Cielo de Verano los aprobó a ambos. Cielo de Verano estaba junto a su amigo Nezan mientras el Octavo trabajaba. Últimamente, el Zorro se había perdido en sus pensamientos con bastante frecuencia, y Cielo de Verano había notado en su rostro una expresión que indicaba que estaba pensando en algo que la Séptima no habría aprobado. Por suerte, no fue necesaria ninguna intervención. El amigo Nezan se había calmado. La Séptima siempre decía que el amigo Nezan se detenía antes de hacer alguna tontería de verdad. Cielo de Verano no deseaba contradecir a la Séptima, pero había contado cuatrocientos cuarenta y cinco ocasiones en las que la Séptima se equivocaba. El amigo Nezan solía hacer cosas que Cielo de Verano consideraba estúpidas, como comerse aquel trozo de carne claramente en mal estado hacía mil ciento trece años. O cuando insistió en que el precio de aquellas teteras subiría y que se harían ricos al revenderlas. O aquella vez con el columpio, las cuerdas y el frasco de perfume. Tras una segunda revisión, aquello no había sido una estupidez. Simplemente era desconcertante. El portador de Cielo de Verano envió una ráfaga de intención a través de su vínculo. La emoción contenida era curiosidad. “Oye, ¿Cielo de Verano?” Preguntó el Octavo Portador mientras creaba otra ilusión y la colocaba sobre las rocas. Cielo de Verano centró toda su atención en su portador. ‘¿Tienes alguna pregunta, Octavo Portador?’ Respondió Cielo de Verano. “Sí… Me preguntaba… Bueno… Vi la espada en ese objeto de cristal, y se parecía a la espada de Sun Ken. Ese tipo hablaba de espíritus artificiales y me hizo pensar… Todo el mundo siempre decía que Diente Carmesí, o supongo que ahora Sun Ne, tenía un demonio dentro…” ‘El Octavo Portador tiene razón y a la vez no. El arado contiene un espíritu de cuchilla. No un espíritu demoníaco,’ afirmó Cielo de Verano. El Octavo Portador hizo una pausa. “¿Qué?” ‘El arado contiene un espíritu de cuchilla. Es débil y degradado, pero activo,’ confirmó Cielo de Verano. El Octavo hizo una pausa y se giró para contemplar detenidamente a Cielo de Verano. “¿Desde cuándo lo sabes?” ‘Tres meses y doce días,’ respondió Cielo de Verano, omitiendo las unidades de tiempo más pequeñas. A la mayoría de los portadores no les importaba y consideraban irrelevante la hora exacta. “Eh,” murmuró el Octavo. “Bueno, ¿ustedes, digamos, hablan?” Cielo de Verano envió una ráfaga de neutralidad a través del enlace. ‘Las Cuchillas no se comunican entre sí a menos que estén enfrascadas en combate.’ El Octavo Portador consideró la declaración. “¿Por qué no?” Preguntó él a su vez. Cielo de Verano hizo una pausa ante la réplica. Por qué... ¿No? “¡Ja! ¡Te atrapó, querido!” Dijo Nezan, divertido. En efecto, ¿por qué no? Cielo de Verano reflexionó sobre la afirmación. Lo primero y más importante era que las cuchillas debían tocarse para que los espíritus interactuaran de verdad; mientras sus portadores luchaban, los espíritus también lo hacían, desgarrándose y atacándose mutuamente en un choque que reflejaba a sus portadores. Intentaban interrumpir el flujo de Qi en la otra cuchilla, y en casos extremos, uno podía incluso matar a su contraparte. Cielo de Verano solo había interactuado con enemigos. Las Armas Espirituales, incluso en las Montañas del Colmillo Aullante, eran bastante raras. Se entregaban a sus portadores y se vinculaban a ellas, o permanecían latentes almacenadas. La interacción pacífica simplemente no era una opción. El mero hecho de poseer una cuchilla con espíritu ya era una ventaja: eran mucho más resistentes a las técnicas que interrumpían el flujo de Qi, y podían mantenerse afiladas y duraderas cuando un arma más mundana fallaba. Tenían su propio flujo de Qi y podían modular mejor la energía dentro de sus "cuerpos", suavizando las fluctuaciones de Qi, e intentaban interrumpir el flujo de Qi entre sí, lo cual resultaba sumamente efectivo en combate. 'Interés. Aprobación. Cielo de Verano solicita hablar con la otra Arma Espiritual.' Con un encogimiento de hombros, el Octavo recogió a Cielo de Verano y salió del bosque, dirigiéndose hacia el otro portador de arma espiritual. Cielo de Verano dejó que el Octavo convenza al buey, cuya atención estaba puesta únicamente en la otra arma: un arado. Cielo de Verano quedó ligeramente impresionado de que el espíritu hubiera sobrevivido a la transformación. Era asombrosamente resistente para haber continuado existiendo, con su forma doblada y retorcida de espada a herramienta para cortar la tierra. El buey asintió tentativamente ante la petición del Octavo; Cielo de Verano fue colocado junto al arado. Por primera vez en su vida, cuando Cielo de Verano tocó otra cuchilla, no hubo un torrente furioso de Qi ni siquiera un ataque que la encontrara. Curioso, Cielo de Verano avanzó y se manifestó en el mundo del otro. Adoptó la forma de la Séptima Portadora; Wen había sido con quien Cielo de Verano más había conversado y, en honor a su relación, el espíritu de la cuchilla adoptó su forma. Una larga trenza dorada le caía por la espalda. Sus ojos azules escudriñaban el mundo. Vestía una túnica blanca y una faja roja. Para sorpresa de Cielo de Verano, el mundo no era una forja como la mayoría de los mundos de sus oponentes. No era un mundo infernal de sangre y matanza, un río embravecido, ni el dominio de luz cegadora de Cielo de Verano... Era una llanura cálida y acogedora, rodeada de montañas. El cielo estaba salpicado de grietas doradas. Cielo de Verano observó con detenimiento las montañas. La mayoría presentaban profundas hendiduras. La hoja se dirigió a sus pies, donde cientos, no, miles de surcos perfectamente rectos se extendían por el suelo hasta perderse en la distancia. Cielo de Verano dio su aprobación. Los cortes fueron muy acertados. Al alzar la vista, Cielo de Verano comenzó a buscar al otro. Sun Ne, el que el llamado Jin había nombrado. No necesitó buscar muy lejos. Ante él se alzaba un niño de aspecto salvaje y género indeterminado. Tenía el pelo castaño, enmarañado y con rastas. Su piel era bronceada y su ropa, de un amarillo chillón, casi cegador, adornada con soles sonrientes. La concentración de Sun Ne era absoluta mientras arrastraba su mano por el suelo y realizaba un corte perfectamente recto, esforzándose por alcanzar la perfección. “¡Corta, corta, cortacortacorta! ¡Corta, corta, cortacortacorta!” Murmuró el niño con una expresión de absoluta paz en su rostro. Cielo de Verano esperó hasta que el corte estuvo completo y el niño se recostó para examinar su obra. “Saludos,” entonó Cielo de Verano. La cabeza del niño salvaje se alzó de golpe. Se le desencajó la mandíbula y se quedó mirando, estupefacto por un momento, a Cielo de Verano. Ellos se quedaron parados. El niño miraba atónito, y Cielo de Verano permanecía impasible ante él. “Saludos,” intentó de nuevo la voz monótona de Cielo de Verano. El niño seguía mirando fijamente, con expresión asustada y confundida. “Saludos. Soy Cielo de Verano. Deseo un diálogo pacífico. ¿Aceptas?” El niño miró fijamente, sin comprender, y luego movió los pies con incertidumbre. De repente, un buey surgió de la nada, de pie junto al espíritu de la espada. ¿Manifestación interna del portador? Interés. Aprobación. El niño se fortaleció al ver a su portador, respiró hondo y miró directamente al Cielo de Verano. “Te gusta... ¿Cortar cosas?” Preguntó Sun Ne. “Sí,” respondió Cielo de Verano con sinceridad. Los ojos del niño se iluminaron.

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lunes, 27 de abril de 2026

DH - Capítulo 507

A+
A-
Capítulo 507
Maternidad (II)
Traducción y edición: Sho Hazama
Corrección: Lord
Su rápidamente hizo algunas simulaciones de batalla en su mente, pero los resultados a los que llegó no parecían coincidir con la realidad. La destreza en combate de Li Gaolei y Li era mucho mayor que la de los usuarios de habilidades de quinto nivel comunes, y Li era un maestro de las tácticas. Con la fuerza de combate del ejército rebelde, Li Gaolei y Li no deberían haber sido derrotados. Su frunció el ceño, mientras pensaba profundamente, el vehículo todoterreno ya había entrado en la zona industrial de la acería. La torre esférica de varias decenas de metros de altura, el edificio de la fábrica y los enormes tubos entrelazados de transporte de gas y oxígeno hablaban en silencio de la gloria de la gran era industrial. Sin embargo, los árboles de aspecto extraño que lo rodeaban delataban la omnipresente influencia de la radiación. El vehículo todoterreno se detuvo nada más entrar en la zona de la fábrica. Según lo que dijo el oficial de Estado Mayor, si se acercaban más, entrarían en el campo de tiro del enemigo. Si se producía un fuego amigo, sería malo. Sin prestar atención al oficial de Estado Mayor, claramente asustado, Su saltó del vehículo todoterreno. Activó la Vista Panorámica, ampliándola al instante a su máximo alcance. La docena de puntos de disparo no podían ocultarse de la vista panorámica. Su echó un vistazo a la enorme e imponente acería y luego dijo con indiferencia. - Li Gaolei, he regresado. La voz de Su no era tan alta, y el oficial de Estado Mayor que estaba a su lado sintió como si estuviera hablando casualmente. Sin embargo, lo que no sabían era que, independientemente del punto de Vista Panorámica, todos podían oír la voz de Su de la misma manera. A medida que la habilidad mejoraba día a día, la Vista Panorámica ya no era solo un método de exploración pasivo, sino también algo capaz de mostrar una cantidad limitada de poder. Su se quitó la capucha, revelando su característico cabello rubio, así como el parche que cubría su ojo derecho, y luego se adentró en las profundidades de la acería. En ese instante, sintió que al menos 7 u 8 pares de ojos se posaban simultáneamente sobre su cuerpo, y que esos ojos iban acompañados de un número equivalente o incluso superior de bocas. Al percibir la posición de los puntos de disparo, Su sintió inesperadamente una cierta admiración y orgullo. Los puntos de disparo temporales estaban dispuestos de forma ingeniosa, sin apenas puntos ciegos, lo que demostraba un nivel extremadamente alto de habilidad táctica. No era de extrañar que Spike sufriera grandes bajas cada vez. Una figura grande y alta emergió de repente de detrás de una alta torre y corrió rápidamente hacia Su, deteniéndose solo cuando llegó ante él. Entonces, su gran boca se abrió, riendo entre dientes varias veces antes de gritar en voz alta. - ¡Líder! ¡Por fin has vuelto! Li Gaolei, que estaba de pie frente a Su, había cambiado bastante. Estaba notablemente más delgado, pero su enorme complexión todavía lo hacía parecer un gran león. La barba incipiente de su rostro era irregular y desigual, resultado de no haber sido recortada con una navaja, sino con una cuchilla militar. Su rostro bronceado, su cabello corto y su barba seguían siendo del mismo estilo. Se podía ver un gran cansancio en sus ojeras hundidas, pero aun así mostraban una vigorosa vitalidad. Ya habían defendido la región de la acería durante casi 10 días, y esta difícil y extrema batalla había templado una vez más a este hombre salvaje. Li Gaolei miró a los oficiales de Estado Mayor, algo acobardados, que se encontraban a cierta distancia, y luego preguntó. - ¿Podría ser que Spike...? - Ya está muerto, ¿Qué hay de Li y Kane? ¿Por qué no están contigo? La sonrisa de Li Gaolei se volvió un poco amarga. - Últimamente, Kane no se encuentra muy bien, así que rara vez lo pongo a luchar en primera línea. En cuanto a Li, qué puedo decir, su situación... tampoco es muy buena. Lo sabrás cuando la veas. Bajo la guía de Li Gaolei, Su se adentró en las profundidades del laberíntico edificio de la acería. Cirvanas lo seguía, mientras que Madeline se quedó atrás para vigilar a los oficiales y soldados que se habían rendido. Li Gaolei miró al joven y, aunque sentía mucha curiosidad por sus orígenes, estaba claro que, en ese momento, Li y Kane eran mucho más importantes. En lo más profundo de un almacén, se apartaron las mercancías y se instaló un campamento oculto. Más de 10 soldados estaban sentados alrededor de unas cuantas tiendas de campaña, realizando el mantenimiento de sus armas, inspeccionando municiones y, de vez en cuando, charlando en voz baja. Kane también se encontraba entre ellos, sentado sobre una pila de piezas de armas desmontadas, utilizando herramientas sencillas y rudimentarias para trabajar manualmente en algunos componentes. Kane no parecía muy diferente de fuera, pero Su podía percibir una clara debilidad en su cuerpo. - ¡Líder! Cuando vio aparecer de repente a Su, Kane se sorprendió y se alegró enormemente. Inmediatamente dejó a un lado el componente a medio procesar que tenía en las manos para darle la bienvenida. Su lo miró atentamente, utilizando Vigilancia Transparente para inspeccionar el estado de su cuerpo. Después de un rato, exhaló y dijo. - Todavía está bien, la velocidad del colapso genético no es demasiado rápida y aún se puede controlar. He traído un poco de líquido reparador genético, así que al menos puede aliviar un poco. - ¡Líder, ya soy alguien que ha vivido más de 40 años! 2 años más o menos no importan. Deberías echarle un vistazo a Li primero, su situación no es tan buena.

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DH - Capítulo 506

A+
A-
Capítulo 506
Maternidad (I)
Traducción y edición: Sho Hazama
Corrección: Lord
Su se acercó a Spike y le dio una patada para confirmar su muerte. Su escuchó claramente las últimas palabras de Spike, pero esto solo le provocó una sensación de absurdo. ¿Podría ser que fuera este tipo egocéntrico e ignorante quien derrotara a Li Gaolei y Li? Muchas personas tenían ambiciones descabelladas y, en muchas ocasiones, las ambiciones excesivas solo conducían a la destrucción. La batalla de hacía un momento se repitió instantáneamente en la mente de Su. Sumó el número, las habilidades y las armas utilizadas por los soldados que murieron a manos de él y luego lo comparó con la cantidad que había antes de su partida. Su descubrió de inmediato que había una parte adicional tanto en soldados como en armas. No pertenecían a Puerta de Acero. Su entró en la desordenada división de mando, destruyendo casualmente algunas armas activadas por el camino. Cirvanas lo siguió hasta la división de mando. Sin las órdenes de Su, el núcleo no le permitía alejarse demasiado de él. Madeline se quedó afuera, sin seguirlo al interior. El propósito de la existencia del núcleo era luchar por el Corazón de la Oscuridad. Poco después, Su encontró a las 5 personas que se escondían en la división de mando y, bajo su guía, encontró la sala confidencial. Todos ellos eran civiles sin habilidades de combate, encargados de asesorar en el trabajo. Spike era alguien a quien le gustaban mucho las formas militares antiguas, por lo que muchos de los sistemas de la organización utilizaban como referencia el ejército de la federación de la época antigua. Por ello, la división de mando contaba con una división de asesoramiento, con 7 u 8 oficiales de Estado Mayor en su interior. Cuando la escala de las batallas era ahora de solo alrededor de 1.000 individuos, realmente hacía que uno se preguntara qué hacía con tantos oficiales de Estado Mayor. Sin embargo, estos oficiales aún sabían bastante sobre inteligencia y, además, producían de manera cooperativa las cosas que Su quería de la sala confidencial, el diario de guerra y una gruesa lista de artículos. Spike contaba con ayuda externa. El poder que podía acumular por sí mismo era escaso, mientras que su propia fuerza de combate no era nada del otro mundo. Si fuera capaz de iniciar una rebelión con tan poco, pronto sería reprimido de nuevo. El que proporcionaba ayuda en secreto a Spike se llamaba Ledesma, uno de los 5 miembros del comité de Espada Hundida, así como el miembro del comité con la fuerza personal más sólida. La ayuda que proporcionaba a Spike incluía 500 soldados veteranos, armas y municiones para armar a esos soldados, así como más de 10 usuarios de habilidades de cuarto nivel. La cantidad de apoyo que ofreció era 10 veces superior a la fuerza propia de Spike, y tras utilizar una superioridad numérica absoluta para derrotar a los subordinados de Su, esto condujo naturalmente al control de muchos de los lugares importantes de Puerta de Acero. Si no fuera porque la batalla aún no había terminado por completo, Spike habría sido eliminado hace tiempo del puesto de comandante. Su hojeó rápidamente los documentos que tenía en las manos mientras preguntaba con indiferencia. - ¿Dónde están Li Gaolei y los demás? El cabello rubio claro de Su ondeaba con un suave resplandor y su rostro era tan fino como la porcelana, pero en su voz normal y amable, los oficiales de Estado Mayor percibieron una leve intención asesina. - El general Li Gaolei lideró a los soldados restantes para ocupar la acería. Actualmente siguen luchando allí. Un oficial de Estado Mayor con un poco más de valor respondió inmediatamente, sin atreverse a engañarlo. Aunque todavía quedaban al menos varios cientos de soldados en la ciudad, sabía que, incluso si esos soldados atacaban juntos, en un terreno complejo como los callejones, tal vez ni siquiera serían suficientes para detener a Su durante medio día. ¿Li Gaolei seguía vivo? Esta información finalmente hizo que la expresión de Su se volviera un poco más optimista. Inmediatamente dijo a los oficiales de Estado Mayor. - ¡Guíen el camino a la acería! Unos minutos más tarde, varios vehículos todoterreno partieron uno tras otro, rugiendo hacia la acería. Originalmente había 2 puestos de centinela en la carretera que llevaba a la acería, pero ahora no quedaban tropas en ellos, los soldados que originalmente montaban guardia allí habían huido hacía tiempo a quién sabe dónde. Su se sentó erguido en el vehículo todoterreno del centro, aparentemente ya entrando en un estado de sueño ligero. Cirvanas se sentó al otro lado, con sus ojos escarlatas fijos en Su. Si solo se miraba desde el exterior, el joven de aspecto algo delicado se parecía aún más a una mujer que Madeline. La mayor parte del tiempo, la sensación que Madeline transmitía a los demás era como la de una isla en medio del mar, hermosa, pero fría hasta el punto de parecer sin vida. Sin embargo, en ese momento, Madeline estaba sentada en el último vehículo todoterreno, por lo que no había forma de compararlos. Sentado al lado de Cirvanas estaba el oficial de Estado Mayor con más valor. En ese momento, estaba utilizando el lenguaje más conciso y lógico para narrarle a Su todo el proceso del combate, desde la rebelión inicial hasta la derrota del ejército rebelde y la ayuda externa, que obligó a Li Gaolei a retirarse. Al final, Li Gaolei lideró la retirada de varias docenas de soldados a la acería, utilizando el complejo terreno para defender su posición. Spike había intentado varias veces vencerlos por la fuerza, pero cada vez se detenía debido a las grandes pérdidas. Originalmente, el grupo de usuarios de habilidades de Ledesma llegaría en solo 1 semana, por lo que planeaba utilizarlos para controlar a Li Gaolei y así erradicar por completo a los subordinados y al ejército de Su. Aunque el oficial de Estado Mayor nunca lo mencionó, Su sabía que la raíz de la rebelión se debía a que Ledesma creía que Su no regresaría. De esta manera, una vez que también ocuparan la Puerta de Acero, la Ciudad Kelan no tendría forma de detener la ofensiva de Ledesma, y este se convertiría en el rey de toda la región occidental de los Grandes Lagos. Quien destruyó el equilibrio de 3 poderes de tantos años para él fue precisamente Su. Si se tratara de cualquier otro usuario de habilidad de octavo nivel, las montañas nevadas, las nubes llenas de radiación o el general y gobernante del Proyecto Trono Helado, cualquiera de estos habría sido suficiente para acabar con sus vidas. Solo ante Su no eran verdaderos obstáculos. La inteligencia y la capacidad de Ledesma para aprovechar el momento oportuno podrían considerarse quizás al nivel de un maestro, pero su suerte era realmente un poco mala.

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domingo, 26 de abril de 2026

CCG - Capítulo 775


Capítulo 775
Pequeño Blanco + Pequeño Blanco = ¿?
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Superior Blanco Dos dijo: —Siempre que puedas contarme un chiste que me haga reír, aprobarás este examen. Ya he flexibilizado las reglas muchas veces. Por lo tanto, seguramente buscaste bastantes chistes después de la última vez, ¿verdad? —... —Shuhang. Al ver que Shuhang no respondía, el Superior Blanco Dos frunció ligeramente el ceño. —¿Qué? ¿Ni siquiera esta vez buscaste ningún chiste? ¿Es posible que ni siquiera te hayas molestado en recordar que te pedí que me contaras un chiste la próxima vez que nos veamos? Shuhang respondió rápidamente: —Ejem. En realidad, Superior Blanco, ¡estaba buscando algunos chistes justo cuando me trajo aquí! —Bien, te creo. Por lo tanto, cuéntame un chiste rápidamente —dijo el Superior Blanco Dos. —El problema es que esos pocos chistes que encontré no eran buenos, y es mejor no mencionarlos. Si los mencionara, probablemente usted me mataría a golpes —respondió Shuhang con sinceridad. Llegados a este punto, solo podía confesar sus crímenes y decirle la verdad al Superior Blanco Dos. Dadas las circunstancias, era mejor si podía usar otra cosa para llevar a cabo este intercambio, como lo hizo las veces anteriores. —Probablemente te mataría a golpes si contaras esos chistes. Esto suena interesante… —El Superior Blanco Dos reflexionó un momento y luego dijo—. En ese caso, ¿por qué no intentas contarme esos chistes y vemos qué pasa? Si de verdad consigues que sienta el impulso de matarte a golpes, te perdonaré también esta vez. ¿Ah? ¿Hacer que el Superior Blanco Dos sintiera el impulso de matarlo a golpes? ¡Eso no era tan difícil de lograr! Shuhang abrió la boca y dijo: —Jeje, cuando tu cabello llegue a… bip, bip, bip~ La siguiente parte fue censurada de inmediato. —Si tanto deseas morir, puedo hacer que tu deseo se cumpla, Pequeño amigo Shuhang —dijo el Superior Blanco Dos con una sonrisa—. Además, te pedí que me contaras un chiste, no que te burlaras de mi historia negra. —En realidad, siempre me ha parecido una historia bastante graciosa —dijo Shuhang con seriedad—. En cualquier caso, Superior Blanco, usted sintió el impulso de "matarme a golpes" antes, ¿verdad? Por lo tanto, gano yo, ¡y con gusto aceptaré esa información relacionada con la vida y la muerte de la facción de los eruditos! —… —El Superior Blanco Dos. —Superior Blanco, ¿es posible que quiera retractarse de su palabra? —añadió Shuhang. —Jejeje. —El Superior Blanco Dos dijo—. Está bien, no hay nada de malo en decirte… Tanto el Loto Negro Pecaminoso en el Reino del Inframundo como el Loto Dorado Virtuoso en la facción erudita tienen el poder de crear un “pequeño mundo” en el lugar donde se encuentran. Ya he confirmado la veracidad de esta información. —¿De verdad pueden crear un mundo pequeño? ¿Pero no es eso algo bueno? Ese deseo milenario de la facción erudita finalmente se hará realidad… —dijo Shuhang. Cuando tomó posesión de esa runa, escuchó la conversación entre el anciano erudito y el loto dorado. Los eruditos cuidaron el Loto Dorado Virtuoso para que pudiera crear un mundo autónomo donde los discípulos eruditos pudieran residir. A partir de ahora, la facción erudita dejaría de ser la víctima en esta guerra contra las fuerzas del Reino del Inframundo. Podrían atacar y retirarse a su antojo. Sin embargo, la voz de Shuhang se endureció de repente. —Un momento, esta noticia está relacionada con la vida y la muerte de la facción erudita, ¿verdad? En ese caso, ¿existen peligros ocultos en el mundo del loto dorado? ¿O quizás exista alguna conexión entre el mundo del loto negro y el del loto dorado, y sea posible destruir el mundo del loto dorado a través del mundo del loto negro? El Superior Blanco Dos respondió: —No es tan exagerado como podrías pensar. Sin embargo, sí existe una conexión entre el mundo del loto negro y el del loto dorado, y mediante cierto método, es posible entrar al mundo del loto dorado a través del mundo del loto negro. Shuhang suspiró. Si ese era el caso, este mundo del loto dorado perteneciente a la facción de los eruditos era un lugar extremadamente peligroso. —Pero, aún más importante, cierto individuo del Reino del Inframundo, que no es más débil que yo, planea usar el mundo del Loto Negro Pecaminoso como trampolín para saltar al mundo del Loto Dorado Virtuoso. Esa es la verdadera gran calamidad a la que pronto se enfrentará la facción de los eruditos —añadió el Superior Blanco Dos. —¿Un tipo que no es más débil que el Superior Blanco? Superior Blanco, ¿usted es muy fuerte? —Preguntó Shuhang sin pensarlo. Pero justo después de decirlo, deseó poder darse una bofetada. Esa manía de ser demasiado directo resurgiría cada vez que creía haberla dominado, haciéndole sufrir una recaída. —Jeje. —El Superior Blanco Dos rio suavemente. —Ejem, sobre eso… Superior Blanco, lo que quería preguntarle era, ¿cuán fuerte es usted exactamente? —Shuhang corrigió rápidamente sus palabras. No era demasiado tarde para actuar rápidamente y evitar más pérdidas. —Jeje, si de verdad quieres saber la respuesta a esta pregunta… Te daré un ejemplo. Si saltara del mundo del Loto Negro Pecaminoso al mundo del Loto Dorado Virtuoso, necesitaría una sola mano para aniquilar por completo a la facción erudita. Todos sus miembros, desde jóvenes hasta ancianos, desde humanos hasta bestias, todos sus tesoros mágicos e incluso sus edificios desaparecerían sin dejar rastro —dijo con indiferencia el Superior Blanco Dos. —¿Solo una mano? —Shuhang tragó saliva en secreto. —Sí, con una mano es suficiente. No hace falta usar la otra —dijo el Superior Blanco Dos. Shuhang sintió de inmediato que sus piernas flaqueaban. La destreza en combate del Superior Blanco Dos parecía muy superior a la del Venerable Blanco. Como si eso no fuera suficiente, hacía un momento había buscado descaradamente la muerte frente al Superior Blanco Dos… El Superior Blanco Dos no iba a aplastarlo con un simple dedo, ¿verdad? —¿Ahora que sabes la verdad tienes miedo? —Preguntó el Superior Blanco Dos entre risas. —¡Espere, recordé que en realidad usted no puede salir del Reino del Inframundo! —Shuhang recordó de repente este punto. —Jeje, ¿no te olvidas de la conexión entre el mundo del Loto Negro Pecaminoso y el del Loto Dorado Virtuoso? Si ese tipo, que no es más débil que yo, lo consigue, yo también puedo intentar encontrar un método similar para salir del Reino del Inframundo. —le recordó el Superior Blanco Dos. —Superior Blanco, ¿es demasiado tarde para arrepentirme de mis pecados? —Preguntó Shuhang con expresión seria en el rostro. —Por eso deberías contarme un chiste gracioso. Si me cuentas un chiste gracioso o uno que me dé ganas de matarte, te expulsaré de esta “dimensión de pruebas sustitutorias infinitas”. Así es como se llama este lugar, ¿no? —Dijo el Superior Blanco Dos. Tras dar vueltas y vueltas, regresaron al punto cero. Shuhang dijo: —Superior Blanco, ¿no le interesa nada más que chistes? ¿No podemos intercambiar algo más? —En esta vida mía, mi mayor deseo es pasar mis días escuchando chistes —dijo el Superior Blanco Dos con una expresión tranquila en su rostro. ¡Su mayor deseo es simplemente demasiado superficial! ¿De verdad no me queda más remedio que contarle un chiste subido de tono al Superior Blanco? Tengo la sensación de que no tendré remedio si abro la boca y le cuento un chiste como ese...
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Justo cuando estaba sumido en sus pensamientos, Shuhang recordó otro asunto importante. Por lo tanto, preguntó: —Superior Blanco, me ha dado esta información relacionada con la gran calamidad que está a punto de caer sobre la facción erudita, pero ¿qué se supone que debo hacer con ella? La existencia del Loto Dorado Virtuoso era el mayor secreto de la Academia Nube Blanca, y la Academia Nube Blanca no se lo había contado a nadie. Incluso si Shuhang se enterara de que existía una conexión entre el mundo del Loto Negro Pecaminoso y el mundo del Loto Dorado Virtuoso, ¿cómo se suponía que iba a comunicarle esta información a la Academia de la Nube Blanca? ¿Debería decirles que había un problema con su loto dorado y que el pequeño mundo nacido de él tendría una conexión directa con el Loto Negro Pecaminoso en el Reino del Inframundo? Pero si procedía así, primero tendría que explicar a la facción de eruditos de dónde había obtenido la noticia de que el loto dorado podía crear un mundo. Por si fuera poco, los eruditos llevaban miles de años esperando este día, y no renunciarían a su plan de crear este nuevo mundo solo porque él hubiera obtenido esta información y se las hubiera contado. —Jeje, por fin has hecho una buena pregunta —dijo el Superior Blanco Dos—. El hecho de que me haya molestado en buscarte significa que tengo una manera de resolver esta situación. Aunque no estoy seguro de que vaya a funcionar, vale la pena intentarlo. —Superior Blanco, por favor dígame qué tengo que hacer —dijo Shuhang. —Tengo un método a mi disposición. Debes estudiarlo y luego dirigirte al mundo del Loto Dorado y usarlo para dejar tu huella personal allí. En ese momento, te convertirás en el dueño de ese mundo, capaz de detener a ese tipo que planea usar el mundo del Loto Negro Pecaminoso como trampolín para entrar al mundo del Loto Dorado Virtuoso —dijo el Superior Blanco Dos. Shuhang forzó una sonrisa y dijo: —Pero, ¿cómo se supone que voy a entrar al mundo del loto dorado? Además, ¿podré siquiera convertirme en el dueño de ese mundo con mi nivel de fuerza actual? Incluso si logro convertirme en el dueño del mundo, ¿tendré el poder suficiente para repeler a esa persona que quiere irrumpir en el mundo del loto dorado? Después de todo, él no era un discípulo erudito, y era poco probable que la facción erudita le permitiera ingresar al mundo del Loto Dorado Virtuoso con tan poca antelación. El Superior Blanco Dos se encogió de hombros y dijo: —Eso es algo con lo que tendrás que lidiar por tu cuenta. Solo podía ayudarlos hasta cierto punto. Tal como le había dicho antes a la bola de metal líquido, le daba igual si la otra parte fracasaba o tenía éxito.
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Shuhang reflexionó un momento y luego preguntó: —Superior Blanco, después de aprender este método que ha mencionado, ¿puedo enseñárselo a otra persona, por ejemplo, a un discípulo erudito? El mundo del loto dorado era algo que la facción de los eruditos había obtenido tras cultivar el Loto Dorado Virtuoso durante miles de años. Por lo tanto, no era apropiado que Shuhang se convirtiera en el dueño de ese mundo. De ser posible, era mejor dejar la tarea en manos de los propios discípulos eruditos. —Eso depende de ti. Yo solo hago esto porque no me supone ningún esfuerzo, y no es asunto mío cómo piensas detener a ese tipo —dijo el Superior Blanco Dos con indiferencia. Después, el Superior Blanco Dos le enseñó a Shuhang cómo dejar una huella personal en el mundo del loto dorado. El método no era complejo; solo había que adoptar diversas posturas y hacer circular el qi verdadero y la energía espiritual dentro del cuerpo según un patrón específico, transformándolos finalmente en una marca que dejarían en el mundo del loto dorado. En otras palabras, era como bailar. El Superior Blanco Dos se veía increíblemente guapo mientras danzaba. Sin embargo, ni siquiera el Superior Blanco Dos estaba completamente seguro de que este método funcionaría. Había visto la bola de metal líquido usar este método para dejar su huella en el mundo del loto negro. En teoría, si este método podía usarse para dejar una marca en el mundo del loto negro, también debería funcionar para dejar una marca en el mundo del loto dorado. —Si no funciona, puedes intentar mostrar los movimientos de este baile en el orden opuesto —dijo el Superior Blanco Dos. —... —Shuhang. ¡Estos comentarios casuales no hacen más que disminuir la credibilidad de este método! —Muy bien. Ya te he dicho lo que quería decirte y te he enseñado lo que quería enseñarte. En cualquier caso, queda poco tiempo… En el Reino del Inframundo, ese otro tipo, que no es más débil que yo, ya ha dejado su huella en el mundo del loto negro. Si eres un poco más lento y el mundo del loto dorado florece, ese tipo podrá saltar a él desde el Reino del Inframundo. En ese momento, todo lo que hagas será inútil —dijo el Superior Blanco Dos. —En ese caso, regresaré de inmediato —dijo Shuhang asintiendo con la cabeza. —Mmm… ¿no se te olvida algo? Si quieres irte, tienes que contarme un chiste que me haga reír o que me den ganas de matarte. Cualquiera de las dos opciones me sirve —dijo el Superior Blanco Dos. —... —Shuhang. —El tiempo corre —dijo el Superior Blanco Dos mientras flotaba en el aire—. Quizás estos pocos minutos marquen la diferencia y determinen si puedes llegar a tiempo para ayudar al grupo de eruditos. Deberías pensarlo bien.
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Shuhang jamás contaría un chiste subido de tono delante del Superior Blanco Dos. Por suerte, tuvo una repentina inspiración y recordó un tema de conversación interesante de hacía mucho tiempo. —Superior Blanco, si de verdad quiere que le cuente un chiste, no me quedará más remedio que hacerlo. —Tras decir esto con expresión seria, Shuhang preguntó—. Superior Blanco, ¿a cuánto equivale un “Pequeño Blanco” más otro “Pequeño Blanco”?. —... —El Superior Blanco Dos. ¿Qué parte de esto era divertida? Pero después de ver la expresión seria de Shuhang, siguió adelante y respondió: —Bien, es igual a “2 Pequeños Blancos”. —Felicidades... ¡Pero su respuesta es incorrecta! —Dijo Shuhang con aire de suficiencia—. La respuesta correcta era “Pequeño Blanco Conejo”. —... —El Superior Blanco Dos preguntó: —¿Cuál es la lógica detrás de esto? —Un Pequeño Blanco más otro Pequeño Blanco es igual a “dos Pequeños Blancos”, que también es igual a “ Pequeño Blanco Dos”. Este “dos” al que me refiero es la palabra para el número 2 en otro idioma del mundo principal, el inglés. La palabra “dos” se lee como “tu” en mandarín, y el sonido es el mismo que el del carácter para conejo (兔). Por lo tanto, la respuesta correcta era “Pequeño Blanco Conejo”. El Superior Blanco Dos sostuvo su barbilla, aparentemente absorto en sus pensamientos. Tras un breve instante, finalmente comprendió la broma y dijo: —Jajaja, eso fue interesante. —¡En efecto! ¿Qué tal? Fue gracioso, ¿verdad? —Preguntó Shuhang, expectante. —Justo ahora, tuve el leve impulso de abofetearte. Por lo tanto, pasas —dijo el Superior Blanco Dos mientras agitaba la mano. La conciencia de Shuhang regresó de inmediato al mundo real.
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Al regresar, descubrió que estaba recostado en un banco. Yu Jiaojiao y Dieciséis del Clan Su estaban sentadas no muy lejos de él, y conversaban en voz baja sobre algún asunto interesante. Tras descubrir que Shuhang ya estaba despierto, Dieciséis del Clan Su giró la cabeza y dijo: —Shuhang, estás despierto. Shuhang suspiró con emoción y dijo: —Sí... Incluso esta vez logré salir de ese lugar. —¿Tenías que contarle un chiste a ese superior cuyo nombre no se puede mencionar esta vez también? —Preguntó Yu Jiaojiao. Shuhang forzó una sonrisa y asintió. —En ese caso, ¿qué chiste subido de tono le contaste a ese superior? —Preguntó Yu Jiaojiao, con expresión muy interesada. —¡Jiaojiao, no te dejes llevar por la fantasía! —Suspiró Shuhang—. No le conté ningún chiste subido de tono. De repente se me ocurrió un acertijo y, gracias a eso, me salvé por los pelos. En fin, no es momento de hablar de esto. ¿Dónde están el Superior Blanco y los demás? —Los discípulos de la facción erudita invitaron al Superior Blanco a un lugar misterioso. Por lo que parece, le pidieron que participara en un evento importante de la facción erudita —dijo Dieciséis del Clan Su. Luego, añadió mediante una transmisión secreta de sonido—. Creo que ese evento importante de la facción erudita podría estar relacionado con el Loto Dorado Virtuoso.

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