Capítulo 22
La Emperatriz
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Edición: Radak, Sho Hazama
Una gran fiesta se celebraba dentro de la impenetrable fortaleza. Las paredes estaban adornadas con magníficos tapices que representaban sus cientos de victorias sobre los rebeldes que se habían atrevido a alzarse en armas contra el Emperador. La victoriosa legión de soldados lucía sus armaduras relucientes y sus cabellos impecablemente peinados. Observaban a las bailarinas que servían a sus tropas mientras disfrutaban de los obsequios del propio Emperador. Por su leal servicio, habían sido recompensados generosamente por el Señor, quien era verdaderamente el Hijo del Cielo.
Vajra los observaba a todos desde su asiento, moviéndose con satisfacción. Las colmenas habían sido alabadas personalmente por el Señor. Había reunido a toda su familia para compartir su alegría por sus esfuerzos y la había proclamado Vajra la Grande, Maestra de la Bebida.
Vajra tenía poca idea de lo que era un Maestro de la Bebida, pero como era un título que el Emperador le había otorgado en su primer año de servicio, lo apreciaría mucho.
En verdad, después de las profundidades a las que había caído en su existencia anterior, ¡la fortuna de los cielos y la benevolencia de su Emperador la habían elevado a lo más alto!
Se arregló los ojos con esmero y se contoneó con satisfacción. La imagen del Emperador y del apuesto Bi De elogiándola quedaría grabada en su memoria para siempre. Dos criaturas poderosas, de pie ante ella bajo la luz de la luna, alabando sus habilidades y su belleza... ¡Oh, casi había sido demasiado!
Un recuerdo imborrable para atesorar antes de comenzar el trabajo que le exigía la llegada de la Muerte Blanca este año. Al pensarlo, los sentidos de Vajra se dirigieron instintivamente a sus despensas, y un breve instante de pánico la invadió… Pero fue una reacción infundada. Las despensas estaban llenas. Incluso con el tributo que recibía el Emperador, tenían provisiones de sobra para todo el invierno.
Tal vez había sido un poco paranoica en sus preparativos, pero conforme avanzaba la época de la Caída de las Hojas, había hecho un recuento exhaustivo de sus colmenas y las de sus sirvientes. La cría de la Guardia Fría estaba lista y gorda; las colmenas habían sido inspeccionadas en busca de parásitos, y los que se encontraron fueron exterminados sin piedad. Sus guerreros revisaban a sus sirvientes en busca de defectos o enfermedades. Incluso había ordenado la eliminación de las viejas crisálidas. En colmenas como estas, los miembros menos hábiles de su especie se confiaban y ponían sus huevos en las mismas celdas una y otra vez. La acumulación resultante de capullos terminaba por frenar su crecimiento hasta el punto de que las nuevas crías eran la mitad de pequeñas... Y luego seguían reduciéndose hasta que la colmena se extinguía.
Hace un año, a Vajra no le habría importado controlar las acciones de simples sirvientes. Si morían, morían; era culpa suya.
Pero desde la guerra contra las imitaciones demoníacas de su especie, había aprendido lo absurdo del derroche. Cada pieza de su colmena contaba. Cada rincón de su reino estaría a salvo y funcionaría a su máximo potencial. Todo debía aprovecharse; el desperdicio era un pecado.
Millones de soldados y cientos de reinas guerreras habían muerto a manos de los demonios. Los más poderosos incluso se mantuvieron activos durante la Muerte Blanca, volando sin descanso para atacarlos a través del frío mortal, mientras Vajra y su gente permanecían atrapados en sus fortalezas, soportando un lento asedio tanto del frío como del enemigo.
Había sido una horrible espera durante la Muerte Blanca. Esperaban que sobrevivieran a los ataques... Solo para volar en la Estación del Crecimiento a los restos de colmenas masacradas.
Pero eso era cosa del pasado. No servía de nada seguir pensando en aquellos tiempos aciagos. El Emperador y el espléndido Bi De seguramente no permitirían que los demonios se afianzaran allí, pues aquellas criaturas rapaces no daban tregua y solo sembraban la destrucción. A pesar de ello, Vajra casi deseaba que las bestias llegaran a su nuevo paraíso. Que vinieran y fueran aniquiladas por la gloriosa destreza en batalla de su Emperador y Bi De. Se retorcía de placer al pensar en los demonios siendo destruidos por las espadas de la gloriosa luz de la luna o aplastados bajo el poder de los brazos musculosos del Emperador.
Vajra suspiró satisfecha al recordar al hombre sin camisa entrenando con su magnífico gallo. Ambos habían golpeado con la fuerza suficiente para aniquilar a cien mil demonios mientras se ponían a prueba. Luego, la pareja se adentró en el río, y el Emperador honró a Bi De lavando sus gloriosas plumas con sus propias manos fuertes; fue tan placentero como observarlos en los baños.
Incluso llegó a ver bailar al Emperador.
Vajra zumbó furiosa al pensar en el Emperador retozando con aquella ramera, la que olía a hierba, aunque había sido un espectáculo maravilloso. Vajra podía respetar los movimientos de la seductora, aunque fueran inferiores a sus propias habilidades para el baile.
Con el tiempo, sería Vajra bailando con el Emperador y seduciéndolo con su impecable maestría.
Ella soltó una risita mientras su mente bullía de planes.
Era una reina, eso era innegable. Pero pronto... ¡Pronto sería emperatriz! Para alguien de su talla, había que tener ambiciones.
❄️❄️❄️
Muy pronto, la fiesta terminó y la Guardia Fría finalizó sus preparativos. Los sirvientes fueron enviados de vuelta a sus colmenas, donde la mayoría perecería durante la Muerte Blanca; solo la Guardia Fría permaneció con las reinas subordinadas. Mantendrían las colmenas calientes durante todo el invierno, danzando sin cesar hasta que la Muerte Blanca llegara a su fin.
Sin embargo, los guerreros más fuertes de Vajra eran demasiado valiosos y vivieron demasiado tiempo como para ser descartados tan fácilmente en el ciclo. No tenían nombre ni chispa, pues eran una extensión de ella misma en casi todos los aspectos. Algunos de ellos llevaban su impronta más profundamente y casi podían pensar por sí mismos, cumpliendo su voluntad con fervor.
Todos y cada uno de ellos eran un orgullo para la colmena.
Por lo tanto, Vajra aseguraría su supervivencia.
Ante ella se alzaban, filas y filas iridiscentes, mirándola fijamente. Ella les devolvió la mirada con orgullo y danzó para ellos, proclamando su valor a su servicio.
Sus soldados eran estoicos... Sin embargo, ella podía percibir en ellos un leve atisbo de orgullo.
‘¡Da un paso al frente!’ Ordenó. ‘Azote de las Lanzas Negras, La Que Purificó Las Cañas.’
La primera de sus guerreras obedeció la llamada de Vajra; su caparazón, marcado por cientos de batallas, aún relucía. Su soldado se inclinó ante ella, con las antenas bajas.
‘Has prestado un valioso servicio… Serás preservada para el año que viene, soldado mío,’ le informó a la guerrera.
El tórax del Azote de las Lanzas Negras se movió, señalando su aceptación; sus movimientos fueron inmediatos.
Al final de la guerra contra los demonios, este tipo de veteranas escaseaban.
Vajra juntó su frente con la de su guerrera. Un poco del espíritu de Vajra, que había crecido casi hasta alcanzar la misma altura que tenía durante la Gran Guerra, infundió a la soldado.
El Azote de las Lanzas Negras se quedó inmóvil. Su corazón, que latía con fuerza, y sus alas, que vibraban, se ralentizaron. Tras un instante, se desplomó, como si hubiera muerto.
Sin embargo, seguía viva. Soñando, con los procesos de su cuerpo ralentizados por el mandato absoluto de Vajra.
Los Guardias Fríos de Vajra aparecieron detrás de ella. En sus piezas bucales y extremidades anteriores llevaban hebras de cera especial, y marcharon hacia el Azote de las Lanzas Negras, comenzando los Guardias Fríos más pequeños su trabajo sobre la enorme guerrera.
Con estos instrumentos, envolvieron a la guerrera, cubriéndola como si fuera una larva. Prestaron especial atención a sus espiráculos y a la construcción de los tubos cerosos, para que pudiera seguir respirando una vez finalizada la siguiente etapa.
La Guardia Fría alzó con reverencia a la guerrera de Vajra y la condujo a una celda especialmente preparada, repleta de una mezcla precisa de miel que no se congelaría con el frío extremo. Esta mezcla mantendría a sus guerreras más poderosas jóvenes y frescas, listas para una expansión agresiva en cuanto despertaran.
Finalmente, la celda fue sellada y sobre ella se colocó una hoja de hierba, que registraba las hazañas de la Azote de las Lanzas Negras y sus meritorios servicios.
Vajra giró hacia la siguiente en la fila.
Una a una, sus veteranas dieron un paso al frente. Una a una, las guerreras, cincuenta en total, fueron sepultadas.
Casi las envidiaba. Dormirían plácidamente y solo volverían a despertar cuando el frío hubiera pasado.
Vajra no tenía ese lujo. Permanecería despierta durante toda la Muerte Blanca, una larga vigilia, esperando el calor del Tiempo del Crecimiento.
Vajra se apartó de las celdas de sus soldados y ordenó a la Guardia Fría que continuara con sus deberes.
Al aventurarse a salir de su fortaleza, se quedó inmóvil y contempló el vasto dominio del Emperador cubierto de escarcha.
La época de la Muerte Blanca siempre era la peor, y esta prometía ser larga. Era el punto más al Norte al que jamás había llegado.
Movió las piernas mientras miraba la casa de baños y calculaba el frío que hacía afuera.
Tal vez podría hacer un último viaje...
❄️❄️❄️
“Oye, Jin, la abeja está otra vez en el baño,” dijo Meimei mientras miraba al bicho desplomado en el alféizar. Sus labios se curvaron en una sonrisa divertida mientras apoyaba la cabeza en mi pecho. Estábamos disfrutando de un baño muy agradable juntos.
Suspiré. Sinceramente, no podía culpar a Vajra. El baño estaba cálido y afuera empezaba a hacer bastante frío.
Salí del agua y recogí a la criaturita tonta. Ella zumbaba, parecía contenta, pero también algo aturdida.
Vajra sí que parecía diferente de las demás abejas. ¿Quizás estaba acostumbrada a un clima más cálido?
Tras reflexionar sobre ello, me di cuenta de que la miel y la cera de Vajra eran superiores a cualquier otra cosa que tuviéramos, así que bien podría darle un poco de protección adicional...
❄️❄️❄️
Vajra despertó sobresaltada por un zumbido incesante. Se sacudió. ¡Ah, qué vista tan maravillosa! Y una vez más, su Emperador la había cuidado cuando ella había sucumbido a su deslumbrante atractivo.
Sin embargo, todas sus Guardias Frías estaban muy nerviosas. Zumbaban y la pinchaban, asustadas y confundidas.
La Guardia Fría le informó de que el Emperador había trasladado su fortaleza.
Confundida, Vajra tomó el control de una de sus Guardias Frías, sus sentidos la impregnaron y le permitieron tomar el mando personalmente. La soldado salió de la colmena y entró en…
Hacía calor. Un calor sofocante, casi como en verano. Se encontraban en uno de los grandes palacios que el Emperador había construido, aquel que resplandecía como el sol, con muros tan claros como el aire y sólidos como la piedra. La sirvienta contemplaba maravillada el calor; la Muerte Blanca era claramente visible en el exterior… Sin embargo, dentro de aquella imponente barrera, repleta de vasijas de tierra y hierbas aromáticas… la Muerte Blanca había sido completamente derrotada.
Vajra cayó sobre su costado.
¡¿El Emperador podía incluso comandar las estaciones?!



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