Capítulo 23
Confianza
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Edición: Radak, Sho Hazama
¿Un sueño es realmente solo un sueño?
Eso me rondaba la cabeza mientras contemplaba mi propiedad, esperando el desayuno. El mundo estaba cubierto por un fino manto de blanco puro.
Me sentía... Satisfecho. Era una sensación casi irracional, pero el sueño había sido muy bonito. Incluso al desvanecerse, recordé que todos habíamos trabajado juntos.
Giré hacia mi esposa, que también tenía una sonrisa en su rostro.
“Cuando era pequeño, tenía tan mala puntería que, en vez de tirar bolas de nieve, tenía que correr hacia la gente e intentar aplastarles la nieve encima,” le dije a mi mujer. Ella sonrió al oírlo.
“Una vez le tendí una trampa a Meihua y culpé a Gou y Yun. Ella los tiró al río de una patada y hasta me lo recuerda de vez en cuando. Todavía no sabe que fui yo,” respondió Meiling, dando por concluido nuestro ritual matutino.
Solté una risita y, un instante después, nos levantamos. Meimei se dirigió directamente al baño. Últimamente se había quejado de tener que ir más a menudo por el embarazo.
Yo, en cambio, tenía poco que hacer, ya que no estaba a cargo de nada esa mañana. En lugar de eso, mi atención se desvió hacia el paisaje invernal que nos recibía. La nieve cubría la granja, convirtiéndola en una escena pintoresca. Chunky, sin duda, lo disfrutaba al máximo. Ya correteaba por todas partes, revolcándose felizmente en la nieve, mientras Peppa, dejando de lado su habitual formalidad, jugaba en el paisaje nevado. Él no había tenido pesadillas la noche anterior, y se notaba.
Parecía tan feliz como yo me sentía.
Xiulan bajó de su habitación con Tigu aún medio dormida a su espalda. Ambas sonreían.
“¿Ustedes dos tuvieron dulces sueños anoche?”, Bromeé.
Xiulan asintió. “Sí, fue un sueño maravilloso,” dijo, mientras le daba una palmadita a Tigu, que por fin despertaba. Tigu refunfuñó un instante antes de animarse y bajarse de la espalda de Xiulan para agarrar a Bowu, que acababa de entrar. Lo arrastró consigo, corriendo hacia la nieve, mientras Xiulan la seguía a un ritmo más pausado, carcajeando.
¿Un sueño? Fruncí el ceño. El sueño de anoche había sido... Bueno, había sido tan real, aunque la mayor parte fuera algo borrosa. Real y familiar.
Aquella niña que había visto me había parecido una vieja amiga.
Sinceramente, pensé que soñar con ella se debía a que iba a ser padre. Soñar con tu futuro hijo es normal, ¿no?
Pero ahora… Ahora ya no estaba tan seguro. Los recuerdos, normalmente fugaces, de mis sueños eran algo más nítidos esta vez. Podía verla. Las grietas doradas que recorrían su cuerpo, rellenando viejas heridas. Igual que las grietas que habían aparecido en mi brazo y la del pecho de Xiulan.
Y la energía que sentí. La misma energía que sentía cada vez que conectaba con mi propio Qi.
No sabía qué era ella, y al principio quería respuestas. Pero la mirada en sus ojos me detuvo.
El agotamiento y la esperanza. Pero sobre todo… La confianza. Ella confiaba en nosotros.
Tenía la sensación de que despertaría en primavera, cuando la nieve se hubiera derretido. Hablaríamos entonces. No iba a despertarla ahora mismo para exigirle respuestas. Ya hablaríamos, con el tiempo, aclararíamos todo y lo pondríamos todo sobre la mesa.
Por ahora, le deseé dulces sueños.
No pude evitar sonreír y negar con la cabeza; entonces me di cuenta de que Tigu sacaba algunas de las esculturas que había hecho el año pasado. Las mismas esculturas de mí, casi todas desnudas.
Colocó la escultura que llevaba consigo… “la mía girando sobre un jabalí” junto al camino de entrada a la casa y sonrió. Xiulan y Bowu la acompañaban, cada uno con su propia escultura. Bowu parecía bastante avergonzado, mientras que Xiulan simplemente parecía divertida.
“¡Ahí está! ¡Ahora podemos ver cuánto he mejorado este año!”, declaró Tigu, mirándolas con orgullo.
Tres esculturas fueron colocadas junto a la pasarela, y luego Tigu se alejó saltando con sus ayudantes, yendo a buscar las demás.
Suspiré y negué con la cabeza. Bueno, yo las había guardado, así que no debería haberme sorprendido de que Tigu las sacara... Y las colocara por toda la casa.
Aproximadamente un minuto después, Xianghua y Gou Ren, que caminaban del brazo, salieron de su casa. Ambos se detuvieron al ver las esculturas. La mirada de Xianghua, naturalmente, se posó en las obras de arte más antiguas, de cuando Tigu aún no tenía ni idea de ciertas partes de la anatomía.
Ella parpadeó dos veces. Inclinó la cabeza hacia un lado y luego le susurró algo a Gou Ren.
Mi amigo esbozó una sonrisa beatífica y asintió.
Xianghua se quedó atónita al verlas mientras pasaba junto a ellas y entraba en la casa. Allí encontró a Meiling, que estaba sacando algo de comida, y le puso una mano en el hombro.
“Dama Meiling, le expreso mi más sentido pésame”, declaró.
Meimei simplemente parecía confundida mientras yo me acercaba sigilosamente por detrás al hombre que intentaba no reírse.
Le pasé un brazo por el hombro, amistosamente. Gou Ren palideció al darse cuenta de que sabía lo que había hecho e inmediatamente empezó a forcejear. Se había vuelto bastante fuerte...
Pero no lo suficientemente fuerte como para evitar caer de cara en la nieve unos segundos después.
El primer día de nieve fue anunciado por una batalla de bolas de nieve de proporciones épicas, donde los cultivadores utilizaron toda su fuerza y habilidad para derribarse unos a otros.
Al final, estábamos todos empapados. Pero esa era parte de la diversión: sentarnos después alrededor del fuego, tomar té y reírnos. El té estaba riquísimo… Pero ya me moría de ganas de que llegara el día en que pudiéramos tomar chocolate caliente.
Si lo que Chyou decía fuera cierto, no tardaría nada.
❄️❄️❄️
El resto del día transcurrió sin mucha actividad. Claro, hicimos el mantenimiento general de la granja, pero eso no fue realmente trabajo. Inspeccionamos cada edificio, buscando agujeros o cualquier cosa que reparar que el frío hubiera dejado al descubierto.
Muchas manos hacen el trabajo ligero, y teníamos muchísimas manos. El hecho de haber construido todo tan bien facilitó mucho las cosas, así que las reparaciones fueron mínimas.
Al final, simplemente dimos un paseo hasta la parte trasera de la propiedad, cruzamos otro río y nos adentramos en el bosque, con el vapor saliendo de nuestro aliento en el frío.
Un silencio tranquilo y placentero nos rodeaba casi por completo. La nieve amortiguaba los sonidos y apenas soplaba el viento. Solo se oía el crujido de nuestras botas y las alegres voces de Gou y Xiulan mientras le explicaban a Xianghua qué era el hockey. La mujer parecía intrigada.
Yun Ren estaba molestando a Chunky por algo, y los demás charlaban entre ellos. Ni siquiera me había dado cuenta de que había empezado a caminar delante. A la cabeza, abriendo camino, con todos los demás colocándose detrás de mí.
Sinceramente, me sentí un poco raro al observar a todos desde arriba. Saber que yo era el responsable.
Ni Rou ni yo habíamos tenido nunca tanta gente en nuestras vidas, no así. Claro, yo había cuidado de un montón de primos. Pero los lazos aquí eran más... Intensos. O al menos así lo sentía yo.
Fue extraño ver a Big D, Rizzo y Yin sentados juntos en la rama de un árbol, mirando al cielo. Yun Ren abrió un saco de nueces que Chunky y Washy habían desenterrado, compartiendo parte de su botín con ellos. Tigu y Meiling reunían nieve para hacer su propio muñeco de nieve.
Cada vez que me veían o me miraban, se les iluminaba la cara a su manera. La dulce sonrisa de Xiulan. La sonrisa de Gou Ren. La sonrisa pícara de Yun Ren y el asentimiento de Big D. El gruñido de satisfacción de Chunky y la mirada inquisitiva de Washy, buscando algún bocadillo.
Cuando me miraron, lo que más me impactó fue su... Confianza.
No era algo que necesitara ser dicho o discutido. Era algo más profundo. Un sentimiento.
Y después de ese sueño, después de esa chica, y la sensación que tuve en el pecho… Por fin pude ver esa confianza. Pude comprender a esas personas que ponían sus vidas en mis manos.
Fue una experiencia absolutamente humilde.
❄️❄️❄️
Esa noche fui al invernadero.
Las macetas ya estaban dentro, sembradas y colocadas junto a la colmena. Seguramente las abejas que había dentro estarían algo confundidas, pero al menos no tendría que arriesgarme a que mis mejores productoras murieran congeladas.
“Día movido, ¿verdad?” Preguntó mi mujer desde donde estaba acurrucada en mi regazo. A Mei le encantaba este lugar. Tenía una sonrisa de suficiencia dibujada en el rostro y estaba practicando con su labor de punto, mientras yo rasgueaba mi banjo distraídamente.
“¡Silencio!” Gruñí, y tiré de mi ropa.
Lo que había comenzado como otra partida de go contra Xiulan terminó con Meimei y Xianghua provocándonos para que jugáramos al go sin restricciones, y Xiulan estuvo de acuerdo.
Principalmente porque sabía que me iba a dar una paliza. Terminé en calzoncillos, mientras que Xiulan salió invicta.
O sea, yo sabía que iba a pasar, pero ¿no podía haber perdido una partida a propósito o algo así? Luego salió corriendo cuando Meiling la retó, llevándose por la puerta a una confundida Tigu del collar para “entrenar”.
Mi esposa volvió a reírse de mi desgracia y se apoyó en mí. Inspiró profundamente el aire con aroma a tierra y, de repente, se sobresaltó, llevándose la mano al estómago. Abrió mucho los ojos y sentí una oleada de pánico. Sentía cómo se activaban todas las alarmas de mi ser.
Su respiración se volvió entrecortada al girarse para mirarme.
“Esa sí que fue fuerte,” murmuró, respirando hondo. Parecía estar bien. Al instante, me tranquilicé y me dejé caer aliviado. “Lleva un tiempo dando patadas, pero nada como esto... ¡Ah!”
Mi mano se dirigió rápidamente a su estómago y sentí el pequeño temblor, el pequeño bulto donde un pie asomó por un instante.
Que le creciera la barriga era una cosa. Pero esto... Esto era la prueba definitiva. Era real. La sensación de mi hijo moviéndose.
Tragué saliva con dificultad.
“Cómo… ¿Cómo se siente?” Pregunté, y Meimei me hizo un gesto para que me callara.
“Me hace cosquillas un poquito… ¡Ay!” De repente hizo una mueca de dolor.
"¡¿Estás bien?!"
“Justo en la vejiga. Casi me orino encima,” dijo mi mujer con un resoplido, mirando su taza de té vacía.
Solté una risita, dejándome caer en mi asiento, y luego comencé a reír, incapaz de contenerme, y Meimei pronto se unió a mí.
“Ya... No falta mucho, ¿verdad?” Pregunté, y mi esposa asintió.
“Tres meses y… ¿Ocho días?” Se aventuró a decir tras pensarlo un momento.
Tres meses. Tres meses y ocho días. Varias semanas después de iniciado el año nuevo. Un bebé nacido en las últimas semanas del invierno, justo antes de la primavera.
Estreché mis brazos contra mi esposa.
Seré... ¿Seré un buen padre?
No tenía ni idea.
Sentí el peso de la pregunta cuando miré a Meimei, lo feliz que estaba. Cuánta confianza depositaba en mí.
Nos volvimos a acomodar, simplemente sentados juntos y disfrutando del calor.
“Oye… ¿Jin?”
"¿Mmm?"
“¿Y dónde aprendiste todo esto?” Preguntó distraídamente. “Lo que dices a veces... Bueno, gran parte de tus conocimientos no utilizan el Qi. ¿Acaso los médicos de la Garganta de la Cascada Furiosa son mucho más avanzados?”
Me tomó desprevenido con eso. Era claramente una cuestión de mera curiosidad. No había sido precisamente frugal al compartir conocimientos provenientes de una sociedad tecnológicamente más avanzada, así que era natural que sintiera curiosidad. Meiling era inteligente. Era más inteligente que yo, de eso no hay duda. Se dio cuenta de que algo no cuadraba.
Me detuve un segundo a pensarlo. Tenía dos opciones. Había estado esquivando el tema durante los últimos años porque, sinceramente, me daba igual. Ya era raro, siendo un cultivador. ¿De qué servía añadir que era un alma reencarnada de otro universo? Nunca habían conocido a Rou, no sabían que yo había cambiado. Yo era el mismo, con o sin la extraña historia de mi origen. Siempre podía decir que era el conocimiento de una tierra lejana; incluso, técnicamente, era cierto.
O podría confiar en ella.
Lo pensé un momento, mientras Meimei me miraba con curiosidad ante mi repentino silencio. Estaba tranquila, esperando mi respuesta... No había ningún reproche en su rostro.
Ella confiaba en mí.
Y la confianza es una calle de doble sentido. Respiré hondo.
“¿Has oído alguna vez historias sobre la reencarnación?” Pregunté en voz baja. Mi corazón empezó a latir más rápido. Era extraño contarle a alguien que tenía recuerdos de otro mundo. Sonaba a locura. “¿Sobre despertar de repente en un cuerpo nuevo después de la muerte?
Meimei me miró de nuevo, primero divertida y luego con una expresión que decía “habla en serio”. Pude ver cómo procesaba lo que le estaba diciendo. Era inteligente, mi Mei; no necesitaba que le dijera mucho más.
Su rostro cambió. Del shock, a la confusión, a la comprensión.
Tragué saliva, preguntándome cómo se lo tomaría. Yo... Yo realmente no quería arruinar lo nuestro.
Entonces sus labios se curvaron en una sonrisa.
“Bueno, eso explicaría por qué eres tan raro.”
Solté una risita cuando nos quedamos en silencio. Aquella... Bueno... No era la reacción que esperaba, la verdad. Estas revelaciones siempre me parecían tan dramáticas en las historias.
En cambio, mi mujer asintió, como si de repente todo tuviera sentido. Eso hizo desaparecer la tensión que sentía en el pecho.
“Quieres... ¿Oír de ello?” Pregunté despacio, con voz temblorosa. Su mirada se suavizó. Su mano se alzó y se posó en mi mejilla.
“Los Cielos saben lo difícil que es hablar de mi madre,” susurró. “Si no quieres hablar mucho de ello esta noche... O nunca, no pasa nada.”
Me dejé llevar por su tacto. Por su silencioso apoyo.
Tenía razón. Recordar el antes a veces era doloroso. Recordar a mi familia.
No recordaba cómo había muerto. Si es que alguna vez morí. Lo único que sabía era que ahora estaba aquí.
Y eso era lo que importaba.
Entonces le conté una historia. La historia de un joven ingenuo que construía muñecos de nieve todos los años con su madre, su padre y su hermana, en un país definido por una hoja de arce.
Afuera nevaba. El olor a tierra y el leve zumbido de las abejas servían de telón de fondo para mi relato.
Le conté a mi mujer sobre una vida en el Antes.
Ella escuchó en silencio, sujetándome la mano todo el tiempo.



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