Capítulo 62
El Nombre
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Edición: Radak, Sho Hazama
Era otro buen día en la Fa Ram. Bi De acababa de terminar su patrulla alrededor del perímetro de su hogar. Había disfrutado mucho examinando los brotes que comenzaban a crecer en los árboles, observando a los animales que despertaban y sintiendo la cálida brisa acariciando sus plumas.
A su regreso, encontró a su Maestro esperándolo con té recién hecho; su Gran Maestro le sonrió mientras Bi De hablaba del mundo cambiante.
“Es en las sutiles diferencias donde uno encuentra lo más profundo. El tamaño de los brotes que crecen en las ramas. El hongo que fructifica lentamente con vigor en los troncos podridos. El mundo está verdaderamente… Vivo.”
Su Gran Maestro sonrió ante la afirmación. “En efecto, ¿verdad? Estoy deseando que las flores empiecen a abrirse de verdad y podamos volver a sembrar,” reflexionó su Maestro, dándole un sorbo a su té. Bi De ansiaba comenzar las labores de la primavera y el verano. Volver a crecer con las plantas de la primavera. “¿Viste algo más interesante mientras estabas fuera?”
Bi De le dio un sorbo a su té antes de responder. “Vi a Man Gi a lo lejos,” contestó tras un instante, recordando el destello de pelaje rojo, del mismo color que el chaleco que llevaba.
“¿Oh? ¿Has vuelto a ver a Man Gi?” Preguntó su Gran Maestro, y el gallo asintió.
“Parecía gozar de buena salud, pero huyó al notar mi mirada.”
Man Gi. El único otro zorro que recibió un nombre de poder de su Gran Maestro. El animal, desaliñado y harapiento, era o bien la criatura más inteligente, o bien la más afortunada, sin chispa alguna que Bi De hubiera conocido. La bestia había logrado sobrevivir a las purgas de Bi De y Tigu antes de que estos comprendieran que algunos depredadores eran necesarios para el funcionamiento del ciclo de la vida. De hecho, los halcones y los visones se estaban repoblando, pero conocían su lugar.
“Ese Man Gi es un viejo astuto,” dijo su Maestro, carcajeando.
Bi De casi albergaba la esperanza de que el zorro hubiera recuperado la chispa, aunque solo fuera para poder conversar con él. Deseaba comprender a los congéneres de su antiguo némesis jurado. Tomar el té y entender de verdad qué impulsaba a su especie. Tigu era una depredadora, pero aun así podía controlarse. Nezan era demasiado distante, aunque también fuera un zorro. Bi De se preguntaba si, de haberle ofrecido comida para saciar su hambre, Basi Bu Shi también podría haber sido un discípulo. ¿Habría sido capaz Bi De de entrenar junto a un zorro?
Bi De no se arrepentía de sus actos. Simplemente imaginaba lo que podría haber sido.
“En efecto. Es un orgullo para su linaje. ¿Quizás debería pedirle a Nezan que hable con él?” Respondió Bi De.
Ambos carcajearon al oír eso, mientras su Maestro negaba con la cabeza.
Siguió otra oleada de risas, y giraron hacia el sofá donde estaban sentados la Sabia Sanadora, Yao Meihua, y la Discípula Xiulan.
Xiulan tenía al Pequeño De en brazos. Con el otro, sostenía su trenza y rozaba suavemente los mechones sobre la cara del Pequeño De, provocando que el bebé riera junto a su madre, que los observaba.
La Hoja de Hierba miraba fascinada al bebé, sus ojos azul cristalino brillaban con calidez y ternura incluso mientras el bebé babeaba sobre su cabello.
“Pequeño, pequeño, mira aquí~” intentó decir Meihua, haciendo cosquillas con su propia trenza. Pero fue completamente ignorada… Xiao De mantenía la mirada fija en los mechones castaños de Xiulan, e incluso emitió un sonido de disgusto cuando Xiulan apartó su propio cabello.
“¿Ves? ¡Míralo, ya conoce bien el tacto de su tía!” La mirada que Xiulan le dirigió a Meihua era de una autosuficiencia absoluta, y la otra mujer hizo pucheros; su duelo sobre quién sería la “mejor tía” era una rivalidad mezquina y constante.
La Sabia Sanadora se rio y sacó su propio cabello verde para hacer cosquillas, solo para recibir otro gruñido de desaprobación.
La expresión de Xiulan pasó de la autosuficiencia al pánico.
“¿Oh? ¿Xiao De, desprecias a tu propia madre por tu linda tía? ¿Te atreves, hijo mío?” Dijo la mujer con reproche en un tono burlón, pero a la vez amable.
El grupo de mujeres en el sofá estalló en risitas mientras los dos hombres observaban un instante más. Su Maestro sonrió levemente, mientras Bi De tomaba un sorbo de té. Se preguntó cómo se compararían sus propias habilidades con las de Xiulan. Había demostrado una inventiva asombrosa al cuidar del Pequeño De, a pesar de no haber cuidado nunca a un niño. Usar sus poderes Qi para hacer flotar las bolas de cristal sobre el niño en círculo fue una idea brillante.
Se preguntó distraídamente si podría conjurar la luz de la luna para el bebé. Sería algo para intentar más tarde.
Sin embargo, poco después, ambos terminaron su té y el Gran Maestro se puso de pie. Observó la posición del sol y lo consideró antes de girar hacia donde Xiulan estaba siendo abordada por sus compañeras.
Él se apiadó de su discípula.
“Meimei, ¿todavía quieres dar ese paseo?” Preguntó, y la Sabia Sanadora se animó, dejando de molestar a la Hoja de Hierba.
“¡Sí! ¡Quiero ver cómo está la granja de champiñones!” Respondió.
Enseguida, los Señores de la Fa Ram estuvieron listos, saliendo por la puerta del brazo con su bebé atado a la espalda de Meiling. Habían decidido dar un paseo más íntimo, solo ellos tres; una decisión acertada que todos aceptaron con gusto, pues había otro asunto grave que tratar en la casa.
“¿Es la hora?” Bi De le preguntó a Tigu cuando ella salió de las sombras.
La chica asintió.
“Entonces, reunámonos.”
❄️❄️❄️
En la Gran Mansión de la Fa Ram se palpaba la tensión. Todos la sintieron cuando Bi De entró en la sala donde se habían reunido todos, salvo el Maestro, la Dama y su hijo.
Asintió con la cabeza a cada rostro sombrío, mientras se dirigía a su lugar en la cabecera de la mesa.
En efecto, la tensión era mayor que durante el apogeo de la enemistad entre Tigu y Ri Zu. La sala estaba llena: todos los discípulos estaban presentes, al igual que Meihua y Hu Li. Se miraban con recelo; la victoria allí significaba una victoria eterna.
“Daremos comienzo a la reunión,” declaró Bi De. “Expresen sus opiniones, amigos, y mantengan la calma… Sé que este asunto es motivo de gran controversia.”
Bi De se refería, por supuesto, al verdadero nombre del Pequeño De; el Gran Maestro había pedido sugerencias, valorando como siempre sus aportaciones. Aquello había desatado una guerra secreta entre todos los presentes, cada uno luchando por su elección. Un conflicto que el Primer Discípulo esperaba poner fin.
“Lo dices solo porque, pase lo que pase, ya has ganado, Big De,” gruñó Tigu, antes de inspirar hondo y ponerse de pie. Se dirigió a grandes zancadas a la pizarra cercana y cogió una tiza. Con trazos enérgicos y precisos, escribió un carácter.
“¡Miren, un nombre digno!” Gritó Tigu. “¡Kai! ¡Victoria! ¡Nuestro hermanito necesita un nombre poderoso, y este es el mejor!”
Ella permaneció al frente de la sala, con la mirada fija en cualquiera que osara cuestionar su sugerencia.
La primera en contraatacar fue, sorprendentemente, Ri Zu.
‘¿Por qué un nombre tan contundente?’ Preguntó Ri Zu. ¿Por qué no uno más suave y amable? ¡Viene de una familia de sanadores! ¡Y Lee sería un nombre estupendo!
“¡Porque este nombre tiene impacto!” Replicó Tigu.
"Hay muchos Lees,” murmuró Meihua.
“¡Lee es el peor nombre!” Exclamó Xianghua, con tono irritado. “Esta Joven Dama conoce catorce entre los sirvientes de nuestra secta: Lee el Pequeño, Lee el Flaco, Lee el Huesudo, Lee el Larguirucho…” Entrecerró los ojos mientras enumeraba los nombres.
Bowu resopló a su lado. “La hermana mayor les prohibió servirle, ya que no puede distinguirlos.”
Ri Zu se sintió abatida por la derrota, haciendo pucheros.
‘Jiangen,’ dijo Pi Pa tras un momento. ‘Una raíz fuerte. Encajaría, ¿no?
“¡No me disgusta!” Exclamó Tigu, y otro nombre se añadió a la lista.
“Shandan,” provino de Meihua, y Xiulan asintió desde su lado.
Chun Ke, con una sonrisa enigmática, gruñó: ‘Zhuye; Hoja Roja.’
‘¿Como una hoja de arce?’ Preguntó Ri Zu, con la mirada pensativa.
“¿Jin, como su papá?” Preguntó Hu Li.
“¿Como en nuestra aldea?” Preguntó Xian. “En Hong Yaowu es tradición ponerles a los hijos el nombre de sus padres, pero…”
“¡Oigan, no me miren! ¡Ten Ren les puso los nombres a nuestros hijos!” Respondió, dejando escapar su acento. “Y a menos que quieran algo raro de mi familia como Baatar o Kotan… Esos nombres harán que la gente te mire raro por ser de la tribu, no hay razón para someter a un niño a eso…,” murmuró la mujer, apartando la mirada.
“¿Xiaoshan?” Sugirió Xiulan. “Se parece un poco a... Su nombre, ¿no?”
Xiaoshi. El primer emperador. ¿Habría sido algo que su Maestro consideraría?
O tal vez algo como Tianshan... Pero "montaña celestial" era irremediablemente arrogante.
‘Wan,’ propuso Wa Shi, y la conversación se detuvo. Wan. No era un mal nombre, la verdad, salvo por un detalle.
“¿Wan? ¿ Rou Wan? ¡¿ Albóndiga?!” Tigu demandó. “¡¿Te atreves a llamar albóndiga a mi hermanito, glotón?!”
‘¡Míralo! ¡Está regordete y tiene un aspecto carnoso!’ Replicó el pez. ‘¡Además, las albóndigas son poderosas!’
La sala se convirtió en un caos; se inició una discusión que duró hasta que el Gran Maestro regresó a casa.



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