Capítulo 37
La Ruptura De [天] Parte 6
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Edición: Radak, Sho Hazama
Xiaoshi, con un sombrero de paja que le cubría los ojos para ocultar su identidad, miraba fijamente su bebida. Quizás por última vez, bebió su vino en paz.
Sinceramente, esperaba que las cosas se prolongaran. Una gran lucha con años de batallas. En cambio, ahora solo tenían que avanzar. Soldados y cultivadores comenzaron a desertar en masa al contemplar su ejército y cuando Xiaoshi hizo alarde del poder de su Qi.
Y ahora... Ahora ya casi lo habían conseguido. Casi listos para enfrentarse al Emperador.
“¡Oye! ¡Oye, Xiaoshi, mira eso!” Exclamó Tianlan, y Xiaoshi miró hacia un lado, donde un cuentacuentos estaba preparando una pintura para que la usara de fondo en su relato. Era una pintura bastante hermosa, y Xiaoshi la supo apreciar... Hasta que la observó con más detenimiento y se dio cuenta de lo que representaba.
Casi se atraganta con su bebida.
“Amigos míos, esta noche este humilde narrador tiene una historia para ustedes. ¡Una historia maravillosa que pondrá fin a todos sus rumores! ¡Hablo, por supuesto, del Héroe y sus fieles seguidores!”
Eso despertó el interés del resto de la taberna, que también giraron hacia el narrador.
“Ellos se reunieron, en un melocotonero,” comenzó el hombre, y Xiaoshi escuchó el relato a medias.
El narrador contó cómo los rebeldes se habían reunido para oponerse a los malvados y traer la paz a la tierra. Nombró a varias personas mientras señalaba figuras conocidas en la pintura.
Según el narrador, el Consejo de Guerra fue un evento sereno. En la pintura, Xiaoshi “o al menos quien se suponía que lo representaba” estaba sentado en primer plano en un elaborado trono. Ciertamente no recordaba el trono, ni sus ropas tan llamativas. Ante él se extendían las filas de antiguos imperiales, relucientes con sus armaduras y túnicas de seda, desertores que se habían rebelado contra el Emperador. Los soldados mantenían sus armas en alto, mientras que los funcionarios permanecían solemnes con sus uniformes de gala y esos sombreros que a Xiaoshi le parecían ridículos.
Los miembros de la tribu estaban apartados, todos con sus pañuelos puestos. Eran altos y de aspecto feroz, adornados con pintura de guerra y los tatuajes característicos. Y finalmente, las grandes y nobles Bestias Espirituales se desplegaron. La imponente figura de Yao el Retumbante. Las afiladas líneas del Rey Lobo Cuchilla, la Cuchilla Templada. Un dragón sobrevolaba en círculos, el Rey del Lago. Las Diez Serpientes Antídoto, con sus escamas de un arcoíris de colores, un Oso Verdeante, un emisario de la Emperatriz del Bosque, y un centenar de otras Bestias Espirituales.
Juntos, todos habían jurado solemnemente derrocar al Emperador, que había perdido el Mandato del Cielo.
Tianlan resopló para sus adentros. "Este tipo definitivamente no estaba allí.”
La realidad... no era tan bonita ni sencilla como en la pintura. Lo único que el artista captó bien fue la belleza y la paz del bosque. Xiaoshi tendría que llevar a Linlin allí una vez que todo se hubiera resuelto. ¿Lo demás? Sinceramente, era un milagro que no se hubieran declarado enemistades.
Xiaoshi recordó el desastre cuando Yao El Retumbante pisó accidentalmente la cola de la Cuchilla Templada. El aullido sobresaltó a todos, sobre todo al Tejecaminos, quien retrocedió y chocó contra una mesa llena de comida, haciéndola caer al suelo.
Altan se cernía sobre un funcionario que hablaba de más sin saber que el “tribal bárbaro” estaba justo detrás de él, mientras los soldados de ambos bandos se miraban con recelo y jugueteaban con sus armas.
Los cultivadores habían estado codiciando los tesoros que las Serpientes Antídoto habían traído; las furiosas serpientes lo arriesgaban todo en esta batalla. Todos habían intentado ignorar al pez gordo sentado en su tina de agua, con el Señor del Lago a su lado, acompañado de sus sacerdotes y sirvientas.
La mitad de los “soldados” del bando imperial no eran soldados de verdad, sino simples artesanos y pequeños comerciantes que habían transformado sus herramientas en armas. Había aldeas enteras armadas con azadas y hoces, así como mineros con músculos prominentes y tatuajes que los delataban como convictos.
La única razón por la que no había estallado una pelea era una cantante de ópera que, de alguna manera, había logrado apaciguar los ánimos con susurros, y la presencia del mismísimo Xiaoshi, el Héroe que se enfrentaría al Emperador. Había pasado todo el tiempo intentando no perder la compostura, manteniendo el rostro lo más impasible y serio posible, como se suponía que debía ser un cultivador. Tianlan, por supuesto, no había sido de mucha ayuda, limitándose a hablar efusivamente de lo mucho que les gustaban y a preguntarse qué festivales tendrían después.
Lo que daría por el optimismo de Tianlan.
Tuvo que fingir que sabía lo que hacía, asintiendo estoicamente y aceptando a la gente en sus filas.
“Le doy mis respetos al héroe,” decían las personas mientras inclinaban la cabeza.
La verdadera reunión tuvo lugar tras toda la ceremonia y la pompa. Fue un encuentro más pequeño y discreto, con solo los líderes de los respectivos grupos, y no resultó mejor. Todos discutieron sobre quién estaría en la vanguardia, quiénes intentarían derribar las murallas e incluso quién se enfrentaría al Emperador.
Lo cual era una estupidez. No iban a enfrentarse a él. Ese maldito loco mataría a cualquiera menos a Xiaoshi de un solo golpe; al menos, esperaba sobrevivir a eso. Rezó para que el Emperador no se hubiera contenido al permitir que el pueblo presenciara el poder de su Qi.
La única persona verdaderamente útil había sido un desertor del propio palacio: un funcionario de bajo rango llamado Kongming. Era un tipo bastante anodino, con el fino bigote y la barba tan populares en la capital. Su vestimenta era de las mejores de la reunión, y su sombrero, el más alto.
“¡Gran héroe Xiaoshi! ¡Este Kongming posee mapas de todos y cada uno de los edificios de la Ciudad Imperial, así como del propio Palacio Imperial! ¡Se los presentaré a usted y a su consejo de guerra!” Declaró el hombre.
Eso le había conseguido un asiento más cerca de Xiaoshi.
Los mapas en sí resultaron invaluables. Detallaban varias debilidades en las rotaciones de la guardia, así como la forma de acceder a la pagoda del Emperador. La posibilidad de simplemente infiltrarse y derrotar al Emperador, en lugar de tener que comprometerse con un asedio largo y costoso, era sin duda atractiva.
Después de eso, Xiaoshi habló más con Kongming. Kongming era el funcionario de la corte menos afable que Xiaoshi había conocido, aunque, ciertamente, no había conocido a muchos. Era un hombre centrado, tenaz y, en general, agradable. Le había impresionado. Tanto que Xiaoshi, como líder de la rebelión, le pidió a Kongming que tomara el mando del resto del ejército una vez que decidieran el plan para asaltar al Emperador.
El resto del ejército realizaría una maniobra de distracción para atraer al Ejército Imperial... Mientras Xiaoshi irrumpiría en la guarida del tigre. Claro que el narrador desconocía todo esto; Kongming había mantenido el asunto en secreto, evitando cualquier filtración.
Xiaoshi suspiró al concluir el relato.
“¡Y en aquella arboleda sagrada de melocotoneros en flor, se prestó un juramento!”, proclamó el narrador en la taberna. “¡El juramento que sacudirá nuestro mundo hasta sus cimientos!”
Xiaoshi dio otro trago de vino y cerró los ojos.
Había llegado el momento. Al final… Todo dependería de él. Tianlan, al no tener cuerpo propio, jamás podría hacerlo. Así que él tenía que actuar. Por ambos. Por todos.
❄️❄️❄️
Entrar en la Ciudad Imperial fue sorprendentemente fácil. Xiaoshi solo tuvo que ponerse su sombrero de arroz y entrar por la puerta principal junto con el resto de la gente que huía de la lucha. Pronto había aprendido que la mayoría de la gente no podía percibir su Qi a menos que lo estuviera usando activamente, por lo que los guardias apenas le prestaron atención al “mortal” que tenían entre ellos.
Ayudó que Tianlan mantuviera un foco de su poder cerca del propio ejército, por lo que para los demás cultivadores parecía como si estuviera con el ejército.
Pasó junto a los campos de reclutamiento, justo dentro de las murallas, y junto al ejército que se preparaba para la guerra; los soldados y los campesinos tenían semblantes sombríos mientras se disponían a partir... Sin su Emperador.
Al menos sabía que el Emperador estaría exactamente donde él quería.
Según Kongming, el hombre llevaba más de un año encerrado en su torre y le importaba poco lo que sucedía afuera, salvo exigir que el General del Cielo Azul derrotara a los rebeldes.
Xiaoshi se escabulló por un callejón y se cambió de ropa, poniéndose la que Kongming le había dado. La ropa de un sirviente del Palacio Imperial, de los de bajo rango.
Nadie le prestó atención cuando entró en el palacio situado bajo la pagoda flotante y encontró un anexo abandonado donde esperar.
Se sentó con Tianlan, meditando, cuando oyó sonar los cuernos. El ejército de cultivadores salió de la capital, y la gran puerta se cerró tras ellos.
Simplemente se sentaron juntos en su dominio, contemplando un cielo estrellado. Xiaoshi sentía una sorprendente calma, considerando lo que estaba a punto de hacer.
“¿Estás lista para derribar los cielos?” Le preguntó a Tianlan. La mujer sonrió con presunción.
“¿Los cielos? ¡Qué va! ¿Pero ese vejestorio?” Golpeó la palma de su mano con el puño. “Le vamos a dar una paliza. No te preocupes.”
Xiaoshi se rio, sintiéndose más ligero. Fuera lo que fuera el Emperador... Al fin y al cabo, solo era un hombre.
❄️❄️❄️
Saltó desde la tierra hasta la pagoda flotante, aterrizando en una entrada de servicio. Normalmente, usaban las rocas flotantes para subir y bajar del palacio... Pero el Emperador había ordenado que las quitaran, tal era su deseo de no ser molestado.
Xiaoshi respiró hondo y luego abrió la puerta de entrada de los sirvientes.
Entró en otro mundo.
En lugar de una pagoda de ciento ocho pisos como esperaba, se encontró en el centro de una tormenta.
Era el Dominio del Emperador; allí, su mundo se imponía sobre el mundo y consumía todo el palacio interior.
Xiaoshi tuvo que contener su Qi para evitar ser despedazado al instante por el torbellino. Sus ojos se entrecerraron a través de los vientos huracanados mientras contemplaba una estrella brillando en el cielo.
El Qi del Emperador.
Xiaoshi se elevó del suelo y se adentró en la furiosa tormenta, dirigiéndose hacia el brillante orbe azul que se encontraba en el centro.
Rodeando al Emperador y absorbidos por su Qi, se encontraban miles de reactivos. Quizás cientos de miles. Núcleos de Bestias Espirituales, medicinas e incontables cantidades de plantas espirituales raras y valiosas. Toda la riqueza de las Colinas Azures se concentraba en un solo hombre.
A medida que Xiaoshi se acercaba volando, incluso vio un cachorro de Perro del Templo, la pequeña criatura que se estremecía ocasionalmente mientras era asimilada al cuerpo y alma del Emperador.
El Emperador estaba cultivando. Su Qi palpitaba, la tormenta se intensificaba y veintisiete constelaciones ardían tras él.
Xiaoshi jamás había visto el rostro del Emperador. Ninguno de los funcionarios tampoco. El hombre siempre se dirigía a todos desde detrás de las cortinas. Tenía el cabello oscuro recogido en un impecable moño y una perilla bien recortada. Su piel era pálida, como el jade más fino.
La única imperfección era una franja de pecas que le cruzaba la nariz y las mejillas, así como la parte superior del pecho.
El hombre no le prestó atención a Xiaoshi mientras continuaba ejercitando su Qi.
Xiaoshi abrió la boca para llamarlo, para desafiarlo…
“No me interrumpas, niño,” dijo el Emperador con voz tranquila y autoritaria. “Lárgate de mi vista, arrepiéntete de haberme hecho perder el tiempo y mátate. Haz esto y no exterminaré a tu linaje. Te mataría ahora mismo, pero no quiero que tu sangre indigna manche mi alma.”
Xiaoshi sintió la oleada de poder cuando el hombre concentró parte de su intención. El peso era considerable, imponente. Si Xiaoshi hubiera sido cualquier otra persona, la mera presión de las palabras del Emperador podría haberlo obligado a obedecer.
En cambio, apretó los dientes y recurrió a su fuerza.
Un pequeño trozo de tierra se formó bajo sus pies mientras Tianlan, en lo más profundo de su alma, comenzaba a cantar.
'Y así, el gran ancestro Shennong instruyó a su discípulo sobre cómo preparar los campos...'
El reino ilusorio, el dominio del Emperador, todo un mundo impuesto a la realidad, se estremeció. Y entonces fue invadido.
Los ojos amatistas del emperador se abrieron de golpe mientras contemplaba a Xiaoshi. Su semblante sereno se quebró al instante; el verde y el oro comenzaron a invadir su reino, trepando por el mundo como enredaderas que estrangulan un árbol.
[Labrar la Tierra]
El Emperador miró fijamente a Xiaoshi y chasqueó la lengua. Una gota de sudor en la frente era la única señal de que aquello lo había inquietado.
El cielo entero se había resquebrajado, formando una sólida base de roca. La tormenta ya no lo abarcaba todo. Era como debía ser cuando la tierra irrumpió, creando el contrapunto al reino celestial.
Una formación de cinco elementos cobró vida detrás de Xiaoshi, mientras la voz de Tianlan seguía resonando.
[Talar los Árboles, Desviar las Aguas, Romper las Rocas, Sembrar las Semillas, Cosechar los Frutos.]
Cada palabra era un pulso que arrasaba el mundo mientras la energía recorría los brazos y las piernas de Xiaoshi, formando una armadura de Qi sólido. Sus ojos brillaban con mil colores.
El Emperador estaba sentado en lo alto, en los cielos. Xiaoshi lo miraba fijamente desde donde sus propios pies estaban plantados en la tierra.
“Por tus crímenes contra el pueblo de las Montañas Azures, ven y enfréntate a la justicia, anciano.”
Los ojos del Emperador estaban completamente fijos en Xiaoshi. Los reactivos, que flotaban en el aire, fueron absorbidos por un anillo espacial.
“¿Crímenes? ¿Justicia?” Preguntó el hombre, y luego se rio. Fue una risa breve, cortante y airada. “No he cometido ningún crimen, y mi voluntad es la justicia divina.”
Sus ojos comenzaron a brillar, como estrellas púrpuras llameantes, mientras un destello de luz estelar se formaba en su mano. Sus pecas se conectaron con una luz blanca incandescente, formando una constelación en su piel.
“Pero te daré las gracias. Tu parloteo es molesto, pero me han brindado un regalo muy bienvenido: Ustedes mismos. Serán de gran utilidad para mi cultivación.”
Xiaoshi apretó el puño. El dominio a su alrededor se estremeció bajo la acción, como si un gran puño lo hubiera agarrado.
El cielo estalló. La tierra detonó.
Los cielos se encontraron con la tierra.
❄️❄️❄️
Durante tres días y tres noches, el Emperador y Xiaoshi lucharon.
El mundo del Emperador se estremeció y tembló mientras bandas de luz del tamaño de una ciudad lo defendían. Un resplandor estelar, tan intenso que eclipsaba al sol, estalló, intentando destruir a Xiaoshi.
Fue una prueba de fuego. De un solo golpe, el Emperador habría abatido a cualquiera que lo desafiara.
Xiaoshi era menos hábil. Pero el dominio del Emperador, su mera existencia, era una ofensa para el mundo; Tianlan lo había ordenado. Grietas se extendían por él, el mundo exterior combatía esta fuerza imponente, devorándolo y absorbiendo su Qi.
Las erupciones de fuego estelar fueron desviadas como si fueran un arroyo. Las construcciones de Qi fueron destrozadas como rocas. Las poderosas armas y armaduras del Emperador, legendarias reliquias antiguas, fueron destruidas como por un hombre con un hacha.
Cada golpe estaba asegurado, pues el momento que lo precedió había sido sembrado hacía mucho tiempo, y ahora el Emperador se veía obligado a recoger sus propios frutos.
Y finalmente, el Emperador fue golpeado. El puño de Xiaoshi se clavó en sus costillas, destrozando toda protección que el Emperador pudiera haberle otorgado.
Órganos destrozados. Huesos hechos añicos. El golpe fue tan potente que la tierra misma retumbó con la fuerza del impacto.
Y entonces... El Emperador cayó.
Su dominio, que había luchado contra el mundo, se disipó.
Al final, solo quedó un hombre, tendido donde una vez estuvo el Emperador Azur.
Tosió con dificultad mientras yacía desplomado contra la pared de la pagoda gigante.
“¿Por qué? ¿Por qué hiciste todo esto?” Preguntó Xiaoshi al hombre caído. Miró fijamente al Emperador, sin esperar realmente una respuesta.
El hombre volvió a reír, mientras la sangre le brotaba de los pulmones.
“Niño. Sigues sin saber nada. ¿Por qué esta tierra está cubierta de niebla? ¿Por qué el mundo termina al borde del Muro de Niebla?”
Tanto Xiaoshi como Tianlan se detuvieron ante la pregunta. Ninguno sabía la respuesta.
“Permítanme, pues, mostrarles la verdad sobre este lugar.”
Su Qi se agitó, y el hombre se abalanzó.
Xiaoshi tardó en reaccionar; el golpe le alcanzó.
Pero en lugar de hacerle daño, capturó su visión. Su mundo se llenó de estrellas y constelaciones, arrancando su vista de su cuerpo para recorrer la tierra a toda velocidad.
Su mirada se vio forzada a penetrar en el Muro de Niebla, y luego a través de él, hacia el Gran Más Allá.
Demonios. Legiones y legiones de demonios, marchando hacia un faro de luz brillante en la distancia. Masacraban y arrasaban, retozaban y danzaban mientras destruían y torturaban todo lo que atrapaban, devorándolo por completo.
Un mundo de sangre y fuego, un mundo de sufrimiento inimaginable.
Las bestias de su legión se sentaban justo fuera de un Muro de Niebla, merodeando por los bordes y buscando una forma de entrar.
Era una barrera, forjada por un solo linaje.
Sin embargo, la barrera comenzó a debilitarse lentamente y los monstruos empezaron a colarse por las grietas.
“¡Xiaoshi! ¡Xiaoshi! ¿Estás bien?” Gritó Tianlan mentalmente. Él respiró hondo y salió de su estupor, presa de la rabia una vez más. ¿Qué había hecho el Emperador? ¿Qué le había mostrado?
Su intención era exigir respuestas... Pero en lugar de eso, solo recibió una sonrisa de su adversario derrotado.
Era una sonrisa mitad burlona, y mitad la sonrisa de un hombre al que parecía haberse quitado un gran peso de encima.
Porque el Emperador Azur ya había muerto.
“¿Xiaoshi? ¿Qué ha pasado?” Preguntó Tianlan de nuevo, mientras Xiaoshi comenzaba a jadear con fuerza.
“Estoy… Estoy bien, Tianlan.” ¿Qué demonios había sido eso? ¿Era real? ¿Acaso era un último acto de mezquina venganza para dejarlo con ese horror?
Xiaoshi no lo sabía.
❄️❄️❄️
Bajó tambaleándose los tramos de escaleras de la pagoda, con el cachorro del Perro del Templo en brazos. Lo había liberado del anillo, que de alguna manera había sobrevivido a la batalla.
Estaba exhausto, completamente exhausto, y Tianlan no mucho mejor. Apenas estaba despierta cuando finalmente llegaron a la planta baja y salieron al mundo antes del amanecer.
Esperaba una larga caída al suelo, pero se sorprendió al descubrir que la gran pagoda flotante ya estaba sobre el gran pedestal que la sostenía. Los cimientos estaban llenos de grietas, pero seguía en pie, incluso después de haber caído del cielo.
Un gran estruendo resonó desde el pie de las escaleras de la pagoda. La mayor parte era de alegría, pero bajo los gritos de júbilo subyacía una corriente de temor y tristeza.
Xiaoshi observó a la multitud buscando a sus amigos. Yao El Retumbante era el más fácil de distinguir, cubierto de pintura de guerra. A un lado de la plaza estaban los rebeldes. Al otro, los soldados imperiales arrojaban sus armas y caían de rodillas. Todos estaban magullados y ensangrentados por las batallas que habían librado a las afueras de la ciudad.
“¡El Héroe ha derrotado al Emperador Azur!” Rugió Kongming, con su voz resonando por encima de todos. El sonido se extendió por toda la ciudad.
Xiaoshi cerró los ojos un instante antes de que el sol asomara por el horizonte.
Por fin había terminado. Por fin podía volver a casa.
Sonrió, sintiendo la alegría de Tianlan, y volvió a abrir los ojos. Empezó a bajar los escalones... Pero se detuvo cuando Kongming, al pie de la escalera, cayó de rodillas.
“¡Este Kongming presenta sus respetos al Emperador!” Gritó el hombre.
Xiaoshi hizo una pausa, completamente desconcertado.
¿Qué demonios estaba haciendo Kongming? Nadie lo haría...
“¡Rindo homenaje al Emperador!” Gritó otro hombre, imitando su gesto.
Y luego otra. Y otra más.
“Cai Ruolan presenta sus respetos al Emperador.”
“¡El Clan Tie rinde homenaje al Emperador!”
Cien mil personas. Cien mil voces. Los reyes de las Bestias Espirituales asintieron en señal de respeto. Solo Altan y las tribus mantuvieron la cabeza en alto, pero él sonreía.
Tianlan estaba aún más confundida que él.
¿Él, el Emperador? Estaba a punto de negarlo. Tendría que decir que no, ¿no?
Pero justo cuando abrió la boca para negarlo, hubo un destello de luz estelar y una sensación fría; recordó a los demonios de la visión.
Tragó saliva con dificultad.
Así murió el Emperador Azur. Así ascendió el Emperador Azur.



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