Capítulo 36
La Ruptura De [天] Parte 5
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Edición: Radak, Sho Hazama
Y así, Bi De observó cómo Xiaoshi y Tianlan recorrían los confines del Imperio Azur, llevando a cabo los planes de Xiaoshi. Juntos, poco a poco, hicieron emerger las Venas de Dragón de Tianlan.
La pareja consideró brevemente regresar a su aldea, pero finalmente lo descartaron. Era demasiado peligroso. No permitirían que los hombres del Emperador llegaran hasta la puerta de su casa si, de alguna manera, los seguían.
Xiaoshi recorrió a grandes rasgos el interior del Imperio, con sus majestuosas montañas que se alzaban orgullosas hacia el cielo. Le resultaba muy extraño observar las diferencias en el paisaje. Las montañas eran más altas y todas tenían cumbres puntiagudas, incluso el Pico del Reposo de las Nubes, que era casi un tercio más alto de lo que Bi De recordaba.
Tuvo en cuenta esos cambios mientras observaba su trayectoria y sus acciones.
Al menos, Bi De aprobaba eso. Ambos lucharon contra los excesos del Emperador Azur. Liberaron a esclavos y Bestias Espirituales. Detuvieron las enormes minas a cielo abierto y destruyeron los gigantescos hornos de píldoras que vertían lodo tóxico al mundo. Bi De no podía comprender por qué el Emperador había permitido tales cosas. Parecía contradictorio. Crueldad por la crueldad misma. ¿Qué podía llevar al Emperador a tal extremo?
Él no lo sabía... Y parecía que a Xiaoshi y Tianlan no les importaba.
Estaban completamente concentrados en su objetivo. Su fuerza crecía día a día, a medida que descubrían más lugares donde podían extraer caminos dorados.
Pero a pesar de la dureza de su tarea y la determinación con la que la emprendieron, ambos conservaban una leve sensación de asombro. Sentían curiosidad por el mundo que gobernaba el Emperador, el mundo que esperaban salvar.
Juntos, se aventuraron por el mundo y conocieron la tierra y a sus gentes.
Y cómo la crueldad del Emperador afectó a todos.
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La primera vez que Xiaoshi vio a un miembro de una tribu feroz, tuvo que confesar que se sintió bastante decepcionado. Se decía que tenían colmillos y cuernos, u otras partes de animales. Otros afirmaban que eran caníbales y violadores sin excepción. Al principio, dudó en intervenir en su favor cuando encontró a un grupo de ellos capturados por soldados imperiales.
Por supuesto, lo que él sabía había sido difundido por los pregoneros del Emperador... Xiaoshi se había propuesto ignorar todo lo que habían dicho.
Lo que encontró, en cambio, fueron personas. De tez ligeramente más oscura, con ropas de distintos estilos y cortes, y acentos marcados. Sus expresiones eran las mismas que las de la gente del Imperio cuando les arrancó las cadenas.
‘Me gustan mucho los tatuajes de esa dama,’ dijo Tianlan, dirigiendo la mirada hacia una mujer que tenía un diseño interesante que parecía unos hermosos anillos alrededor de los dedos y un diseño en forma de flor en el dorso de la mano.
Xiaoshi coincidió en que le quedaba bastante bien. Sinceramente, eso era lo más diferente, según su parecer. Los tatuajes eran la marca de los pandilleros y los delincuentes, pero incluso las ancianas los tenían allí.
Al final, no se diferenciaban mucho de su propia gente.
Desde la roca donde estaba sentado, vigilaba a los hombres y mujeres que estaban abajo. Junto con su nuevo compañero, los había rescatado de la esclavitud y los había puesto a salvo en tierras donde el Emperador tenía menos poder.
Giró hacia el hombre que estaba a su lado, quien llevaba un pañuelo que le cubría el cabello y la frente. Unos ojos penetrantes lo observaban desde debajo, y su arma era una hoja atada a una cuerda. La había usado con gran eficacia, tanto para llevarse a la gente como para atar soldados.
Guo Daxian, legendario bandido, azote de esta zona, que se aprovechó de todo aquel que se encontraba bajo su mirada.
Al menos eso era lo que proclamaban los pregoneros del Emperador. Pero Xiaoshi comenzaba a sospechar que, en realidad, atacaba a menos inocentes de lo que contaban las historias.
Ningún bandido verdaderamente salvaje miraría a la gente con tanta preocupación.
“¿Por qué te llamas a ti mismo "bandido"?” Le preguntó Xiaoshi al otro hombre, a instancias de Tianlan.
El hombre del pañuelo se giró sorprendido ante su pregunta. Tras un instante de reflexión, respondió.
“Si soy un proscrito incluso para mi propio pueblo, el Emperador jamás podrá acusarlos de encubrirme,” dijo. “Juré que no tendría nombre que me guiara de regreso a mi familia. Moriría mil veces y soportaría toda deshonra antes de permitir que sufrieran daño alguno.” Las palabras de Guo Daxian estaban llenas de convicción. Xiaoshi podía sentir su Qi y su intención, rebosantes de sinceridad, emanando del otro hombre como una ola, e inclinó la cabeza en señal de reconocimiento.
En cierto modo, eso era lo que hacía Xiaoshi. Él se haría cargo de todo para que su pequeño pueblo nunca más tuviera que preocuparse.
Seguiría ese solitario camino hasta el final.
“Un objetivo noble,” dijo Xiaoshi, y el otro hombre comenzó a hablar.
“¿Un imperial llamándome noble? ¡Ja!” El miembro de la tribu soltó una carcajada, atrayendo la atención de la gente de abajo, antes de que su voz se apagara con un suspiro. “Las cosas... Las cosas no solían estar tan mal. Antes, solo tenía que lidiar con algún que otro indeseable. Ustedes, los imperiales, se quedaban en sus tierras y nos dejaban las sierras y los barrancos a nosotros. Pero ahora...” Señaló a la gente. La gente que, apenas unas horas antes, había temido por su vida. “Está organizando incursiones para capturar a cualquiera que pueda.”
“Mi objetivo es acabar con esto. Con esta sinrazón. Si para ello es necesario derrocar al Emperador, que así sea,” dijo Xiaoshi con sencillez.
Daxian se giró hacia él, con los ojos muy abiertos mientras miraba a Xiaoshi. Xiaoshi, por su parte, no apartaba la vista de la gente. ¿Por qué se peleaban? ¿Qué sentido tenía llamarlos salvajes? Claramente no lo eran. Era estúpido.
En lo más profundo de su alma podía sentir el asentimiento de Tianlan.
“¿Te estás rebelando contra el Emperador?” Preguntó Daxian con voz estrangulada.
“Sí,” respondió Xiaoshi, dejando que su Qi y el de Tianlan llenaran el aire. Las pupilas del otro hombre se dilataron al sentir temblar la tierra. “Detendré esta locura que el Emperador ha ordenado.”
Por un instante, el otro hombre se quedó boquiabierto... Antes de cerrar la boca de golpe. Respiró hondo. Y miró con recelo de un lado a otro.
Entonces se apretó el puño contra el corazón.
“El nombre de mis antepasados es Chengis. Mi propio nombre es Altan. Por la tierra y por el cielo te saludo, Xiaoshi. Si necesitas mi ayuda, te responderé.”
Xiaoshi sonrió y estrechó el brazo del hombre, como compañeros guerreros.
Ambos giraron la mirada hacia los mortales que estaban debajo. Cuando terminaron de comer, los mortales hicieron un gesto extraño: tocaron la tierra y luego alzaron las manos hacia el cielo.
“¿Por qué hacen eso?” Preguntó Xiaoshi.
“Dan gracias al cielo y a la tierra,” respondió Altan mientras tocaba la roca bajo él y luego levantaba la mano. “Damos gracias al Padre Cielo y a la Madre Tierra por la generosidad que hemos recibido.”
“Ah, me dan las gracias, ¿eh?” Reflexionó Tianlan, carcajeando. “Me caen bien estos chicos, Xiaoshi. ¡Me tratan de maravilla!”
Xiaoshi sonrió ante la emoción... Y luego imitó el gesto, tocando el suelo.
“Gracias siempre por tu ayuda, Tianlan,” susurró Xiaoshi, y sintió cómo su compañera se ruborizaba. Luego giró hacia Daxian. “¿Me mostrarás cómo vives?” Preguntó. El hombre pareció sorprendido de nuevo, y su mirada penetrante se suavizó. Xiaoshi se sintió un poco mal, pues sus intenciones eran simplemente acceder a más tierras para extraer las Venas de Dragón de Tianlan… Pero le interesaban. A Tianlan también.
“¡Por supuesto! ¡Ya verás cómo hacen las cosas la gente del barranco, amigo mío!”
Esperaba volver a visitarlo cuando todo esto terminara.
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Guo Daxian. Un nombre que aún se usa milenios después, y una cultura que aún prospera. El pañuelo se parecía al del hombre de las Picos de Duelo, aquel cuyos tatuajes le habían gustado a Tigu.
No todas las aventuras de Xiaoshi y Tianlan fueron de batalla y violencia. La mayor parte del tiempo, su camino transcurría sin interrupciones mientras recorrían las Montañas Azures. Bi De observaba con silencioso asombro la inmensa cantidad de recursos de cultivación que encontraban en su camino... Su yo del pasado se habría horrorizado ante tal desperdicio, e incluso ahora estaba atónito por la calidad y cantidad de objetos imbuidos de Qi que hallaban.
Una vez, Xiaoshi probó una píldora, pero no tuvo ningún efecto. Fue como una gota de agua en el océano. El Qi de Tianlan era demasiado vasto y poderoso como para que ni siquiera cien mil píldoras pudieran afectarlo.
Así que las fueron recolectando para intercambiarlas y comerciar con ellas, mientras continuaban su camino.
Sus pies los llevaron a la tierra de ríos y lagos, la región que se conocería como el Mar de Hierba. El corazón del Imperio, en muchos sentidos. Había pocas montañas y el terreno era mayormente llano, aunque surcado por cientos de miles de ríos y lagos. Los fértiles valles se extendían junto a los ríos, y enormes cantidades de arroz alimentaban a la gente del Imperio. En ese sentido, poco había cambiado. Pero, aun así, resultaba impactante contemplar la magnitud de lo ocurrido. Los Picos de Duelo, que por aquel entonces aún permanecían intactos, se ubicaban en una isla.
A continuación, la pareja viajó al Lago Brumoso.
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Xiaoshi se inclinó ante una carpa del doble del tamaño de un oso hormiguero que descansaba en el estanque, atendida por sacerdotes y sacerdotisas. Le cepillaban las escamas, le acicalaban los bigotes y le ofrecían exquisitos manjares. Su bóveda estaba bellamente adornada, proclamando su poder y riqueza.
“¿Todo esto por un pez?” Preguntó Tianlan, curiosa.
Xiaoshi ignoró deliberadamente sus preguntas, incluso cuando ella lo presionaba.
“La mayoría pensaría en usar este tesoro para sí mismos. Sin embargo, nos lo ofreciste sin pensarlo dos veces”, rugió el pez gigante.
“Simplemente devuelvo lo robado, Gran Señor del Lago Brumoso,” respondió Xiaoshi, refiriéndose a una perla de gran poder. La verdad es que la había encontrado por casualidad al asomar la cabeza en una cueva.
La carpa asintió con su enorme cabeza. “¿Qué favor me pides, muchacho?” Preguntó el gran pez.
“Simplemente deseo poder contemplar su dominio en todo su esplendor,” respondió Xiaoshi. Su respuesta fue un tanto engañosa, ya que necesitaban dragar las venas de esta zona y el lago era realmente inmenso. Esperaba haber sonado lo suficientemente respetuoso; apenas sabía cómo tratar con personas de modales refinados.
La gran carpa lo miró fijamente antes de soltar una carcajada estruendosa. “¡Un deseo magnífico! Nuestro reino es un espectáculo digno de admirar, ¡y tienes un ojo perspicaz para saber que será algo maravilloso! ¡No me disgusta la petición, pequeño humano!”
Con un estallido de energía, la carpa se movió, y en su palacio apareció un dragón. Tenía cuatro dedos y una magnífica melena, que revelaba su estatus como príncipe de los cielos.
‘Ah. Un pez así era raro. ¿Un dragón? Sí, ya lo veo,’ reflexionó Tianlan, mientras miraba a la bestia gigante a través de los ojos de Xiaoshi.
“¡Liu! ¡Acompaña a nuestro invitado alrededor de nuestro glorioso lago!” Ordenó el Gran Señor del Lago Brumoso.
Una mujer ataviada con las vestiduras de una sacerdotisa se acercó. Su cabello era ondulado y de un azul oscuro, y su figura esbelta. Sus ojos eran del color de las nubes de tormenta, y dos cuernos de dragón asomaban a los lados de su cráneo.
“Sí, Venerable Ancestro,” respondió la chica con recato.
Xiaoshi esperaba una pequeña barcaza fluvial.
En cambio, lo que embarcaron era palaciego. Navegaron sobre el agua mientras los llevaban al enorme lago envuelto en la niebla, atendidos esmeradamente por un atento grupo de sirvientes que manejaban el bote.
Xiaoshi tuvo que admitir que probablemente se lo había pasado bien más de lo que debía, especialmente cuando la sacerdotisa Liu se aferró a su brazo y le sonrió dulcemente.
Tianlan estaba distraída, no por las suaves manos de la mujer, sino por otra cosa.
‘Toca sus cuernos. ¿Qué se siente al tocar sus cuernos?’ Exigió.
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Durante toda la visita, Bi De esperaba que la mujer estallara en carcajadas. En cambio, la antepasada de Liu Xianghua se mostró formal, recatada y casi en silencio mientras le enseñaba a Xiaoshi las formaciones que controlaban la niebla alrededor del lago y la convertían en sólida. Al parecer, incluso podían repeler el poderío de los ejércitos del Emperador, si fuera necesario.
Pero Xiaoshi no les pidió que se unieran a él. Ambos se conectaron con la tierra en el lago... Y luego se despidieron del dragón, sin pedir nada más.
Desde los lagos, continuaron su viaje. Pasaron el Bosque Atrapanubes y llegaron a la zona que Bi De conocía mejor.
El Norte.
La tierra ardía con un calor abrasador y grandes géiseres entraban en erupción, lanzando agua a miles de metros de altura. Manantiales hirvientes burbujeaban y fluían, alimentando lagos tan calientes que se podían cocer huevos en ellos. Era un paisaje desolado y escasamente poblado. Perpetuamente brumoso, pues el fuego de la tierra combatía el frío del Norte, derritiendo la nieve hasta que solo se acumulaba en las cumbres. Allí, los túneles subterráneos conducían a grandes bóvedas de magma y a las Bestias Espirituales que las habitaban.
En esta tierra de fuego se encontraba otro grupo de personas conocidas: los Ancestros de Yun Ren.
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Los rumores de que los bárbaros estaban reuniendo un gran ejército resultaron ser ciertos. Se habían congregado por miles, pero en lugar de un gran ejército vociferante con la intención de saquear el Imperio Azul, simplemente... Se marchaban.
“¿Adónde van?” Le preguntó Xiaoshi a su líder, un profeta cuyos ojos lechosos parecían penetrar su alma. Sus ropas eran un estallido de color, rojos y azules con diseños geométricos, similares a los de la tribu de Altan.
“Nuestros parientes del Sur no abandonarán su valle. Y respetaremos su decisión. Nos dirigimos al límite del Muro de Niebla e intentaremos sobrevivir a la tormenta que se avecina. Tiempos oscuros se avecinan, hijo.”
Xiaoshi inclinó la cabeza.
“Entonces cubriré su retirada. Nadie del Imperio les hará daño.”
El profeta sonrió. “Gracias, Xiaoshi. Que la luz de los cielos te guíe.”
Y con esas palabras, las tribus del Norte partieron, rumbo al Muro de Niebla y al frío perpetuo.
Xiaoshi cerró los ojos y los dejó ir, rezando por su buena fortuna mientras se alejaba.
“Tianlan,” él preguntó.
Su compañera más querida respondió a su llamada.
Un ejército del Emperador, de miles de hombres, se dirigía al Norte. Era lo suficientemente grande como para aplastar por completo a cualquier enemigo que se les presentara. Las tribus bárbaras no serían rival para ellos.
Pero en lugar de tribus, el ejército encontró un muro tan alto como las montañas más altas que bloqueaba su camino.
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Llevaban ya más de un año viajando. Bi De observaba el cambio de las estaciones. Presenció cómo Xiaoshi y Tianlan construían una casa en lo profundo de su reino. Un auténtico palacio para ella... Aunque más que nada lo habían hecho en broma.
Y entonces Xiaoshi se quedó solo todo el invierno. Bi De sintió la profunda soledad mientras Xiaoshi contaba los días hasta que ella despertara. Cómo pasaba casi todos los días trabajando solo en los Caminos Dorados.
Fue agotador. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para continuar, lo que demuestra todo el trabajo que Tianlan hizo por ambos.
Odiaba el silencio de su ausencia. Ya no estaba allí, parloteando sin parar sobre él, ni haciendo chistes tontos ni comentarios obvios.
Pero Xiaoshi parecía creer que la soledad no lo detendría. Él era un pilar. Podía trabajar perfectamente sin ella.
La situación se tornaba cada vez más peligrosa con el paso del tiempo. Se corrió la voz sobre un vagabundo solitario, el principal rebelde del Imperio. Se ordenaba matarlo al instante, y cualquiera que viajara solo por los caminos era interrogado con dureza.
Para ocultar su identidad y su trabajo, Xiaoshi adoptó la identidad de un comerciante de gemas. Era bastante fácil cuando uno podía ordenar a la tierra que diera sus frutos.
Su solitario camino lo condujo al gran Escudo del Noreste. Allí, el suelo era casi roca sólida, y se alzaban montañas de mármol puro. Artesanos trabajaban sin descanso, día y noche, tallando runas de poder en la roca por orden del Emperador.
Al igual que en el pueblo de Luna Pálida, la gente estaba descontenta, aunque poco podían hacer. Los ejércitos del Emperador estaban siempre presentes y la zona estaba fuertemente patrullada.
Así que Xiaoshi se mantuvo discreto, vendiendo sus mercancías para despistar. Ofrecía sus productos al jefe, un tal Tie Desan, de aspecto irritado, quien miraba con recelo a los soldados alojados en su casa. Era corpulento y tenía las mejillas llenas de pecas.
Bi De pensó que Tigu tenía razón. Era bastante atractivo.
Xiaoshi no creía que pudiera expulsar a toda una guarnición todavía sin causar un daño indebido a su gente.
Así que, en vez de eso, buscó alojamiento para pasar la noche. Un lugar donde relajarse y desconectar.
Había oído hablar de una compañía de ópera. Así que, como nunca había visto una ópera, decidió ir a verla. ¿Quizás le traería buenos sueños a Tianlan?
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Xiaoshi quedó fascinado por los movimientos de la mujer velada. Se llamaba Ruolan, la directora de la compañía de ópera. Decían que había alcanzado la maestría en la ópera a los once años, y ahora, a los dieciocho, dirigía una de las compañías más prestigiosas del país.
Su forma de moverse atraía todas las miradas, tanto de hombres como de mujeres. Le provocaba una sensación de mariposas en el estómago, como si lo estuviera hipnotizando.
Su voz no hizo sino potenciar el efecto. Cuando cantaba, la pureza y la dulzura de su sonido resultaban completamente cautivadoras.
Xiaoshi se habría dejado llevar con gusto por el canto y el baile de la compañía de ópera... Si el tema de su actuación no le hubiera puesto nervioso.
La mujer velada cantaba sobre un hombre que corregía injusticias y desafiaba a los cielos. Podría haber sido una canción sobre cualquier cultivador, si uno fuera ciego y sordo a sus referencias.
Hizo referencia directa a una de sus emboscadas contra una caravana de guardias.
Todos en la sala sabían de qué cantaba, aunque ella hizo lo mínimo indispensable para dejar claro que no estaba elogiando abiertamente a un hombre que luchaba contra el Emperador.
Xiaoshi hizo una mueca. ¿Así era como se propagaban las cosas tan rápido? Había esperado poder viajar con más libertad, y esa mujer lo estaba arruinando.
Así que esa noche, después de su actuación, él decidió visitarla.
Iba a invitarla a tomar el té e intentar entablar una conversación de ese tipo... Pero a Tianlan siempre le había gustado asustar a la gente. Sería una buena anécdota para entretener a su compañera cuando despertara; y la mujer se lo merecía por haberle complicado la vida innecesariamente. Entrar en la habitación de la cantante fue pan comido.
Fue un poco incómodo esperar en sus aposentos, detrás de la puerta. En los relatos, los cultivadores aparecían de repente. En cambio, él tuvo que esperar más de una hora, preguntándose si estaba en la habitación correcta, hasta que Ruolan finalmente entró.
Al menos ella no se percató de su presencia.
“Una elección de canción interesante,” comenzó Xiaoshi, de pie detrás de ella. La mujer se sobresaltó, a medio quitarse el velo. Se giró bruscamente hacia un lado, mirándolo con sorpresa.
Ella jadeó. Xiaoshi se preparó para hablar, esperando que la conversación se desarrollara como él deseaba.
“¡Oh! ¡Oh, eres él!” Exclamó la mujer con voz melodiosa. Xiaoshi se quedó asombrado por el entusiasmo desbordante de la mujer. “¿Le gustó, señor? Ruolan espera haber hecho justicia a sus hazañas.”
Sus manos volvieron a buscar su velo, y cuando se lo quitó, Xiaoshi se quedó atónito.
Ruolan era la mujer más hermosa que jamás había visto. Las suaves curvas de su rostro y su piel blanca como la leche eran irresistibles, y podía perderse en sus ojos azul cristalino.
La mujer notó su mirada, y su sonrisa se tornó ligeramente depredadora.
Negando con la cabeza, tosió en su mano. “Yo… En realidad, quisiera pedirle que pares. Estás dificultando bastante mi movilidad si sigues difundiendo esa historia.”
Ruolan hizo una pausa a petición suya. Su rostro se congeló.
“Esta Ruolan se disculpa, señor… Pero ella no puede,” afirmó sin rodeos. “Aunque le cueste la vida, no dejará de cantar su historia.”
"¿Por qué?"
“La canción trae esperanza,” respondió. “Trae esperanza a los oprimidos. Difunde la noticia de que hay alguien luchando y ganando. La era está cambiando. Dígame, ¿ha oído los susurros del pueblo? ¿Las canciones que cantan cuando los guardias no miran?”
Xiaoshi hizo una mueca. Sí, las había escuchado. El mundo estaba al borde del colapso, y si él no hubiera sido el detonante, algo más lo habría sido.
“Puedo oírlo en mis sueños. El mundo late al compás de distintas melodías. El Emperador se sienta ligero en su trono. Capturaré la esencia de esta era… Aunque me cueste la vida.”
Los ojos de Ruolan prácticamente resplandecían con Qi al hacer su declaración. Resolución firme como una montaña.
“Eres una mujer bastante extraña, Ruolan,” concluyó Xiaoshi. A pesar de todo su poder, esta hermosa flor era… Intimidante.
Ruolan se rio, y ese maravilloso sonido hizo que su corazón latiera más rápido.
“Todo por el arte… Y me encanta cantar sobre héroes.”
Su rostro se pegó al de Xiaoshi, y él se quedó sin palabras ante su belleza. Ella deslizó dos dedos por su pecho, pareciendo deleitarse con sus reacciones.
“Dime, ¿cómo puede ayudarle esta Ruolan...?” La mujer prácticamente ronroneó.
Xiaoshi deseaba con todas sus fuerzas que Tianlan estuviera despierta en ese momento para decir alguna tontería y distraerlo. Pensó desesperadamente en Linlin... Pero no creía que eso sirviera de mucha defensa.
Ruolan parecía el tipo de mujer a la que no se le podía negar nada.
❄️❄️❄️
La sonrisa coqueta y el coqueteo descarado de una mujer que se parecía exactamente a la discípula Xiulan sacaron a Bi De del recuerdo.
Se quedó mirando fijamente, sin comprender, intentando conciliar la suave sonrisa habitual de Xiulan con... Aquello. La mirada de la mujer recordaba más a la de la Sabia Sanadora que a la de su compañera discípula.
“¡Dame ese trasero! ¡Dame ese trasero!” Gritó ansiosamente una imaginaria Discípula Xiulan, con las manos agarrando el aire.
El gallo sacudió la cabeza, disipando la aterradora imagen. Ya tenían una Sabia Sanadora, y aunque la quería muchísimo... Sin duda no necesitaban una segunda.
Pero Xiaoshi sí necesitaba una mujer como Ruolan que le ayudara.
Originalmente, Xiaoshi no tenía intención de reunir un gran ejército para enfrentarse al Emperador. Tal era la fuerza del gobernante que cualquier Xiaoshi al que se le pidiera ayuda para combatir al loco seguramente perecería.
Pero después de Ruolan, lo notó más: notó que la gente comenzaba a armarse. El resultado fue que se rebelarían poco a poco y serían masacrados poco a poco.
Así que tuvo que controlarlo. Su guerra ya no era un secreto.
Y así se transmitió, por los callejones y en los escenarios. La historia se extendió y se extendió, calando hondo en los corazones y las mentes de la gente de las Colinas Azures.
El Canto contra los Cielos.
Una canción que alcanzó una popularidad creciente cuando tierras negras y corruptas comenzaron a aparecer por todo el reino.
Cuando aparecía, siempre se encontraban soldados imperiales a su alrededor, junto con extrañas formaciones y piedras de barrera. Decían que los enviaban para contener los brotes... Pero la gente no les creía.
La guerra fría y silenciosa estalló repentinamente cuando, en toda la provincia, el pueblo alzó sus banderas en señal de rebelión.
Aun mientras las batallas se libraban con furia, Bi De comprendió que el Emperador no podía ser el responsable de aquella tierra negra y desolada. Los hombres no provocan semejante devastación para luego enviar soldados a custodiar los lugares.
Bi De reflexionó sobre las acciones del Emperador.
Aumento de impuestos. Mayor utilización de mano de obra. Drenando la tierra de sus bendiciones.
¿Qué motivo tendría un hombre para hacer algo así?
Bi De... Creía saber la respuesta.



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