Capítulo 39
La Ruptura De [天] Final
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Edición: Radak, Sho Hazama
Por supuesto, él luchó contra ellos. Cuando le empezó a picar la espalda y le dolía todo el cuerpo, supo que había demonios que venían a través del Muro de Niebla. Era algo reciente que pudiera sentirlos. Nunca antes había podido, ni siquiera cuando estaba con Tianlan.
Le llevó demasiado tiempo darse cuenta de que ella había absorbido todo el dolor para sí misma antes, y que ahora, separados, él solo experimentaba una fracción de su dolor.
Salía a buscarlos dondequiera que los encontraba y los aniquilaba por completo. Eran una molestia irritante y exasperante, hasta el punto de que Xiaoshi pensó que podría volverse loco.
“¡¿Cómo lo soportas?!” Le exigió a Tianlan.
Su mejor amiga sonrió. “No duele tanto. Puedo soportarlo,” respondió, subiéndose la manga y dejando al descubierto las manchas negras en sus brazos.
La rodeaban el doble que a él, y sintió que se le encogía el corazón. Una de las personas a las que había jurado proteger estaba sufriendo. Una de las personas más importantes para él.
“¡Está bien! Trabajaremos juntos como en los viejos tiempos. Yo me encargaré de esta mitad de la provincia, tú de la otra mitad, ¡y nosotros nos ocuparemos de todo!” Dijo con una sonrisa.
Que Tianlan luchara y resultara aún más herida se sentía muy mal. Era un fracaso por su parte.
“Ya me ayudas bastante, Tianlan. Tengo un plan. Solo necesitamos esperar un poco más y desterraré a los demonios para siempre,” dijo. Vio que Tianlan se animaba al oírlo. “De todas formas, no necesito hacer tanto papeleo. Se lo pasaré a Kongming y luego me iré de aventuras, como a ti tanto te gusta. Hace tiempo que no me tomo un descanso.”
“Estás... ¿Estás seguro? Definitivamente puedo ayudarte,” dijo Tianlan.
“Está bien. Son solo unos cuantos demonios, ¡y me estoy oxidando!”
“Si de verdad estás seguro,” susurró ella, pero Xiaoshi ya se iba.
Él tenía que resistir. Él tenía que resistir, y todo saldría bien.
❄️❄️❄️
El sueño pasó de ser placentero a amargo.
Tianlan pasó muchos días meditando. Recorrió su cuerpo buscando demonios y limpiando las zonas infectadas.
Estaban lastimando a Xiaoshi, y eso era algo que ella no podía soportar.
Había perdido la conciencia de su cuerpo, pero aún podía hacer esto.
Lo único que sabía era que su Conectado estaba muy preocupado. Sin embargo, sus preguntas directas sobre cuánto le dolían las partes infectadas fueron ignoradas.
Ella podía soportar un poco de dolor. Él ya tenía bastante con lo suyo, sin que un poco de molestia por su parte le preocupara aún más.
Ella podía soportar heridas más profundas que esta. Él tenía algún plan, siempre lo tenía. Aunque ahora mismo se mostrara reservado al respecto.
❄️❄️❄️
En el primer solsticio, la energía de la tierra surgió con fuerza mientras su gente realizaba sus actos a la perfección.
El Muro de Niebla fue reforzado. Funcionó.
“¡Xiaoshi, ¿qué demonios fue eso?!” Gritó Tianlan, irrumpiendo en la habitación. Tenía el pelo revuelto y parecía recién despertada.
El despertar de Tianlan había sido un efecto secundario inesperado pero bienvenido del empoderamiento que todos le estaban dando a la tierra.
Su mejor amiga se sentía mejor que nunca.
Una vez más, pudo cumplir su promesa de un mundo mejor. Una vez más, sostuvo el cielo para todos. Tianlan vivió sus días sin miedo ni dolor.
Su gente inventó maravillas. Destiladores gigantescos, capaces de extraer las impurezas de cualquier cosa que se les introdujera y refinarla a la perfección. Magníficos sistemas de alambiques, incluso para los hogares más humildes, gracias a las construcciones de la Dama Cao y Mengde. Alimañas eran expulsadas y los alimentos se conservaban frescos durante años.
Los Picos de Duelo crecieron y crecieron a medida que se añadían más formaciones y más arenas.
La gente estaba contenta.
Aunque… No estuvo exento de tristezas. Diez años después de que la formación se estableció, la primera persona a la que amó falleció.
Linlin no era cultivadora. Jamás podría serlo. Su cabello se volvió gris y su rostro se arrugó. Ningún reactivo podía evitarlo. Ninguna medicina la ayudaría.
Con tan solo ciento diez, ochenta y cinco años después de que Xiaoshi se convirtiera en Emperador, Linlin murió de vejez.
Recordaba el solemne funeral. Recordaba las lágrimas de Tianlan mientras ella inclinaba la cabeza. Pero junto a esas lágrimas, una sonrisa maravillosa. Una sonrisa llena de orgullo, cuando felicitó a Linlin por su larga vida.
Pero, sobre todo, recordaba el vacío que sentía en el pecho al haberla perdido.
Pero endureció su corazón y siguió adelante.
O al menos lo intentaron. Ya no quedaban venas de dragón que extraer. Él y Tianlan jamás se harían más fuertes. Habían alcanzado su máximo potencial.
❄️❄️❄️
Tianlan abrazó con fuerza una almohada contra su pecho. Todavía recordaba las dulces canciones de cuna y los dedos acariciando su cabello.
El mundo a su alrededor prosperó; su gente construyó grandes monumentos y ciudades asombrosas. Crearon ingeniosos dispositivos y avanzaron con una sonrisa en el rostro.
Para Tianlan fue un honor y un privilegio verlos crecer. Estar con ellos era su mayor alegría.
Presenció los torneos en las Picos de Duelo. Recorrió el barranco con Altan y participó en sus festivales. Saltó por toda la provincia con Dian, el Perro del Templo, siempre de buen humor.
Ella amaba a su gente. Y, a su vez, ellos la amaban a ella.
Y, sin embargo, a pesar de que estaban logrando mantener la línea “a pesar de que nunca infligieron a su pueblo lo que el Emperador Azur había hecho” Tianlan y Xiaoshi ya no hablaban tanto como antes.
¿Quizás fue la muerte de Linlin lo que hizo que se distanciaran un poco más?
Tianlan no se había dado cuenta al principio, pero luego comprendió que los sueños en los que se sentaban juntos se habían vuelto cada vez más raros.
Los días en que hablaban empezaron a convertirse en un recuerdo; ambos estaban tan absortos en sus propias vidas, que cada vez que Tianlan iba a ver si Xiaoshi estaba bien, terminaban bebiendo mucho y recordando el pasado.
Se sentía como vacía. Como si algo importante se le estuviera escapando de las manos.
❄️❄️❄️
Una década pasó.
Aun con el Muro de Niebla reforzado, cada vez más demonios lograban atravesarlo, y tanto él como Tianlan tenían que dedicar cada vez más tiempo a luchar… Y Xiaoshi comenzaba a sentir el cansancio. Por alguna razón, se estaba volviendo más lento.
Ahora, demonios aún más poderosos intentaban colarse en su hogar. Estos demonios eran más silenciosos. Más sutiles…
Habían atacado a Kongming mientras su amigo estaba inspeccionando un pueblo del Norte. Xiaoshi solía encargarle esta tarea a menudo, tras el fiasco del Octavo Lugar Correcto. Se sentía honrado y conmovido de que su gente confiara tanto en su palabra como para desafiar las constantes inundaciones. Fue una lástima que Kongming hubiera ido él mismo.
Marchó hasta donde estaba su primer ministro, postrado en cama.
“¡Mi señor! No tiene por qué preocuparse por mi bienestar,” comenzó Kongming, pero se interrumpió cuando Dian le gruñó.
“Él huele a demonio,” declaró su fiel compañero canino. “Su Qi está corrompido. En el fondo, huele a sangre y aceite.”
Kongming sonrió con una mueca enfermiza. “El veneno de los demonios es poderoso. Por mucho que lo intenten, ni siquiera nuestros sanadores más poderosos pueden eliminar la putrefacción de mi sangre.”
Xiaoshi hizo una mueca, mientras que el Perro del Templo se detuvo, con los ojos entrecerrados ante la proclamación.
“Dian, no vuelvas a insultar a nuestro amigo,” ordenó Xiaoshi, y el perro inclinó la cabeza. Xiaoshi suspiró al ver la mirada lastimera de Dian y le rascó detrás de las orejas antes de girar hacia Kongming. “¿Necesitas una licencia? Puedo nombrar a otro primer ministro. Lo que necesites, lo tendrás, Kongming.”
Su viejo amigo sonrió. “Solo pido que se me permita continuar con mis deberes hasta mi muerte. Deseo ver prosperar a nuestro Imperio, incluso hasta mi último aliento.”
¿Qué podía hacer Xiaoshi sino aceptar? Tianlan y los mejores médicos se enfocaron en él, haciendo todo lo posible. Desde grandes formaciones hasta los mejores recursos, emplearon todos sus recursos para librar a Kongming del veneno.
Pero nunca lograron eliminar por completo el Qi Demoníaco de su cuerpo. Permanecía en él, en su sangre... Pero al menos parecían haber evitado que le hiciera daño.
❄️❄️❄️
Lenta pero seguramente, la promesa de Xiaoshi a su pueblo comenzó a flaquear. El fortalecimiento de Tianlan y el Muro de Niebla no avanzaban con la suficiente rapidez. No era suficiente, e incluso con sus mayores esfuerzos, los demonios lograban infiltrarse. Una vez más, Xiaoshi tuvo que formar un ejército. Tuvo que aumentar los impuestos, a pesar de haber jurado que no lo haría. Tuvo que poner a su gente a trabajar arduamente en diversos proyectos.
Por mucho que jurara que no sería como el Emperador del Azur, se encontró contemplando medidas idénticas; la única diferencia era que aún no había látigos, y la gente era obligada a trabajar en los proyectos necesarios para mantener alejados a los demonios.
El reino comenzó a sufrir. La gente murmuraba que era la venganza de los malvados. Pero rara vez se enteraban de la magnitud del daño.
Cada vez que entraba un demonio, era una declaración de que tal vez Xiaoshi se había equivocado al decir que era mejor que el hombre al que había derrocado.
Los demonios se volvían cada vez más astutos, mientras infiltraban sus fuerzas. Intentaban atacar las aldeas más alejadas, pero Xiaoshi no lo permitiría. Siempre que lograban atravesar el Muro de Niebla, él estaba allí para enfrentarlos.
Su Qi les dolía cada vez menos... Pero sus tácticas eran más preocupantes.
Lo peor eran los susurros. Aquellas criaturas inmundas habían empezado a hablarle. Incluso mientras luchaba contra ellas, incluso mientras las derrotaba, le susurraban.
Dijeron mentiras, mil mentiras: que Tianlan lo iba a matar cuando todo esto terminara. Que él moriría y eso alimentaría su poder.
Pero era un cultivador, así que obviamente aquello fue una tontería. Era más fuerte que el Emperador del Azur. ¿Cómo iba a morir, de viejo? Seguramente ascendería y se volvería inmortal, ¿no?
Hizo todo lo posible por ignorarlos... Pero una vocecita en su interior sabía lo contrario.
Xiaoshi sabía que decían la verdad. Porque cuando se miró al espejo, lo vio. Cada vez que se movía, empezaba a sentirlo, a pesar del Qi que corría por sus venas y de los dones de Tianlan.
Estaba envejeciendo.
❄️❄️❄️
Tianlan estaba tan contenta de que volvieran a trabajar juntos. ¡Últimamente habían estado muy ocupados! ¡No había visto a Xiaoshi en cuatro años! Quizás... Bueno, quizás no en las circunstancias ideales, pero una vez más eran ellos dos contra el mundo. Librando una justa batalla contra fuerzas malignas.
Eran, una vez más, los protectores. Y, como antes, todos estaban unidos. No existían líneas de batalla definidas, ya que el enemigo intentaría infiltrarse por todos lados. En su lugar, contaban con fuerzas de reacción rápida, listas para llevar la lucha al enemigo.
Pero Xiaoshi parecía simplemente cansado. Ella hizo todo lo posible por animarlo. Habló de los viejos tiempos que habían vivido juntos y de todos los buenos momentos que les esperaban cuando todo esto terminara.
“Juntos hasta que la muerte nos separe, ¿eh?” Preguntó, mientras Tianlan le rodeaba el hombro con un brazo. Había un tono extraño en su voz.
“¡Sí! Aunque no puedo decir que tenga ganas de comerme tus huesos en descomposición. Sabes horrible,” ella bromeó, dándole un codazo en el costado.
Su sonrisa se congeló y su conexión se tensó desagradablemente, lo suficiente como para que Tianlan pudiera sentirlo.
“¿Xiaoshi? ¿Estás bien?” Le preguntó preocupada.
Hizo una mueca. “Nada. Eso no fue nada gracioso,” dijo después de un momento.
“¡Entonces es culpa tuya! ¡Tú fuiste quien dijo que mi sentido del humor era genial, ¿y ahora cambias de opinión?!”, ella exigió.
Su sonrisa volvió a aparecer. Pero seguía siendo apagada.
❄️❄️❄️
Xiaoshi no sabía si se sentía traicionado o no. Se preguntaba si sus palabras realmente eran solo una broma.
Los demonios parecían cada vez más regocijándose mientras lo atormentaban.
Algo feo surgió en su interior, mientras sus huesos comenzaban a crujir cada vez más.
Xiaoshi había aprendido bastante de Cao Li y sus amigos monos cuando se creó la formación. Se habían asegurado de recalcar los riesgos de lo que habían creado: cómo, si alguien alguna vez encontraba la manera de acceder a la Gran Formación, podría usarse para el mal.
Pero habían confiado en él. Era el Emperador que los había liberado. Por supuesto que siempre velaría por su bienestar.
En silencio, y con la ayuda de Kongming... Realizó algunos cambios en la formación.
❄️❄️❄️
La noche del solsticio, solo estaban él y Kongming. Las heridas del hombre aún apestaban a Qi Demoníaco, pero el viejo amigo de Xiaoshi perseveró con tenacidad, ayudándolo en todo lo que podía. Había sido fundamental para que Xiaoshi cambiara la formación, y era el único que lo entendía. Al fin y al cabo, era la mano derecha de Xiaoshi.
Xiaoshi había ordenado a Dian, el Perro del Templo, que le hiciera compañía a Tianlan mientras viajaba por el campo.
Principalmente porque no sabía si el perro consideraría justas sus acciones de esa noche. Y no podía soportar ver la mirada de Dian cuando el ritual terminara.
“¿Estás seguro?” Le preguntó Kongming mientras Xiaoshi permanecía en el centro de la provincia. En el centro de la formación.
“Sí. Sí, estoy seguro.”
La formación era ahora de consumo.
Podía sentir la sonrisa de suficiencia del Emperador del Azul desde el más allá. Podía saborear su risa burlona.
Drenaría todo el poder que su pueblo utilizaba... Y lo canalizaría por completo hacia sí mismo. No les haría daño. Se había asegurado de ello. Pero sí absorbería todo su poder por un instante. Millones de cultivadores y Bestias Espirituales alimentarían su ascensión. Tal como lo había planeado el Emperador original.
Necesitaba fuerzas para afrontar la pesadilla que se avecinaba. Necesitaba fuerzas para proteger a todo su pueblo.
Ese camino era un callejón sin salida. No podía permitirse morir de viejo. No podía permitirse seguir tan débil.
Podía sentir que el ritual comenzaba.
Tomó aire mientras el poder de toda una provincia comenzaba a surgir, en la noche de muerte y renovación.
Estaba preparado.
Tocó los hilos dorados y deshilachados que aún lo unían a Tianlan. Los cortaría y comenzaría un nuevo camino. Eso destruiría la conexión entre sus almas.
Alzó un hacha metafórica para cortarla... E hizo una pausa.
¿De verdad iba a tirar todo por la borda? ¿De verdad iba a abandonar el vínculo con su amiga más querida?
Los caracteres a su alrededor giraban y daban vueltas.
Recordaba la sonrisa de Tianlan.
No había hablado con ella sobre esto. No se había despedido, y ahora simplemente estaba tomando decisiones por su cuenta.
Él la estaba dejando, igual que Linlin lo había dejado a él.
Hizo una pausa mientras el poder aumentaba.
¿Cuánto tiempo hacía que no hablaban de verdad? ¿Cuánto tiempo hacía que él había dejado de confiar en ella? ¿Treinta años? ¿Cuarenta?
Cada vez que se veían, ella intentaba apoyarlo. Incluso se ofreció a abandonar su cuerpo durante la guerra para que pudieran volver a ser uno solo, pero él se negó.
Ella siempre había estado ahí para él. Y ahora él estaba a punto de tirarlo todo por la borda sin decir una palabra.
Volvió a tocar suavemente los hilos dorados.
Y dejó que el poder se desvaneciera. Sintió cómo su Qi se esfumaba, entrando en la conexión entre él y Tianlan.
No. No podía hacerlo. No podía lastimarla así. Tampoco podía aprovecharse de su gente de esa manera. Tendría que encontrar otra forma.
“¡Xiaoshi!” Gritó Kongming con voz estrangulada a modo de advertencia, antes de soltar una tos estremecedora. La sangre salpicó el suelo.
Xiaoshi se giró, sintiendo cómo la preocupación se formaba en su corazón al oír el tono de voz de su primer ministro.
Eso fue todo lo que recibió antes de que una espada le atravesara la espalda y le saliera del pecho.
No. No espada. Es una extremidad afilada.
El demonio que estaba adherido al otro lado, surgiendo del charco de vómito y sangre que Kongming estaba escupiendo, sonrió.
Pero no hacia Xiaoshi. En el conjunto de caracteres en espiral, que acababa de empezar a desvanecerse.
“Fueron de lo más desagradables tus métodos para intentar eliminarme,” reflexionó el demonio, lanzándole una mirada a Xiaoshi. La criatura era extrañamente elocuente. Más sangre brotó de Kongming, quien temblaba mientras se desangraba rápidamente, formando el resto del cuerpo del demonio. “Este Zhong Shen te felicitará por tus esfuerzos. Tus patéticos intentos casi tuvieron éxito. Debemos perfeccionar aún más el Triunfo del Cuco Crepuscular.”
Un veneno demoníaco ardía en las venas de Xiaoshi. El monstruo lo arrojó a un lado con desdén.
Luego se adentró en el centro de la provincia.
Hacia el centro de la formación de consumo.
Con un solo dedo brillante, tocó las Venas de Dragón, provocando que los caracteres azures se volvieran de un color púrpura enfermizo.
“Ahora, bailen para mí, amigos míos.”
❄️❄️❄️
Los sueños la llevaron a tener pesadillas y recordó el momento en que todo empezó a desmoronarse.
Tianlan tarareaba mientras saltaba montañas, rumbo a la Región de los Lagos. Dian corría a su lado, el gran perro peludo alerta ante la presencia de demonios y listo para protegerla... Aunque en realidad no lo necesitaba. Aun así, era agradable tener otro amigo a su lado.
Podían beber juntos. Ella tenía botellas de vino, así como zumo de frutas, debido a la condición de Ruolan.
¡Embarazada! ¡En serio, Ruolan lo ocultó durante meses, la tonta! Encerrada en su mansión y muerta de miedo ante la idea de ser madre.
Tianlan pronto tendría a sus pequeños Ruolans y Xiaoshis a quienes consentir, y lo esperaba con mucha ilusión.
Sonrió mientras saltaba sobre otro pueblo, cuya gente abajo estaba completamente inmersa en su danza.
Y entonces hizo una pausa, mientras miraba más de cerca.
Parecían... Como idos. Sus ojos se habían quedado en blanco, brillando con una luz carmesí. Sus cuerpos comenzaron a temblar y retorcerse.
“Dama, algo anda mal…” comenzó a decir el Perro del Templo.
El cielo se tornó rojo.
Tianlan sintió una sensación de desgarro y succión en el pecho.
Una sensación de succión que estaba erosionando su conexión con Xiaoshi.
Cayó al suelo, tosiendo y con arcadas. Se llevó una mano a la nariz y vio que le salía sangre a borbotones.
Qué... ¡¿Qué está haciendo Xiaoshi?!
Se retorció y forcejeó, con las piernas temblando sin control mientras Dian ladraba, aterrorizado por lo que le estaba sucediendo.
Mientras tanto, la gente bailaba cada vez más rápido.
Tianlan empezó a gritar, mientras su conexión se tensaba y se tensaba y se tensaba…
❄️❄️❄️
El cuerpo del demonio se hinchó y tembló. Se retorció y crujió, devorando el Qi de Tianlan y las almas del pueblo de Xiaoshi. Todos estaban conectados a través de la formación.
Todos eran vulnerables.
Y Xiaoshi solo pudo observar cómo el veneno demoníaco seguía paralizando sus extremidades. Observando cómo los demonios ganaban.
Lo habían engañado. Lo habían manipulado. Y ahora lo habían vencido.
No. Él mismo se había derrotado, ¿no? Su propia arrogancia fue su perdición.
Podía sentir el pánico de Tianlan inundar su conexión, una sensación más fuerte que cualquier otra que hubiera experimentado.
Ella se estaba muriendo, y todo era culpa suya.
Se le llenaron los ojos de lágrimas. El monstruo reía mientras se atiborraba de poder. Él lo ignoraba.
Xiaoshi gruñó y, con las extremidades temblorosas, intentó incorporarse, pero en vez de eso se desplomó hacia adelante, golpeándose la cara contra el suelo junto a una parte de la formación sobre la que le habían advertido.
El inhibidor de cascada.
La parte de la formación que evitaría que la Conversión Elemental se saliera de control.
“Nunca toque esta parte mientras la formación esté en funcionamiento,” había dicho Cao Li con voz firme. “Cuando canalizamos tanta energía, cualquier alteración en esta parte de la formación tendrá consecuencias catastróficas.”
Xiaoshi reunió sus últimas fuerzas y levantó el puño.
“Lo siento, Tianlan,” susurró.
La formación se rompió. La risa del demonio se apagó en su garganta mientras todas las matrices de control de la formación dejaban de funcionar abruptamente.
El Qi en la formación se enredó, se retorció y luego, desprovisto de la guía de la formación, se dividió.
El cuerpo del demonio se hinchó como un trozo de masa frita, formándose grietas por todo su caparazón, y la luz de un Qi mayor del que podía soportar brillaba a través de las aberturas.
“Oh,” dijo el demonio con una leve sorpresa en la voz.
Y entonces el mundo se quebró, mientras todo el Qi de millones de personas y Bestias Espirituales, así como todo el poder de un Espíritu de la Tierra, rebotaba de nuevo hacia la tierra.
❄️❄️❄️
Tianlan se estremeció, cada grieta dorada de su cuerpo palpitando mientras el mundo llegaba a su fin.
Madera a Fuego. Un bosque se convirtió en un infierno desatado que transformó la noche en día para todo el Imperio.
Una osa madre aulló mientras ardía.
Fuego se convirtió en Tierra. Aguas termales y magma se convirtieron en piedra. La tierra se estremeció y se agitó como un ser vivo.
Enormes rocas se clavaron en la tierra. La gente miraba al cielo, con la mirada perdida. La formación los destrozó tanto como destrozaba la tierra.
Tierra se convirtió en Metal. El mármol y el granito se transformaron en hierro y estaño, matando la tierra y envenenando el agua con metales pesados.
Yao el Retumbante se mantuvo fiel a su juramento a Xiaoshi, protegiendo todo lo que pudo dentro de su caparazón, incluso cuando eso le costó la vida.
Metal se convirtió en Agua. Las vastas minas explotaron, mientras el Mineral de Luna Pálida se volvía diez veces su volumen en líquido.
Tres cuartas partes de la nueva capital fueron arrasadas, formando el Lago de la Luna Pálida. Solo quedó la sección más externa de la ciudad, con la menor parte de los palacios administrativos.
Agua se convirtió en Madera, mientras los lagos y ríos eran cubiertos por una interminable extensión de vegetación.
El Señor del Lago rugió, raíces y hojas devorando su carne. El gran señor se sumergió en el fondo del lago, consumiendo su alma para impedir que el agua desapareciera por completo.
Sus hijos aullaban con él, mientras sus cuernos se desprendían de sus cráneos.
Entonces la descarga de energía alcanzó el centro de la provincia.
Las cimas de mil montañas fueron arrancadas. La mayor parte de los escombros impactaron contra el Muro de Niebla al caer, vaporizándose por la furia de las estrellas fluctuantes. Pero suficientes regresaron a la Tierra.
Los demonios que estaban fuera chillaron cuando el cataclismo los alcanzó; la explosión de luz y Qi destrozó miles de sus portales y vaporizó a millones de bestias.
Los supervivientes despertaron en un mundo agonizante, con recuerdos fragmentados. Ya no podían llamarse recuerdos, pues el Qi demoníaco los había envenenado y aturdido. Sus almas estaban heridas. Millones habían muerto o agonizado.
Sin embargo, nadie lo llamó cataclismo, porque para sus almas fracturadas y mentes confusas, el mundo siempre había sido así.
Las Bestias Espirituales aullaron y se enfurecieron mientras el Qi descontrolado mutaba sus cuerpos. Enloquecieron por completo cuando sus señores sucumbieron a las devastadoras desviaciones del Qi.
Un hombre ciego tuvo que alejar al que una vez fue su mejor amigo del cadáver de su padre, mientras el Tejecaminos, ahora Bola de Demolición, gritaba de rabia y odio.
Tras la catástrofe, hombres y mujeres se masacraron entre sí. Por comida. Por recursos. Por las últimas gotas de Qi que se filtraban al mundo.
Ruolan, con un bebé en brazos, tomó una espada usada para la ópera, que había jurado no desenvainar jamás con ira... Y convocó a todos los que quisieran estar con ella bajo su estandarte.
❄️❄️❄️
Xiaoshi despertó con una lengua lamiéndole la cara.
“Maestro. Maestro,” gimió Dian. Los dientes de su querido amigo estaban rotos y sus ojos mostraban locura y salvajismo.
Xiaoshi gimió al levantar una mano. Quería levantar ambas, pero solo tenía un brazo.
Y una pierna.
Pero seguía vivo, al menos por ahora. Gimió, dejando que el Perro del Templo lo ayudara a levantarse. Se encontraba en algún lugar de las ruinas de la cima de una montaña, tras haber sido expulsado de la antigua capital, el centro de la provincia.
Lo único que quedó allí fue un agujero en el suelo.
La niebla ya era visible en el cielo, cubriendo el sol y tiñendo todo de un gris monocromático.
Tocó la parte de su alma que una vez estuvo conectada con Tianlan, pero solo sintió un muñón harapiento.
Tocó la tierra y solo encontró silencio.
Lo único que quería era acurrucarse y morir. Pero seguía vivo. Y si seguía vivo... Era por algo.
Tal vez aún le quedaba algún papel por desempeñar.
Su compañero lo llevó adelante, y Xiaoshi comprendió la devastación que había causado. La que había causado al cambiar la formación y traicionar a su amiga.
Fue una sensación de vacío y desalentadora.
¿Lo había cegado el orgullo? ¿O había sido otra cosa?
No lo sabía. No podía saberlo. Lo único que le quedaba era la abrumadora culpa.
Siguió avanzando con el corazón apesadumbrado hasta llegar a Ciudad Luna Pálida, o lo que quedaba de ella. Un único barrio periférico era todo lo que quedaba de la ciudad minera.
Logró instaurar un mínimo de orden en Luna Pálida. El poco Qi que le quedaba lo empleó para calmar la locura del pueblo, que instintivamente reconoció a su Emperador. Apenas le quedaban fuerzas, pero el gruñido de un Perro del Templo disuadió cualquier intento de saqueo o incendio provocado por parte de la población.
Los preparó lo mejor que pudo, esperando que los demonios descendieran volando del cielo en cualquier momento.
Pero ninguno se materializó jamás.
Esperó durante más de un mes. Nada llegó.
❄️❄️❄️
El Muro de Niebla se agitaba con relámpagos y poder, comenzando lentamente a desvanecerse. Anticipaba que cualquier debilidad sería aprovechada de inmediato. Esperaba que las legiones del infierno se abrieran paso a través de la barrera estelar.
Sin embargo, ninguno llegó. Algo más había captado su atención. Las Montañas Azures no iban a ser consumidas por ellos.
Así que dejó constancia. Un registro de sus recuerdos.
Él quería... Quería que alguien lo supiera, tarde o temprano. Que supiera lo que pasó aquí.
Saber qué había destruido Tianlan. Qué había destruido a su pueblo y lo había dejado así.
Con el último de sus poderes, impuso una coerción sobre la tierra.
Quienquiera que fuera su sucesor sería guiado hasta este cristal. Entonces podría aprender todos los secretos que encierra y convertirse en el Maestro de las Montañas Azures. El Señor de todos sus habitantes.
Un señor superior a él... Y al Emperador Azur.
“Ve. Lleva esto a un lugar seguro. Si no regreso en un año… Cuídate, amigo mío,” le susurró a Dian.
Su querido amigo, el más leal, se resistía a abandonarlo.
Pero su orden resonó en los oídos de Dian, y el Perro del Templo obedeció.
Fue la última vez que Dian vio a su Maestro.
Los recuerdos en el cristal terminaban allí.
❄️❄️❄️
Xiaoshi observó cómo Dian se marchaba a cumplir sus órdenes, con el cristal de memoria apretado en la boca. Sentía un gran peso en el corazón.
Porque sabía que nunca volvería a ver a Dian.
El cuerpo de Xiaoshi finalmente se rendía. Finalmente moría. No duraría ni un año.
Tenía la esperanza de que Dian lo perdonara y siguiera adelante. Esperaba que el perro encontrara un mejor Maestro.
Xiaoshi tenía una última tarea por realizar. Empezó a caminar.
Le llevó casi un mes, dada su condición. Tuvo que esquivar bandidos que buscaban presas fáciles. Pero... Lo logró. Logró llegar al lugar que siempre ocuparía un lugar especial en su corazón.
Fue al lugar donde había enterrado las lápidas de sus padres, hacía tanto tiempo. Su primera granja. Estaba cubierta de maleza y no quedaba ni rastro de ella.
Pero era suyo. Su primer lugar. Su primer paraíso.
El lugar donde había conocido a Tianlan.
Xiaoshi, con las extremidades temblorosas, se dejó caer al suelo y apoyó la frente en la tierra.
Cerró los ojos y lloró mientras su corazón dejaba de latir lentamente.
Así murió el Emperador Xiaoshi. No en un palacio. No con un funeral grandioso.
Los gusanos reclamaron su carne, y la tierra sus huesos.
❄️❄️❄️
Tianlan despertó presa de la agonía. Su Qi, su sangre vital, se derramaba de ella. Su cuerpo ya no era más que un montón de escombros destrozados.
Estaba destrozada y delirante. Fragmentada, apenas una persona. Casi ciega, sorda y muda... Pero aún podía sentir. Alguien se acercaba a una Vena de Dragón. Una de sus heridas, de la que emanaba Qi al aire.
“Ayuden…me,” suplicó a la silueta que se acercaba.
La figura que evolucionó hasta convertirse en Ruolan.
Sus ojos eran fríos y duros. Su rostro estaba lleno de arrugas. Tenía sangre salpicada en la mejilla.
Ruolan se arrodilló, rozando con los dedos el Qi puro que se disipaba en el aire.
“Ruolan. Ruolan, ayúdame,” suplicó, extendiendo zarcillos de luz para conectarse con su amiga.
Pero Ruolan no podía oírla.
La cultivadora excavó profundamente en la Vena de Dragón expuesta y arrancó lo poco que pudo extraer.
En toda la provincia, la historia se repetía, mientras Tianlan moría, una y otra vez.
Tianlan gritó y gritó, suplicando una ayuda que nunca llegó.
Pasó más de una década, pero sus gritos de angustia y súplicas de ayuda se fueron apagando hasta convertirse en maldiciones escupidas con amargura.
Los maldijo. Maldijo sus métodos. Maldijo su linaje. Todas esas ratas que roían sus huesos para obtener poder y dañar a sus semejantes no merecían su bendición.
Los maldijo, los maldijo y los maldijo hasta que la oscuridad se coló por los bordes, y lo que había sido tierra volvió a serlo.
Ella nunca se percató de que, incluso rotas, sus palabras tenían cierto poder.
❄️❄️❄️
Incluso en este mundo de locos, había algunas cosas que se respetaban. Las recordaban, incluso a través de sus almas dañadas y mutiladas.
Una danza en el solsticio. Una danza importante. Los protegía.
Así que, año tras año, lo representaban sin falta. Lo representaban de pie sobre el cadáver de un espíritu que los odiaba y los amaba al mismo tiempo.
La danza fue una proclamación de amor y respeto. Amor y respeto, a pesar de que arrancaban y desgarraban sin piedad los menguantes recursos y el Qi de la carne de Tianlan.
El mundo se fue iluminando cada vez más. La tierra se volvió menos peligrosa a medida que el Qi se desvanecía. Lentamente, con el paso de las generaciones, la gente sanó.
Hasta que lo único que quedó fueron las Colinas Azures.
❄️❄️❄️
Los ojos de Bi De estaban en la cara de Xiaoshi: el último recuerdo dentro del cristal. Contempló la angustia reflejada en ellos. Su mente daba vueltas mientras reflexionaba sobre la tragedia de Xiaoshi y Tianlan.
Una copia perfecta de la formación que había empoderado al Espíritu de la Tierra rebotaba en su cabeza cuando el cristal le transmitió sus recuerdos.
Prácticamente le suplicaba que cumpliera el último deseo de Xiaoshi: ascender a la cima de las Montañas Azures y comandar a todo su pueblo.
Ser el mayordomo que él no pudo ser.
El cristal reveló la ubicación de reservas de reactivos que nadie habría descubierto. Ofrecía poder, formaciones y cien mil estilos de cultivación extintos hace mucho tiempo.
Un ser fantasmal y espectral apareció lentamente a la vista. Tenía los ojos cerrados, como si hubiera estado durmiendo durante mucho tiempo. Era débil, como el Perro del Templo, pero su fuerza aumentaba a medida que avanzaba flotando.
“Tú, que has encontrado el cristal. Por órdenes de mi Maestro, eres el sucesor. Este jura servirle.” La aparición fantasmal comenzó a abrir los ojos, sonriéndole cálidamente a Bi De. “Este le ayudará en todo lo que pueda, para el ascenso del…”
El espíritu parpadeó. La consternación se reflejó en su rostro.
Luego parpadeó de nuevo, entrecerró los ojos y se golpeó dos veces el costado de la cabeza.
“¿Un pollo?” Preguntó el espíritu, incrédulo.



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