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lunes, 11 de mayo de 2026

DH - Capítulo 516

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Capítulo 516
Valoración (I)
Traducción y edición: Sho Hazama
Corrección: Lord
Con el apoyo de los guardias de Ledesma, el proceso de limpieza de la Ciudad del Atardecer se llevó a cabo sin mayores contratiempos. La muerte permitió a los oficiales de alto rango del ejército comprender lo ineficaces que eran las armas en las que confiaban, además de hacer que optaran sensatamente por descartar cualquier idea de aprovecharse de la crisis. Mientras tanto, Lora, quien poseía la mayor fuerza de combate dentro del comité de 5 miembros, tras recibir la noticia de la muerte de Ledesma, se rindió de una manera extremadamente directa. Lo que dejó a Su bastante sorprendido fue que, inesperadamente, vio a Víctor. Este permaneció 1 mes en la oscura celda de la prisión llena de agua, y sin embargo, inesperadamente, seguía vivo. Se podría decir que fue un milagro. Sin embargo, también pagó un precio bastante alto por ello, ya que el tormento de esas duras condiciones hizo que su sexto nivel de poder anterior se degeneraran a solo el tercer nivel. Incluso si pudiera recuperar sus habilidades en cierta medida, estas nunca volverían a alcanzar sus alturas anteriores. Mientras tanto, los 2 miembros restantes del comité ya habían muerto al comienzo mismo de la toma del poder por parte de Ledesma. Víctor estaba incluido en los planes de Ledesma, pero lo impactante fue que Víctor, con quien siempre había tenido buenas relaciones, no accedía a cooperar por más que él le dijera, y por ello fue arrojado a la prisión. Ledesma esperaba que se rindiera, pero lo que terminó encontrando fue el regreso de Su. Cuando Su le preguntó a Víctor por qué se negaba a cooperar con Ledesma, su respuesta fue que creía firmemente que él regresaría. Si eso sucedía, cooperar con Ledesma sin duda resultaría en la muerte, mientras que si se negaba a cooperar, Ledesma no necesariamente lo mataría. Al escuchar la respuesta de Víctor, Su simplemente se rio entre dientes. Luego, le dijo que se tranquilizara y se concentrara en recuperarse. Le prometió que, una vez que Víctor se recuperara por completo, la Ciudad del Atardecer le sería entregada para que la administrara. Tras estabilizar provisionalmente la situación en la Ciudad del Atardecer, descanso 1 día completo. Cuando volvió a caer la noche, la Ciudad del Atardecer, con los cadáveres arrastrados y las manchas de sangre limpiadas, volvió a estar llena de actividad y bullicio. Bajo los efectos del alcohol y la confusión, todos olvidaron rápidamente el caos que tuvo lugar ayer por la mañana, lanzándose a un estado de fiesta incesante, tal como antes. En la oficina de Ledesma, Su observó fijamente a la Ciudad del Atardecer, que poco a poco se llenaba de bullicio, y de repente suspiró. - Nos quedaremos 2 días como máximo antes de regresar a Puerta de Acero. - ¿Tan rápido? Le preguntó Madeline, algo sorprendida, Su asintió y le dijo. - Sí, ya sabes que pronto seré padre. Sin embargo, esa cosita... si no estoy a su lado, la verdad es que no me siento tranquilo. Si nos quedamos aquí demasiado tiempo, me temo que algo le pueda pasar a Li. A espaldas de Su, donde él no podía verla, Madeline puso cara de disgusto, pero su voz seguía siendo mortalmente seria cuando respondió. - Deberíamos regresar un poco antes. Su, que siempre utilizaba la Vista Panorámica para observar su entorno, naturalmente se percató de la pequeña actuación de Madeline, pero simplemente lo tomó como una travesura de niña.
* * *
Cayó la noche. Bajo el mismo cielo oscuro, aún se podían ver hielo y nieve por todas partes en la región norte del gran continente. Bajo los picos nevados, ardían 3 fogatas. En una noche tan fría como esta, la llama que latía sin cesar no aportaba realmente mucho calor a quienes se encontraban a su lado. O’Brien estaba sentado junto a la fogata, aprovechando la luz de la llama para leer “Apocalipsis”. - Se ha dicho que existo en el pasado, en el futuro, pero también en el presente. He muerto, revivido y, de esta manera, me he vuelto eterno. Se ha dicho que tengo las llaves de muchos mundos y que puedo abrir continuamente las grandes puertas entre reinos conectados… O’Brien leyó en voz baja, mientras su agradable voz se desvanecía en la distancia con el viento nocturno. Mientras tanto, la energía de su propio cuerpo parecía sincronizarse con su lectura, subiendo y bajando suavemente como una marea. Su voz no era fuerte, pero este tipo de voz que transmitía poder llegaba bastante lejos. No solo Alan, que compartía la llama con él, podía oírlo, sino que incluso Perséfone y Eileen, que estaban un poco más lejos, también podían hacerlo. En ese momento, todo estaba en paz y silencio, como si la batalla que acababa de terminar nunca hubiera ocurrido. La voz suave y agradable parecía disipar también bastante del frío de la noche. Sin embargo, el contenido del “Apocalipsis” seguía destacando por encima de todos los demás. Cada vez que se oía a O’Brien leer el “Apocalipsis”, quienes lo escuchaban sentían una sensación indescriptible, como si tocaran el borde de un mundo misterioso. Sin embargo, nadie interrumpía la lectura de O’Brien en ese momento, porque su voz transmitía una verdadera sensación de paz, volcando toda su atención en esta escritura muy gastada. Por otro lado, este era también un método que O’Brien utilizaba para entrenarse y acumular poder. A medida que se pasaban las páginas del “Apocalipsis”, su poder crecía lenta y constantemente. Junto a la hoguera, Alan estaba alisando con las manos la superficie irregular de su escudo. El pesado escudo de aleación tenía una buena ductilidad, por lo que las protuberancias desaparecían una tras otra sin alterar sus propiedades físicas. Alan tenía el torso desnudo, dejando al descubierto sus musculosos pectorales, que parecían barras de acero reforzado. En su espalda se veían algunas heridas profundas y aterradoras, aparentemente recientes, pero todas ellas ya estaban empezando a cerrarse. Solo que, de vez en cuando, debido a que ejercía demasiada fuerza, una o varias heridas se volvían a abrir. Se concentraba en la restauración del pesado escudo, pero de vez en cuando le lanzaba una mirada a Perséfone sin darse cuenta. Estos pequeños movimientos fueron captados por los ojos de Eileen. Eileen estaba sentada junto a otra fogata a unos 100 metros de distancia. Se había quitado los pantalones largos, confiando únicamente en una camisa holgada para cubrir su cuerpo, dejando completamente al descubierto sus piernas, que eran suficientes para secar la garganta de cualquiera, como si no le importara en absoluto que otros vieran sus partes íntimas. En la parte interna de su muslo había una herida aterradora. La carne que cubría la herida estaba creciendo extremadamente rápido en ese momento, pero la luz parpadeaba continuamente en esa zona. Cada vez que aparecían, la carne recién crecida volvía a ser destrozada. Se trataba de una herida desgarrada por la lanza de energía de Perséfone, por lo que la energía de Perséfone aún permanecía en su interior, impidiendo que la herida sanara. Las largas y delicadas yemas de los dedos de Eileen ardían con pequeñas llamas, extrayendo cuidadosamente los fragmentos de energía ocultos dentro de la herida y destruyéndolos. Como verdadera maestra del Dominio Mágico, gracias a su control sobre la energía, las manos de Eileen eran como el equipo quirúrgico más preciso. Sin embargo, tenía una sonrisa amarga en el rostro mientras se curaba a sí misma.

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