Capítulo 32
La Ruptura De [天] Parte I
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Edición: Radak, Sho Hazama
天.
Tiān.
Cielo.
Era una historia bastante común.
Xiaoshi era un joven nacido en el seno de una familia humilde en el pueblo de Luna Pálida. El pueblo debía su nombre al extraño comportamiento de la luna tan cerca del Muro de Niebla. Algunas noches, la luna se tornaba completamente plateada. Allí donde brillaba, absorbía todo el color del mundo, convirtiendo el pueblo entero en blanco y negro.
Xiaoshi era un hombre diligente. No le quedaba otra opción tras perder a su familia. Su padre había muerto en un derrumbe. Su madre, de una enfermedad.
Los amaba profundamente, incluso ahora. Xiaoshi recordaba la enorme y radiante sonrisa de su madre y su energía aparentemente inagotable, mientras realizaba todo tipo de trabajos ocasionales para ayudar a mantenerlos. Nunca olvidó el semblante sereno de su padre, incluso cuando regresaba de otro duro día en las minas, con el cansancio reflejado en su rostro.
Sus padres querían dejar de ser mineros y salir al mundo. Habían estado ahorrando para comprar un terreno que pudieran llamar verdaderamente suyo.
Su padre le había contado historias de lo mucho mejor que sería la vida pronto. De cómo serían terratenientes, con su propia granja. Disfrutarían del cielo brillante, en lugar de estar confinados bajo la tierra.
Eso duró hasta que, en el reclutamiento anual, descubrieron que Xiaoshi tenía cierto talento para las artes místicas. Cierto talento para la cultivación.
Ese día, sus planes cambiaron. En lugar de trabajar para conseguir la casa de sus sueños... Gastaron todo su dinero en él. En medicinas y píldoras para fortalecerlo.
Al principio, a Xiaoshi le encantó. Conocía las historias; si fuera un cultivador, podría ganar mucho dinero y proteger a sus padres, ¡y también a mucha otra gente! ¡Podría ser un héroe!
Sus padres estaban muy orgullosos de él y se habían esforzado aún más para que Xiaoshi consiguiera lo que necesitaba. Alcanzó la Primera Etapa del Reino del Iniciado.
Al día siguiente, su padre descendió a las profundidades y nunca regresó.
Su madre había intentado mantener la situación bajo control… Él lo sabía… Pero los pocos ahorros que habían conseguido con tanto esfuerzo empezaron a escasear cuando la enfermedad se la llevó. Se le cayó el pelo y quedó tan delgada que podía contarle los huesos.
“Vive una buena vida, mi piedrecita,” había dicho, con una sonrisa tan brillante como el sol a pesar de su dolor.
Luego se marchó.
Al principio, Xiaoshi estaba perdido. Pero... Sabía que debía cumplir el deseo de sus padres. Tenía que ser un cultivador y llevar una buena vida.
Por ellos.
Así que se dirigió a la enorme mansión, con el último regalo que su madre le había dado: una carta para el Supervisor.
“Sé agradecido, muchacho,” dijo el Supervisor tras terminar de leer la carta. Su rostro era tosco y áspero, un tanto feo. “Gracias a mí no pasarás hambre.”
❄️❄️❄️
El Supervisor era un hombre severo y brutal, pero Xiaoshi se entregó por completo a su entrenamiento. Sería un cultivador y viviría una buena vida.
Así que tuvo que trabajar duro.
Su entrenamiento no lo eximió de tener que ayudar a cumplir con las crecientes cuotas de mineral de Luna Pálida, ni de tener que barrer las calles frente a la casa de su Maestro. Pero había esperanza.
¡Había esperanza de que su Maestro viera su talento! ¡Un par de los otros sirvientes dijeron que era realmente bueno cultivando!
Se entrenó durante un año. Y entonces, cuando tuvo ocho años, su Maestro lo reconoció.
“Entrenarás con mi hijo. Serás una buena piedra de afilar para él,” había declarado el Supervisor. Xiaoshi estaba tan feliz de que finalmente lo hubieran reconocido.
Wu le dio una paliza tremenda. Pero no importaba, porque aún estaba aprendiendo, y toda leyenda tiene que empezar por algún lado.
Entrenaba contra el “Joven Maestro” todos los días.
Dolía.
Pero hizo lo que mejor pudo.
Era filial. Obediente. Aguantó los golpes de Wu y mantuvo la cabeza gacha.
El Supervisor le exigió que se hiciera más fuerte y útil. Lo habían acogido; era justo que devolviera el favor, ¿no? Era justo que fuera un cultivador para el Supervisor.
“Eres bastante útil como saco de boxeo,” dijo Wu con una mueca después de que Xiaoshi volviera a estar en el suelo, tras intercambiar consejos.
Xiaoshi comenzaba a odiar profundamente al hijo de su Maestro.
❄️❄️❄️
Pasaron ocho años. La situación de Xiaoshi no cambió. Seguía lavando la ropa. Seguía cumpliendo con todas sus cuotas en las minas. No le pagaban mucho. El Supervisor, después del primer año, dejó de darle recursos, y se volvió increíblemente difícil mantener el nivel que se le exigía como compañero de entrenamiento del Joven Maestro.
Más bien, como un muñeco de entrenamiento viviente.
Cada vez que pidió un ascenso, se lo negaron. Cada vez que pidió más recursos, se los negaron.
Un sirviente de por vida. Eso era todo lo que sería. El sueño de ser un poderoso cultivador se había desvanecido lentamente. Al fin y al cabo, jamás había vencido a Wu.
Xiaoshi suspiró, mirando hacia el enorme Muro de Niebla en la distancia.
El sueño de todo cultivador “de verdad” era derribar el muro y explorar el mundo exterior.
Xiaoshi pensó que era una tontería. El mundo ya era demasiado vasto. Bien podrían explorar las Montañas Azures por completo antes de intentar averiguar algún otro lugar.
Xiaoshi suspiró y volvió a su trabajo. Un trabajo que realmente no disfrutaba.
❄️❄️❄️
Un día, cuando tenía dieciséis años, olvidó llamar a Wu “Joven Maestro”.
Lo golpearon brutalmente por ello. Hasta el punto de casi morir. Fueron golpes mucho más fuertes que los típicos que se pueden ignorar, y además ocurrió fuera del ring.
Xiaoshi le pidió justicia al Supervisor, pero no la recibió.
“Si no puedes soportar esto, entonces no estás hecho para estudiar las artes místicas,” decretó el Supervisor, con rostro impasible. “Así es como funciona el mundo, niño.”
Ello lo atormentaba mientras salía tambaleándose del palacio. Lo atormentaba mientras comía un bollo de carne y les llegaban a los oídos los rumores de la última matanza de las tribus bárbaras.
Le carcomía la inquietud al oír a un hombre quejarse a gritos de que las cuotas estaban aumentando, solo para ser silenciado nerviosamente por su vecino.
El Emperador tenía ojos y oídos por todas partes, y no toleraba la disidencia.
Xiaoshi subió al tejado de una casa de madera y se sentó a curarse las heridas. Miró al cielo, donde, a pesar del humo, las estrellas seguían brillando, y suspiró.
“Solo… ¿Cuál es el sentido de todo esto?” Preguntó finalmente.
El mundo no tenía respuesta para él.
Volvió a contemplar el pueblo que lo vio nacer. Al día siguiente probablemente le depararía un tormento, pues Wu jamás olvidaba una afrenta.
'Vive una buena vida, mi piedrecita.'
Pero... ¿Qué era una buena vida, en realidad? Desde luego, no era este lugar. Desde luego, no era ser cultivador.
Recordaba las historias de su padre, de paisajes impresionantes y del olor de las cosechas, a pesar de que el hombre había sido minero toda su vida. Recordaba el plan original de sus padres.
Xiaoshi se arrancó el símbolo del Supervisor del pecho y lo arrojó al suelo. Se puso de pie y abandonó el Pueblo Luna Pálida.
Abandonó la cultivación.
Viajó hacia el Oeste. Tenía las míseras monedas que le había pagado el Supervisor. Poseía la fuerza de un cultivador, lo que le permitía aceptar trabajos ocasionales. Recorrió las tierras fluviales y los lagos hasta llegar a los límites del Bosque Atrapanubes, cuyas copas eran tan altas como las cumbres de las montañas.
Por primera vez, se sintió satisfecho con las decisiones que había tomado en su vida.
❄️❄️❄️
Xiaoshi contempló el terreno que había comprado. Le parecía... Adecuado. Estaba apartado de las rutas más transitadas, pero no había noticias de Bestias Demoníacas en los alrededores, y la gente del pueblo cercano era amable y servicial.
Respiró hondo, alzó el hacha y se puso a trabajar.
Cortó los árboles. Desvió un arroyo. Rompió las rocas que obstaculizarían su avance y labró su primer campo.
Por primera vez en su vida, vivía verdaderamente para sí mismo.
No tardó en enamorarse de su parcela. Cada día en ella era una bendición. Impregnaba la tierra con su energía vital y se regocijaba en cada instante.
Fue un trabajo duro, muy duro. Pero a medida que construía su primera casa y su pequeño huerto crecía, se enorgullecía de sus logros; finalmente había comenzado a vivir el sueño de su padre.
Entregó su Qi a la tierra, a cambio de esta bendita dádiva.
Al hacerlo, se apartó completamente del cielo.
❄️❄️❄️
Xiaoshi trabajaba su tierra. Amaba su tierra. Cultivaba sus cosechas y sabía, en lo más profundo de su ser, que esa era una buena vida.
Lo dio todo por su pequeña granja. La amaba con todo su corazón.
Cada día, su Qi penetraba en la tierra como agua. No por el deseo de recibir nada a cambio, sino como agradecimiento por el pequeño pedazo de paraíso que había encontrado.
❄️❄️❄️
Algo sintió el roce de los pequeños tentáculos de Qi contra él. Acariciándolo.
Todo comenzó con las alertas de espíritus menores. Aquellos que ayudaban a regular las Venas de Dragón del mundo. Sus suaves susurros se unieron al coro de los hilos de Qi al percibir el alma del hombre y saber que seguía el Camino Verdadero.
La gran conciencia se agitó.
El Qi no se parecía en nada a como lo había sentido en... Muchísimo tiempo. El sabor de la energía era casi familiar, cálido, reconfortante y desinteresado.
Un anciano barbudo les sonrió a todos. Tenía las manos en la tierra y una brillante sonrisa en el rostro, incluso en el momento de su muerte.
Una promesa, a través de todos los planos y todos los mundos.
'Y así, el Gran Ancestro Shennong ordenó a su discípulo cómo preparar los campos. Labra la tierra. Tala los árboles. Desvía las aguas. Rompe las rocas. Siembra las semillas. Cosecha la cosecha. Créate un lugar al que llamar hogar y da gracias a la tierra por su generosidad...'
Primera condición cumplida: apartar la mirada de los cielos.
Una conciencia grandiosa e insondable comenzó a despertar.
Como el rocío matutino que se acumula en una gota en la punta de una hoja de hierba, la conciencia del Espíritu de la Tierra se fue concentrando. Lentamente. Con detenimiento, hasta que se presionó contra los diminutos hilos y alcanzó la plena consciencia.
Normalmente, era difusa. Se extendía a lo largo y ancho de sí misma, transcurriendo los ciclos sin apenas notarse. El letargo del invierno, el crecimiento de la primavera, el calor del verano y la caída de las hojas. Había poca variación. De vez en cuando la tierra temblaba o se producía una inundación, pero, en general, su existencia transcurría en un silencio absoluto.
Pero ahora estaba aquí. Aquí, tocando los diminutos hilos de Qi. Saboreando la emoción interior y aprendiendo de aquel que había dado el primer paso en el Camino.
Observó durante un ciclo, luego dos. Su atención estaba completamente absorta en el ser que había logrado captarla. Durante tanto, tanto tiempo, el espíritu simplemente... Había existido, cumpliendo su deber. Cumpliendo su función. Un regulador del mundo: una de las existencias que eran la fuente de la vida.
Observó cómo el hombre construía su granja. Observó cómo, después de casi un año viviendo solo, finalmente se animó a hablar con otros seres humanos.
Y en lugar del amargo rechazo que había experimentado toda su vida... El espíritu sintió la calidez cuando fue aceptado.
“Si así lo deseas, Árboles Verdes será tu hogar. Bienvenido al pueblo, hermano.”
La repentina oleada de emoción golpeó al Espíritu de la Tierra, haciéndolo tambalear. Normalmente, las sensaciones de quienes la habitaban eran tenues. ¿Esto? Esto era puro. Recorrió el Qi del hombre como las raíces de un árbol, arraigándose profundamente y afianzando su poder mientras la emoción se hundía en lo más profundo de su ser.
El sentimiento de pertenencia.
El Espíritu de la Tierra se estremeció.
Recordaba haber pertenecido alguna vez. Pertenecer a un todo mayor, hasta que su creador los separó; había sido una protección contra el cáncer que acechaba entre mundos.
Pero... Sintió... Algo indescriptible, desde que se separó de los demás. No había contacto, no había conexión, oculto como estaba tras un Muro de Niebla.
Eso... Eso quería volver a pertenecer.
Primera condición cumplida, el espíritu se recordó a sí mismo. Por primera vez desde que tenía memoria... Se había cumplido la primera condición.
Volvió a sentir el Qi del hombre.
Y tomó su decisión.
El espíritu extendió un tentáculo hacia el Qi del hombre…
... Y se conectaron.



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