{getMailchimp} $title={Stay Informed} $text={Subscribe to our mailing list to get the new updates.}

martes, 17 de marzo de 2026

BC - Volumen 4 Capítulo 33


Capítulo 33
La Ruptura De [天] Parte 2
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Por primera vez en muchísimo tiempo, Xiaoshi podía decir que era verdaderamente feliz. La aldea de Árboles Verdes lo había acogido como a uno de los suyos. Nadie lo maltrató ni lo obligó a trabajar más horas; simplemente lo invitaban a jugar al go o compartían su comida y bebida con él, del mismo modo que él compartía sus riquezas con ellos. Fue como si le hubieran quitado un gran peso de encima. Cada respiración que tomaba en su granja era un himno, una alabanza al mundo que lo rodeaba. Lo había logrado. Y sus padres podían descansar tranquilos. El santuario se encontraba en un lugar precioso, en lo alto de la colina, para que pudieran velar por él siempre. “¡Eh, Xiaoshi!” Exclamó Linlin, mientras la pálida hija del granjero le saludaba alegremente con la mano. “Vamos a ir todos al río, ¿quieres venir con nosotros?” También había otros tres… Boyi, Boer y Bosan… Que le saludaban con la mano. ¿Y tal vez, con el tiempo, llegarían más? Xiaoshi dejó la azada y sonrió. “¡Por supuesto, amigos! ¡Enseguida voy!” La vida era buena.
❄️❄️❄️
Las reglas que el creador había impuesto al Espíritu de la Tierra eran... Extrañas. Técnicamente, el espíritu debía volver a dormirse tras establecer la conexión: debía regresar a soñar y a gobernar la provincia. Pero no tenía por qué ser así. Y en realidad, aunque el espíritu quisiera, no podría. ¿Cómo podría dormir, sintiendo todas esas nuevas sensaciones? ¿Cómo podría evadirse, cuando su Conectado era tan interesante? Cuando las sensaciones que le provocaba eran tan... Tan... Maravillosas. Aprendió la sensación de los granos de arroz escurridos entre los dedos; sintió la brisa veraniega en su rostro. Probó las albóndigas preparadas por los amigos del Conectado del pueblo, y su alma se llenó de alegría y diversión al ver a Linlin empujar a su Conectado al río. Aquella acción despertó otro recuerdo del anciano: el de las Montañas Azures haciéndole algo a otro ser como sí mismo, solo para que su creador lo regañara. Sintió alegría al ver a su Conectado cosechar sus campos. Aprendió sobre la tristeza al ver a su Conectado inclinar la cabeza ante las lápidas funerarias de su madre y su padre. Sintió orgullo cuando construyó el santuario sobre una colina y colocó las lápidas funerarias dentro, de manera que pudieran contemplar su pequeña choza y sus campos. Todas estas cosas le llegaron a través de su Conectado. El Espíritu de la Tierra fue a las fiestas, aunque tenía sueño. Observó los bailes, la fiesta y el suave beso entre su Conectado y Linlin. Durante todo un ciclo, observó. Su Conectado se enamoró del pueblo, y lo mismo le sucedió al Espíritu de la Tierra. El espíritu se enamoró cada vez más de la gente del pueblo con el paso de los días. Los amaba igual que a su Conectado. Como una polilla atraída por la llama, no podía resistirse. Los sentimientos eran demasiado intensos, invadiendo sus pensamientos y sueños. Quería sentir el amor y el cariño que los aldeanos se tenían. Quería probar los juegos, comer los pasteles de arroz y sentir lo mismo que ellos. El Espíritu de la Tierra también deseaba conectar con todos ellos. Pero las cosas no se hacían así. A pesar de ello, quería saber. Era una obsesión. Un deseo imperioso que parecía incorrecto, pero a la vez, de alguna manera, correcto. El espíritu se forjó un cuerpo para poder conocer. Al principio, era una masa de oro sin forma. Sin embargo, a través de la experimentación, los sueños de su Conectado y la fe de quienes habitaban la Tierra, el Espíritu de la Tierra tomó forma. Comenzó a parecer humana, en lugar de una montaña o un animal, como la gente la había imaginado antes. Madre Tierra. Las Montañas Azures. Una mezcla de rasgos se formó sobre la red de Qi. Ello se convirtió en ella. Hasta que finalmente el Espíritu de la Tierra miró en un estanque de agua conjurado en su dominio de hierba y vio el reflejo de su nueva forma. Se vio a sí misma y se alejó aún más de la masa sin forma que una vez había sido. Cuando se contempló en las tranquilas aguas del estanque conjurado, la asaltó un impulso. Un impulso que durante casi un año había logrado ignorar.
❄️❄️❄️
Xiaoshi soñaba con un campo infinito. Era un sueño recurrente, uno que solía tener después de un día especialmente bueno: un hermoso campo con hierba verde, árboles frondosos y un cielo azul maravilloso. A lo lejos se alzaban montañas que protegían aquel pequeño paraíso. Lo único que cambió allí fue el ciclo de las estaciones. Ahora, con diecinueve años, lo había visto completarse dos veces. La única pequeña imperfección era que a veces sentía que alguien lo observaba. Encogiéndose de hombros, se dispuso a contemplar las estrellas y disfrutar de las vistas de la montaña. “Hola,” dijo una voz de repente, y Xiaoshi casi dio un brinco del susto. Quienquiera que hubiera hablado, pronunció las palabras de forma extraña, como si no conociera el idioma. Se puso de pie de un salto y estuvo a punto de mirar a su alrededor para ver quién había hablado, pero no hizo falta: justo delante de él había una joven. Era de estatura media, de piel pálida, cabello castaño y unos cálidos ojos azules que lo dejaron sin aliento. Con su belleza y porte regio, parecía una princesa. Incluso vestida con ropa de campesina, irradiaba una presencia imponente. Su único defecto eran las pecas, pero no resultaban llamativas. Era extraño que ella estuviera en su sueño, pero sus padres no lo habían educado para ser maleducado. “Eh... ¿Hola?” Respondió él, todavía un poco desorientado por su repentina aparición. La mujer asintió, pareciendo complacida por el saludo. Una calidez le inundó el pecho, una sensación familiar, como la que experimentaba cada vez que presionaba su Qi contra la tierra. Hizo una pausa y miró sus pies. Sus pies, donde dos bandas doradas lo unían a la mujer. Pulsaban, llenándolo de calor. Era una sensación que lo tranquilizaba cuando trabajaba en sus campos. Volvió a alzar la vista hacia aquellos ojos azules insondables… Casi inhumanos. Y entonces la vio por completo. La masa de Qi que yacía bajo la tierra, sustentando todo aquel mundo onírico. La comprensión fue fulminante. A pesar de todo el uso de Qi que había hecho durante los últimos años, nunca se había sentido realmente cansado. Cada vez que empezaba a flaquear, y cada vez que se preguntaba cómo cultivar cierta cosecha... Su energía se renovaba y sus predicciones se cumplían. Como si alguien le hubiera estado ayudando. Ni siquiera se había dado cuenta. “¿Eres tú quien me ha estado ayudando, majestuoso Espíritu de la Tierra?” Preguntó Xiaoshi, inclinándose de inmediato. Los Espíritus de la Tierra debían ser como dioses, le había dicho su padre, y él había rezado cada día ante el pequeño altar al espíritu de la mina… Aunque al final no le hubiera servido de nada, merecían respeto. “Sí.” La simple respuesta de una sola palabra resonó con pura verdad. “Este Xiaoshi le agradece su benevolencia,” dijo, retomando los modales que el Supervisor le había inculcado. Se arriesgó a mirar a la mujer. Su rostro era inexpresivo, pero percibió un ligero atisbo de frustración en ella. “¿Qué desea a cambio de sus favores, oh gran espíritu?” Bajó la cabeza de nuevo, preguntándose por qué razón el Espíritu de la Tierra le había honrado con su presencia. Era evidente que le estaba ayudando. La frustración se agudizó por un instante. Se hizo el silencio mientras el Espíritu de la Tierra permanecía allí, mirándolo. “Seamos amigos,” dijo el Espíritu de la Tierra con la voz de Linlin, el día que le pidió a Xiaoshi que la acompañara a ella y a sus hermanos al río. “Eso es lo que quiero.” Xiaoshi alzó la vista sorprendido, justo antes de que el suelo se abriera bajo sus pies. Aterrizó de espaldas en un río que surgió de la nada, mientras el Espíritu de la Tierra lo observaba desde la orilla. “Ahora somos amigos, ¿verdad?” Preguntó con esperanza en la voz, aunque su rostro permanecía inexpresivo y sin vida. Xiaoshi no sabía cómo reaccionar. Un antiguo y venerable Espíritu de la Tierra, actuando como los niños del pueblo que intentan hacer su primer amigo. Extendió la mano con timidez, sintiendo su conexión. Era una corriente subterránea silenciosa. Esperanza. Aprensión. Y, por debajo de todo ello, subyacía una profunda y preocupante soledad. Tan aislada y sola como Xiaoshi lo había estado en Luna Pálida. Xiaoshi desconocía el motivo por el cual el Espíritu de la Tierra lo había elegido. No sabía por qué ella quería ser su amiga. Xiaoshi sonrió. “Claro. Solo tienes que ayudarme a levantarme primero.” Extendió la mano. El Espíritu de la Tierra parpadeó al ver la mano antes de extender la suya. La tocó y empezó a tirar. Pero no estaba preparada para que Xiaoshi la arrastrara hacia abajo con todas sus fuerzas. El Espíritu de la Tierra parecía confundida mientras caía al agua. Salió a la superficie, escupiendo saliva, y por un instante Xiaoshi se preguntó si se había extralimitado. El Espíritu de la Tierra lo miró. Entonces, como un cantero esculpiendo una obra maestra, su rostro rígido se iluminó con una enorme sonrisa. Una risita sorprendentemente infantil escapó de su garganta. Un trozo de lodo del tamaño de Xiaoshi fue arrancado del fondo del río y se estrelló contra él, haciéndolo volar por los aires. Por supuesto, Xiaoshi jamás iba a tolerar semejante insulto. Contraatacó como mejor pudo, y en un río fangoso, forjaron una amistad mientras se batían en duelo con barro y agua; al menos hasta que Xiaoshi puso fin al encuentro dándole un cabezazo accidental. El espíritu se desplomó, llevándose las manos a la cabeza, pero ambos sonreían. Xiaoshi suspiró con satisfacción. La paz se apoderó de su alma, por un instante y una eternidad. Entonces se dio cuenta de que había sido muy grosero. “¿Dama Espíritu de la Tierra? ¿Cómo deseas que te llame?” Le preguntó. “Este es Xiaoshi, hijo de Xiaoshen.” El rostro cubierto de barro giró hacia él. El espíritu parpadeó, sorprendida por la pregunta, y su brillante sonrisa se desvaneció. “No tengo nombre,” dijo el espíritu tras un instante. Ella pareció preocupada por la revelación. Sintió otro escalofrío de ansiedad. “Llama a esta como quieras.” Lo meditó un instante, mirando fijamente el hermoso cielo azul. "Tianlan,” dijo. La chica giró hacia él, confundida. “Tianlan. Azur. Nos conocimos bajo este hermoso cielo, ¿verdad?” “Tian... ¿Lan?” respondió el espíritu, saboreando las palabras. “Tianlan.” Su sonrisa era tan brillante como el sol.
❄️❄️❄️
Era extraño tener un pasajero en la cabeza, reflexionó Xiaoshi. Tianlan había empezado rígida, pero rápidamente había empezado a usar la jerga de los aldeanos. “¡Prueba ese ahora, Shishi!” Exigió Tianlan, y Xiaoshi le rodó los ojos antes de tomar una brocheta de carne. Sus sentidos se conectaron, y el espíritu dejó escapar un gemido de placer. El festival estaba en pleno apogeo, las linternas de papel iluminaban el ambiente y todo era perfecto. Él le sonrió a Linlin y le ofreció otra brocheta. Los hermanos Bo estaban allí como supuestos chaperones, pero en realidad, solo estaban comiendo a escondidas. Se preveía que sería una noche maravillosa. Sin embargo, sus festividades se vieron interrumpidas por una conmoción a la entrada del pueblo. Xiaoshi miró a Linlin, quien se encogió de hombros, y todos comenzaron a dirigirse hacia la multitud que se formaba rápidamente. “¿Qué ocurre, jefe?” Preguntó Boyi al acercarse. El ambiente en el círculo era sombrío. “Dicen que las Serpientes de los Diez Antídotos eran en realidad las Serpientes de los Diez Venenos, y que habían estado traficando veneno haciéndose pasar por Bestias Demoníacas durante todo este tiempo. ¡Así que el Emperador marchó sobre su hogar y las mató a todas!” Afirmó el jefe con voz fría y dura. “¿Bestias demoníacas? ¿Las Serpientes Antídoto? ¡¿Se atreve a llamarlas así?!” Exigió una voz anciana, llena de ira. Las cicatrices del veneno aún salpicaban el rostro de Yuheng, vestigios de una auténtica Bestia Demoníaca, y era de sobra conocido que las gentiles serpientes habían curado su herida. “Hay más. Debemos estar alerta ante un malvado traidor que atacó al ejército del Emperador y quemó su bandera. Todos los que lo ayuden serán ejecutados, hasta el último de sus familiares, y su aldea será quemada y salada.” El ambiente se enrareció por completo tras esas palabras. Linlin le apretó la mano; su piel, normalmente clara, tenía el color de un cadáver. El jefe suspiró y negó con la cabeza. “No hablaremos de esto hoy. Como si algún espadachín fuera a venir tan al Este. ¡Todos! ¡Regresen al festival!” Gritó. Poco a poco, la gente regresó a la fiesta. Pero un aire de tristeza ensombrecía el ambiente. Xiaoshi intentó ignorarlo. Estaban en las afueras. El jefe tenía razón. Como si alguien fuera a venir por aquí.
❄️❄️❄️
La vida continuó tras la proclamación. Habló con el padre de Linlin sobre su mano, ahora que se había establecido. La situación era un tanto incómoda, ya que Tianlan no dejaba de pedirle que la besara y se enfadaba cuando él intentaba expulsar al espíritu de sus sentidos. ¡El Espíritu de la Tierra era demasiado curioso! “¿Estás seguro de esto, hermano Xiaoshi?” Preguntó el hermano Boyi, con los brazos cruzados y una sonrisa en el rostro. Xiaoshi asintió, recogiendo su pico. “Necesitamos arados nuevos, y nadie más tiene hierro. Tardaré una semana como máximo y pasaré por el borde del bosque. ¡Nadie sabrá que estoy allí!” Dijo Xiaoshi, mientras Tianlan cantaba mentalmente “¡Aventura, aventura!” . Bueno, eso también. Su querida amiga era infinitamente curiosa. Emprendió su aventura, despidiéndose con la mano de un querido amigo, con una sonrisa en el rostro.
❄️❄️❄️
Un espadachín vagabundo y herido pasó por la aldea. Los habitantes de Árboles Verdes, gente bondadosa, lo acogieron y lo cuidaron hasta que recuperó la salud. Al día siguiente, los soldados del Emperador marcharon hacia el pueblo, buscando al hombre que había alzado la mano contra el Señor del Azur.
❄️❄️❄️
Algo andaba mal. Tianlan lo sintió en ráfagas de inquietud. Algo no andaba bien. Era un picor en la espalda. Su consciencia siempre estaba con Xiaoshi. Pero algo más abajo, algo le atormentaba el alma, y no sabía qué era. Xiaoshi tarareaba para sí mismo mientras regresaba al pueblo, cargando grandes trozos de mineral de hierro a la espalda. Su aventura había sido más exitosa de lo que jamás hubiera imaginado. “Has estado callada, Tianlan. ¿Estás bien?” Le preguntó. Tianlan se rascó la espalda. “Estoy bien... Pero... Tengo un mal presentimiento,” le susurró. “¿Mal presentimiento, eh? Bueno, pronto estaremos en casa, así que lo resolveremos cuando lleguemos,” dijo. Al salir de la arboleda, su Conectado se detuvo un instante y miró al cielo. “Eso... Es mucho humo. ¿Acaso Boer intentó cocinar otra vez?” Preguntó Xiaoshi, tratando de aligerar el ambiente... Pero de todos modos se echó a trotar ligeramente. A Tianlan le picaba la espalda de nuevo. Entonces les llegó el olor. El olor a ceniza y sangre. Xiaoshi soltó su cesta de mineral y echó a correr. Una carrera desesperada hacia la aldea, donde la enfermería estaba en llamas. Xiaoshi se detuvo en seco al divisar a los aldeanos. Estaban alineados, de rodillas, con la cabeza gacha ante un hombre. Vestía el uniforme del Ejército Imperial. Llevaba el cabello recogido como un noble y sonreía a la cabeza que sostenía entre las manos. Ni Xiaoshi ni Tianlan reconocieron a aquel hombre. Su armadura estaba ennegrecida por el hollín, y la hoja clavada en el suelo goteaba sangre. Lucía una insignia de capitán en el hombro. Había cinco soldados más, todos observando a los aldeanos con una expresión de diversión en el rostro. “Todos ustedes recibieron la proclamación hace dos lunas, ¿verdad?” Preguntó el capitán con voz suave y conversacional. El jefe Xin estaba de rodillas, con la frente pegada al suelo. “¡La recibimos, Gran Capitán! Nosotros, los de esta humilde aldea, no podíamos concebir que un hombre pudiera escapar del poderoso Ejército Imperial durante tanto tiempo, ¡y por eso bajamos la guardia! ¡Le rogamos que nos perdone!” El hombre arqueó una ceja, y una sonrisa iluminó su rostro. "¿Oh? ¡Escuchen a este campesino, que nos tiene en tan alta estima!" Los soldados que los rodeaban se rieron, y Tianlan sintió un nudo en el estómago. “Pero… Bueno. Las órdenes del Emperador eran claras, ¿no?” Continuó con el mismo tono. Su espada emergió del suelo, describiendo un bello arco. El brazo del jefe Xin golpeó el suelo. Empezó a gritar. Sintió cómo la sangre de Xiaoshi se le helaba. “Hasta el noveno grado. ¡Todos los traidores, serán borrados de existencia! ¡Y se callarán!” El jefe Xin, que había dado la bienvenida a Xiaoshi a la aldea, diciéndole que siempre tendría un lugar con ellos. El anciano que les contaba a los niños todo tipo de historias. La espada volvió a alzarse, mientras los soldados desenvainaban sus hojas, y lo que estaba a punto de suceder se hizo presente en la aldea. Podía sentir la vacilación de Xiaoshi. Podía sentir el temblor de sus manos. Quería huir. Deseaba huir con todas sus fuerzas. La espada describió un arco descendente. Linlin gritó. Xiaoshi tiró de su conexión. Algo le decía a Tianlan que las cosas no debían funcionar así, pero lo ignoró. La rabia le inundó las venas. Tianlan le entregó su poder libremente. Xiaoshi rugió, y Tianlan rugió con él, lanzándose contra aquel bastardo. El hombre ni siquiera detuvo su ataque. En cambio, simplemente levantó un brazo en un despectivo bloqueo. Xiaoshi fue demasiado lento. La hoja penetró profundamente en el Jefe Xin, y el hombre tuvo la osadía de sonreírles con sorna. Hasta que sus ojos se ensancharon. Se encontraba en la Cuarta Etapa del Reino Espiritual. Una existencia que habría eclipsado a Xiaoshi cuando abandonó la ciudad del Supervisor. No importaba. No hubo vacilación. Xiaoshi blandió el arma con un movimiento casi instintivo. Su puño impactó contra una espada de metal, que se hizo añicos. El impacto se produjo contra placas remachadas de Mineral de Luna Pálida, cuyo material resistió el embate, pero no impidió lo que sucedió a continuación. La fuerza del golpe la atravesó y desintegró al cultivador que se encontraba debajo. Los demás hombres se quedaron paralizados, con los ojos muy abiertos al ver a un experto del Imperio Azur destruido de un solo golpe. Entonces uno de ellos se armó de valor. “¡Muerte a los traidores! ¡Gloria al Emperador!”, gritó. Los demás se unieron a su grito. La batalla comenzó. Los aldeanos observaron con horror y conmoción cómo se extendía el derramamiento de sangre.
❄️❄️❄️
Xiaoshi quedó aturdido cuando todo terminó. Contempló la devastación. Los incendios se habían propagado durante la lucha, arrasando la mitad de la aldea. “¿Qué hacemos?”, Preguntó alguien. Xiaoshi y Tianlan miraron fijamente a la gente del pequeño pueblo, con terror reflejado en sus rostros, mientras algunos de ellos lloraban. Xiaoshi percibió las emociones de Tianlan y su reproche por no haberse dado cuenta antes. Extendió la mano y ella se calmó un poco, aferrándose a algo más. Algo oscuro. “Tenemos que irnos,” dijo Xiaoshi mientras contemplaba la devastación. No podían quedarse allí; el Ejército Imperial regresaría. Vio a algunos empezar a llorar al pensar en tener que abandonar sus hogares. Sintió la sobreprotección de Tianlan y asintió. Sus ojos buscaron los de Linlin. Ella estaba aterrorizada. Respiró hondo. Solo los conocía desde hacía tres años… Pero habían sido los mejores tres años de su vida. Cuidaría de ellos. Pero algo más bullía bajo la superficie. Algo feo.

≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡ Si encuentras errores déjanos las correcciones en un comentario abajo, servirán para mejorar la calidad de la serie.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario