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martes, 14 de abril de 2026

BC - Volumen 4 Capítulo 46


Capítulo 46
Recibiendo El Año Nuevo Parte 1: Los Chicos
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
El pueblo de Colina Verdeante era... Pintoresco. Eso era todo lo que Bowu podía decir al respecto. Había estado en la Ciudad del Mar de Hierba durante Año Nuevo. Los fuegos artificiales habían oscurecido el cielo y toda la ciudad resplandecía gracias a las linternas. Sin embargo, a pesar de su encanto, seguía siendo agradable. “¡Y ahí es donde hacemos peleas de escarabajos!” Susurró Xian en tono conspirador, señalando un callejón lateral que tenía un poste de madera colocado de lado al final. Bowu asintió con un único y serio gesto hacia el callejón. “No te preocupes. No le diré nada a la tía,” susurró, y la sonrisa de Xian se ensanchó mientras volvían a adentrarse en el pueblo, cumpliendo así Xian su promesa de enseñarle los alrededores a Bowu. En ese momento, todos los demás se encontraban en la Mansión Zhuge con el Señor Zhuge y la Hermana Mayor Meihua. Bowu se sonrojó y se rascó la mejilla. La mujer había oído que su padre le estaba enseñando el oficio de herrero... Y había agarrado a Bowu y lo había cubierto de besos. Y entonces le dijo a su hermana a la cara que se lo estaba robando y que Bowu ahora era su hermanito. Xianghua claramente no sabía si enojarse o impresionarse por la audacia de la mujer mortal, pero se tomó la declaración en serio y terminó en una discusión de una hora con la mujer sobre quién era la hermana mayor entre ellas. Bueno, había pasado una hora antes de que Bowu decidiera irse. Habían servido el té y seguían discutiendo cuando se marchó con Xian; Tigu, Ri Zu y Wa Shi se habían sentado a observar. Y no es que le molestara pasar tiempo con Xian. El hecho de que la tía Meiling confiara en él para asegurarse de que no se metieran en problemas era algo que nunca antes había experimentado. Siempre había sido el que necesitaba cuidados, o el que acababa relegado a un segundo plano. O peor aún, el que era objeto de lástima, como si fuera incapaz de realizar cualquier tarea básica. Pero ahora era el hermano mayor de confianza. Era una sensación agradable. Deambularon por la ciudad, Xian tirando de él a un ritmo que habría hecho caer al suelo a Bowu apenas unos meses antes, pero que ahora seguía con una indulgente facilidad. Hasta que un hombre se interpuso en su camino cuando se escabulleron por una calle lateral para evitar los puestos que estaban instalando. Xian se estrelló contra sus piernas, y se oyó un crujido y un chapoteo cuando el hombre dejó caer su botella de vino. “¿Eh? ¡Fíjate por dónde vas, mocoso!” Gruñó el borracho. Bowu entrecerró los ojos al ver al hombre ebrio y beligerante. Él Se había interpuesto en el camino de Xian. “Ah. Lo siento, señor,” dijo Xian, rascándose la nuca. Pero el hombre solo lo miró fijamente, con la mirada perdida. “A los chicos como tú les hace falta una buena paliza para que se les enderece el cerebro,” gruñó el borracho, y Bowu se puso tenso. Quizá no fuera un cultivador... Pero seguía siendo el Joven Maestro de la Secta del Lago Brumoso. Había aprendido a luchar desde que aprendió a caminar. Uno de los amigos del borracho protestó al ver a su compañero levantar el brazo con la mano abierta. El pequeño Xian pareció sorprendido por un instante, antes de entrecerrar los ojos y tensar el cuerpo para esquivar el golpe. “¡Cesa tus actos malvados!” Ordenó una voz, abriéndose paso entre el bullicio del callejón. Alguien más sujetó con brusquedad el puño ofensor. El borracho se giró bruscamente, encontrándose cara a cara con dos ojos inquietantes y un pico. Bowu pensó al principio que algún tipo de Bestia Espiritual había llegado al pueblo, pero resultó que la cabeza demoníaca era simplemente una máscara de pollo. La persona vestía un chaleco de piel de lobo y llevaba una lanza cruzada a la espalda. La imagen le trajo un recuerdo: la vestimenta le resultaba familiar por alguna razón. A su lado había un cachorro blanco y lanudo, casi un perro adulto, con los dientes al descubierto y un gruñido bajo en la garganta. El borracho palideció e intentó zafarse, pero fue inútil. El enmascarado no se movió y Bowu se dio cuenta de que aquel hombre de vestimenta extravagante… No un adolescente, sus proporciones no correspondían a las de un hombre… Era un cultivador. Un solo empujón estampó al borracho contra la pared con tal fuerza que lo dejó sin aliento, y se deslizó tosiendo por ella mientras el cultivador se giraba para encarar a sus compañeros, igual de ebrios. Uno de ellos miró incrédulo la botella que tenía en la mano antes de vaciarla en el suelo con un renovado fervor por la sobriedad. “¡Lárguense!” Ordenó el muchacho. El borracho se puso en pie de un salto y desapareció junto con sus compañeros. Una vez fuera de la vista, el cultivador giró hacia los dos chicos e inclinó levemente la cabeza. “¿Están bien?” Preguntó con la voz amortiguada por la máscara. Bowu miró a Xian, que tenía una expresión pensativa en su rostro. “¡Estamos bien! Pero... Eh... ¿Eres el Jinete del Torrente?” Preguntó Xian. El pecho del cultivador se hinchó de orgullo, y Bowu se dio cuenta de inmediato de quién se trataba. Ya había oído hablar de esa persona por boca de Jin. “¡Así es! ¡Veo que mi nombre se ha extendido hasta Colina Verdeante!” “¡Sí! Mi hermana mayor me habló de ti. Eres alumno de Bi De, ¿verdad?” Preguntó Xian. El chico de la máscara de pollo retrocedió sorprendido. Se llevó la mano a la cara y se apartó la máscara, dejando al descubierto un rostro joven e infantil, con la sorpresa reflejada en cada expresión. “¡¿Conoces al Maestro?!” Preguntó, conmocionado. “¡Sí! Está aquí, luego te llevo con él. ¡Le estoy enseñando la ciudad a mi hermano mayor! “Ah… Sí, por favor,” declaró el joven, haciendo una reverencia. “¡Este es Zhang Fei! ¡Es un placer conocerlos a ambos!” El cambio repentino de cultivador impetuoso a joven educado provocó una risita burlona en Bowu. “Y bien… ¿De dónde eres?” Le preguntó Bowu a Fei. Recordaba la historia de Jin sobre montar torrentes. Le había parecido divertida… Y ahora, con la pierna curada, podía intentarlo. Así fue como todos se aventuraron a entrar en la ciudad. Fei resultó ser un chico bastante gracioso. Era un cultivador, sí, pero era como el hermano Gou Ren y sus ojos empezaron a brillar cuando Xian comenzó a explicar las "cosas increíbles" que Bowu podía crear. Fue el comienzo de una hermosa amistad. Se reunieron con Bi De y los demás en el Complejo Zhuge y presenciaron una demostración de las técnicas de lanza de Fei. Una cosa llevó a la otra y Bowu terminó entrenando con él un rato. La pelea estuvo reñida, pero en este caso la experiencia se impuso a la fuerza bruta. Bowu logró sorprenderlo con una finta... Pero en lugar de enfadarse porque un mortal lo hubiera vencido, Fei comenzó a pedirle consejos a Bowu con insistencia. Fue raro... Pero estuvo bien. Estuvieron hablando un rato, hasta que la conversación volvió a girar en torno a montar torrentes. Por desgracia, era pleno invierno, así que Bowu no podría probarlo por un tiempo. Eso fue hasta que Xian, sonriendo como Wa Shi con una nueva comida para probar, anunció su idea. Varias horas después, los tres, junto con un pez, estaban alineados frente a Jin. El hombre tenía los brazos cruzados sobre el pecho y le temblaban los labios mientras luchaba por no reír. El guardia que estaba detrás de ellos también sentía diversión. ¿El dueño de los baños públicos? No tanto. Había agua por todas partes.
❄️❄️❄️
Zang Wei, conocido como "Chico Ruidoso" entre sus amigos, estaba sumido en una profunda meditación. En su mente, visualizó una estufa dorada. La estufa estaba rota, sus fragmentos esparcidos y centelleando bajo la luz azul que brotaba sin cesar de sus grietas. Zang, con sumo cuidado, fue reuniendo cada pieza, reduciendo así la fuga de luz. Fue un trabajo duro, pero valdría la pena. Podía recuperar su cultivación. La recuperaría. Colocó otro trozo de estufa destrozada, apenas tan grande como una uña, en su sitio antes de soltar un suspiro y abrir los ojos a una habitación de piedra. Ya estaba cerca. Muy cerca. Echó un vistazo a las botellas vacías; las reparaciones de la Secta de la Montaña Envuelta estaban siendo bien utilizadas. En cualquier momento... Le rugió el estómago, recordándole las horas que ya llevaba allí ese día. Aquella habitación de piedra contenía una sorprendente cantidad de Qi, lo que la convertía en un lugar idóneo para realizar sus reparaciones... Pero era fría, húmeda y estaba apartada. Estaba a punto de dirigirse a la puerta cuando esta se abrió y una cabeza asomó. La mujer al otro lado vestía ropa harapienta, pero aún remendada con cariño. Sus ojos se ensancharon al ver a Wei. “¡Eh! Ya te levantaste,” la voz grave de Minmin, la hermana mayor, se oyó con claridad por encima del bullicio. Una leve sonrisa asomó a la cicatriz que continuaba por su cuello. Tenía el pelo increíblemente rizado y una mirada capaz de asustar a las nubes de una montaña. También era la más amable y dulce de la pandilla de Trapos. Llevaba una bandeja de comida y estaba a punto de dejársela a Wei. “Sí. Hoy he progresado mucho. Gracias por traerme comida, hermana mayor.” A Wei todavía le molestaba que su voz fuera más grave que la suya, ¡pero seguía creciendo! Pronto se haría más grave… Él tenía esperanza. “De todas formas, iba a salir hoy.” Minmin asintió. “Los demás siguen comiendo... Y el Jefe ha vuelto. Ven, hay sitio en la mesa.” Wei se animó al oír mencionar a Trapos, siguiendo a la mujer mayor de vuelta afuera y por el pasillo de piedra de la gran fortaleza, de la Pandilla de los Cerdos. Se había quedado completamente atónito al salir del túnel oculto en la ladera de la montaña. Trapos había hablado con tanta irreverencia de su “escondite” que Zang Wei esperaba una choza en un bosque sombrío. Su diseño era casi idéntico al de los Picos de Duelo... Pero carecía de todo lo interesante. No tenía puertas móviles ni poleas, y llevaba mucho tiempo abandonada cuando Trapos la encontró. Nada de lo interesante, salvo una serie de pictogramas tallados en una pared que sirvieron de base para el estilo de lucha de Trapos. Aun así, era un buen sitio. Tenía muchas habitaciones y, sorprendentemente, estaba muy limpio. Aunque... Eso quizá se debiera a los otros miembros de la banda de Trapos. Minmin, la hermana mayor, y Chico Ruidoso se pegaron a la pared para evitar a un grupo de jóvenes traviesos antes de adentrarse en el bullicio del vestíbulo principal. Al salir al pasillo, los envolvieron conversaciones y risas. La banda de Trapos era bastante... Diferente de lo que Chico Ruidoso había esperado en un principio. Resultó que todos los que estaban con él en los Picos de Duelo eran los únicos que sabían pelear de verdad. Personas como la hermana mayor Minmin, el pequeño Shou, el hermano Kuang y los hermanos Cabeza de Hierro. ¿Y el resto de la Pandilla de los Cerdos? Niños, abuelas y abuelos. Los pobres y marginados de la Ciudad del Mar de Hierba, conducidos a un lugar propio por un idiota carismático. Wei no podía odiar a Trapos por eso. El tonto no sabía leer ni un solo carácter antes de que Wei le enseñara... Pero era un amigo y un buen tipo para su "pandilla". Y dicho amigo estaba bebiendo su aguardiente barato y de mala calidad mientras holgazaneaba en la mesa principal, observando cómo los demás colocaban decoraciones rojas. Trapos levantó la mano para saludar... Y Wei le lanzó un trozo de madera con varios caracteres grabados. Trapos atrapó el proyectil, dejando caer torpemente tanto la madera como su bebida, pues no se lo esperaba. “¡Hora del examen!” Exclamó Wei alegremente, sentándose junto a su hermano jurado. Minmin y los hermanos Cabeza de Hierro rieron mientras Trapos dejaba escapar un gemido. “¡Maldito mocoso! ¿En serio?” Exclamó. “¡Es Año Nuevo y acabo de regresar de vigilar otra caravana!” Wei lo ignoró y empezó a comer la comida que Minmin le había traído, mientras la mujer soltaba una risa gutural que sonaba muy bien. “¡Vamos, ¿qué dice?” Exigió Chico Ruidoso mientras Trapos refunfuñaba. Trapos fulminó con la mirada el trozo de madera en cuestión, y entonces su rostro se iluminó con una enorme sonrisa. “¡Ja, pequeño bastardo! ¡Pensaste que ibas a engañarme con esto! Pero…” Trapos sacó su propio trozo de madera. En ella estaban los mismos caracteres que Wei había escrito. La caligrafía era terrible… Pero decía, con orgullo, las mismas palabras que Chico Ruidoso le había dicho a Trapos. ¡Feliz Año Nuevo a mi hermano! Wei se sonrojó al leer el mensaje. Trapos se había tomado la molestia de aprender a escribirle su regalo. “Bastardo traposo,” murmuró Wei, impresionado. “Mocoso bullicioso,” replicó Trapos. Ambos se miraron fijamente... Y luego estallaron en carcajadas. “Me alegra verte de nuevo,” dijo Wei, extendiendo la mano para estrechar los antebrazos de Trapos. “Lo mismo. ¡No es lo mismo sin tu voz zumbando en mis oídos!” Wei negó con la cabeza. “¿Qué tal fue vigilar la caravana?” “¡Ja! ¡Nos topamos con unos bandidos! Pero huyeron en cuanto nos vieron. ¡La leyenda del Gran Trapos!” Wei negó con la cabeza mientras Trapos se lanzaba a contar otra historia que seguramente era exagerada. Pero, aun así, resonó en Wei. Le encendió una llama en sus entrañas. Wei aún tenía que trabajar un poco más en su núcleo... Y entonces podría volver a estar al lado de su hermano jurado. “Además, tenemos otra cosa,” dijo Trapos, sacando una carta. “¡Nuestra hermana nos envió esto!” “¿Tigu nos envió una carta?” “¡Sí! ¡A través de la compañía! ¡Nos llegó un pequeño paquete también! ¡Nos envió comida y algo del licor de su Maestro!” “Bendiciones de Año Nuevo, ¿eh?” Preguntó Wei. Dong Chou, conocido como Trapos, sonrió y abrió la carta, disponiéndose a entregársela a Wei, pero Chico Ruidoso negó con la cabeza. “¡Vamos! Al menos inténtalo primero.” Trapos hizo una pausa y luego suspiró, lanzándole a Wei una mirada de desgano. Puso la carta delante de él y, con voz vacilante, comenzó. “¡Yo, Rou Tigu, los saludo a ustedes, mis hermanos jurados! ¡Cuánto tiempo! Todo está bien…”
❄️❄️❄️
“¿Qué quería la Compañía Comercial Jade Azur, padre?” Preguntó Tie Delun mientras clavaba otro remache en la placa. La fragua estaba lo suficientemente caliente como para fundir acero, pero aun así trabajaba cerca de la llama sin camisa para controlar mejor la temperatura. “Uno de sus exploradores tiene un mensaje para ti, hijo mío,” respondió su padre. Su corpulencia llenaba el umbral, aunque la puerta era lo suficientemente grande como para que no tuviera que agacharse para entrar. “¿Un mensaje para mí? ¿De quién?” Preguntó Tie Delun. Su padre sonrió beatíficamente. “Dijo que era de alguien llamado Rou Tigu…” Tie Delun, de la Secta de Hierro Hermético, se puso de pie de un salto y arrebató la carta de la mano de su padre con una rapidez nunca antes vista.

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