Capítulo 42
La Vieja Bruja
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Edición: Radak, Sho Hazama
Bi De se alineo frente a un pequeño gallinero acurrucado contra el muro de Colina Verdeante. Era una construcción vieja y algo destartalada, rodeada por una cerca delgada y con un pequeño corral para guardar los animales. Había varios carteles colocados frente a la cerca que colindaba con otro lugar igualmente ruinoso. En ellos se proclamaba a viva voz que “Shu” fornicaba con perros y era feo y calvo.
El terreno contiguo reflejaba esto con sus propios carteles, que afirmaban que la mujer que vivía al lado era una bruja que conspiraba con cabras demoníacas y que, del mismo modo, había tenido relaciones carnales con todos los hombres y caballos de Colina Verdeante.
Bi De lo pensó un momento antes de decidir que no era su problema. Estaba allí por otro motivo.
Ante la puerta de entrada yacía una cabra. El animal rumiaba plácidamente, mirando al vacío.
Bi De tosió, intentando llamar su atención.
Después de varios segundos, durante los cuales la cabra no hizo nada, lo intentó de nuevo.
“Disculpe,” preguntó. Hubo otra pausa, pero lentamente, la cabra le dirigió un ojo vago y masticó un par de veces más.
“¿Está la dueña de la casa?” Preguntó cortésmente.
La cabra lo observó y ladeó la cabeza al oír su voz. Tragó el bolo alimenticio que tenía en la boca y luego levantó la pata trasera con desgano.
La pezuña hendida de la cabra golpeó la puerta con un estruendo ensordecedor que hizo temblar toda la choza.
Se oyó el sonido de una cabeza golpeando algo, una olla cayendo y luego un grito de indignación.
“¡Lan Fan, ¿te atreves?!”
Una anciana conocida salió de la choza de golpe, blandiendo una escoba. Uno de sus ojos era de un blanco lechoso; el otro, desorbitado y descontrolado, se movía como si tuviera vida propia. Su cabello estaba revuelto y su túnica desaliñada. Parecía como si la hubieran despertado de golpe. Un gato de tres patas la seguía, con los ojos entrecerrados por la ira.
La cabra regurgitó el bolo alimenticio y volvió a masticarlo, mostrando una clara indiferencia ante la pareja de vecinos enfadados. Mientras la mujer sacudía la escoba y tomaba aire para comenzar una diatriba sin duda grosera, Bi De aprovechó la oportunidad.
“Abuela, ¿tienes un momento?” Preguntó, y su voz salió del cristal que llevaba alrededor del cuello como siempre últimamente.
La mujer fulminó con la mirada a su cabra antes de lanzarle una mirada penetrante al gallo de la cerca. Resopló, se dio la vuelta y entró dando un portazo. El gato de tres patas bufó y volvió a entrar en la casa tras echarle un vistazo a Bi De.
Sin embargo, ella había dejado la puerta abierta, así que Bi De lo interpretó como una invitación para entrar en la pequeña y estrecha choza. Estaba tal como la recordaba. Tallados de animales colgaban por todas partes, y chucherías, piedras y otros objetos diversos estaban esparcidos por doquier, llenando el espacio. Había una cama con multitud de mantas encima, y el viejo gato de tres patas la había reclamado como suya.
Para su sorpresa, al entrar vio que la anciana se había puesto a preparar té, en lugar de simplemente darle agua caliente como la última vez.
“¿Y bien? ¿Te sirvió el mapa?” Preguntó sin volver a mirarlo. “Desde luego que te lo tomaste con calma, muchacho.”
Bi De parpadeó ante la repentina pregunta. “Sí. Me fue muy útil, abuela. Me llevó a un descubrimiento de gran importancia. Por eso te lo agradezco.”
La anciana gruñó al sacar dos tazas de té. Las miró a ambas. Una estaba en buen estado, pero la otra estaba quiñada en el borde.
Colocó aquella delante de Bi De y se quedó con la mejor.
“¿Así que estás aquí solo para darme las gracias o para hacer una pregunta? Todo el mundo siempre tiene preguntas.”
Bi De hizo una pausa ante el énfasis en las “preguntas”, pero siguió adelante de todos modos.
“Tienes razón, abuela. Tengo una pregunta, si me permites.” La mujer le hizo un gesto de desdén con la mano mientras sacaba agua del fuego y la vertía en las tazas. “¿Por qué me diste ese mapa en particular?”
Hizo una pausa y giró hacia él. Sus ojos dispares, uno ciego y el otro sano y penetrante, lo atravesaron con la mirada mientras la habitación parecía oscurecerse. Entrecerró los ojos y tardó un instante en asimilar sus preguntas. Entonces habló.
“En aquel momento pareció una buena idea. ¿Por qué? ¿Qué encontraste allí, en realidad?”
“¿No lo sabías ya?” Respondió Bi De, sorprendido por su curiosidad.
La mujer resopló. “¿Qué? ¿Acaso esperabas que yo tuviera todas las respuestas? ¿Que fuera una especie de titiritera? ¡Qué va! ¡Yo tampoco tengo ni idea de lo que está pasando! ¡Nunca la tengo! ¡Jajajajaja!” La mujer soltó una carcajada estruendosa, con los ojos rodando con locura.
Se rio tanto que tuvo que agarrarse a la mesa para no caerse.
Varios minutos después, su risa se fue apagando lentamente y suspiró. En el incómodo silencio, el gallo preguntó:
“Pero… Entonces, ¿puedo preguntar cómo conseguiste este mapa?”
“¿Cómo lo encontré? Lo hice yo.”
Bi De se detuvo ante la respuesta directa. La anciana soltó una risita al ver la confusión en su rostro. “¿Qué sabes tú de adivinación, muchacho?”
“Como en... ¿Predecir el futuro? Mi Gran Maestro decía que tal cosa normalmente no es fiable. Que intentar cambiar el destino podría convertirlo en verdad para siempre.”
“Ajá. Ese chico perdido siempre tiene sorpresas,” dijo, con la mirada perdida y un tono melancólico. “Aunque supongo que ya no está tan perdido, ¿verdad?” Volvió a mirar a Bi De. “Pero tiene razón. Adivinar el futuro es… Poco fiable. ¿Intentar cambiarlo? Casi imposible. Años perdidos intentándolo. ¿Sabes lo frustrante que es? Ver a un cultivador seguir tus visiones al pie de la letra… Y luego que un mortal las desafíe por completo por accidente y terquedad. El destino se burla de nosotros; créeme, lo sé. Me da un dolor de cabeza insoportable solo de pensarlo.”
Miró fijamente la pared de su casa, en dirección a la otra choza, antes de negar con la cabeza.
“No todo consiste en escudriñar el futuro intentando desafiar al destino. A veces se trata simplemente de ver. Pasado. Presente. ¡Esta pequeña habilidad mía era bastante solicitada antes de que me jubilara!”
Bi De oyó un siseo. El viejo gato que estaba en la cama miraba fijamente a la anciana.
La mujer le rodó los ojos y esbozó una enorme sonrisa que dejaba ver sus dientes faltantes. “Oh, esta anciana solía ser toda una belleza de jade, ¿sabes? Todos los hombres y mujeres del cielo me deseaban, pero era una vida agotadora, demasiado llena de emoción y accidentes para mi gusto.”
Dicho esto, ella miró al gato en su cama, su mirada se desvió hacia la pata que le faltaba, y ella se rascó distraídamente el estómago. Era el mismo lugar que Chico Ruidoso había estado tocando durante el breve tiempo que Bi De lo conoció. Era el punto sobre su dantian, la fuente de su cultivación. “¡Así que! Hice lo mismo que tu Maestro. ¡Lo dejé todo atrás! ¡Todo! Encontré la provincia más débil y apartada. Ja. Pensabas que él era el primero en tener esa idea, ¿eh?”
Sus ojos brillaron con alegría.
“Parece ser un deseo más común de lo que uno pensaría,” reflexionó Bi De, acariciándose las barbas. “Aunque, abuela, ¿por qué elegir este lugar en particular?”
Él le echó un vistazo al edificio... Usado. Era un poco frío, sobre todo para su avanzada edad.
“¿¡Ja!? ¿Qué le pasa a mi casa, montón de plumas?”
Bi De se quedó paralizado ante la agresión. “Simplemente me preocupo por tu bienestar, abuela. No debe de hacer mucho calor, y cortar la leña...”
La anciana resopló. “Soy dura, y mi piel es más cuero que carne. Estaré bien. Además, ¡me gusta aquí! ¡Es un lugar fantástico para vivir! Los jóvenes huyen gritando, pensando que los maldeciré, y en vez de intentar con palabras envenenadas, ¡las damas de la alta sociedad me ofrecen té! ¡Y creo que estoy a punto de acabar con ese viejo bastardo de al lado! ¡Jajajajajajajaja!”
Su risa se fue apagando y tomó un sorbo de té.
“Pero no siempre fue tan agradable. Solía vivir cerca de la gran ciudad, ¡y mi vida allí era un tormento! Apenas llevaba una semana en esa maldita provincia cuando empecé a tener visiones. ¡Era molesto! Tan molesto, esos destellos de memoria, de algún extraño cataclismo del pasado. Un espíritu, ligado a la tierra, gimiendo débilmente sobre cómo necesitaba encontrar un heredero.”
La anciana tomó otro trago.
“Así que llegué a un acuerdo. Se callaría y yo enviaría a un sucesor digno.”
“¿Prometiste ayudarlo para que dejara de molestarte?” Preguntó Bi De incrédulo.
“¿Tienes una razón mejor? El muy canalla me mandó a recorrer estas malditas colinas, haciendo ese mapa y marcando ese lugar. Luego simplemente le pregunté al destino dónde aparecería un buen sucesor... Y me mudé aquí. Al principio, iba a dárselo al joven Magistrado. ¡Era perfecto! ¡Habría sido un gran Emperador! Pero... Podría haberse vuelto loco por el estrés. Así que decidí no arriesgarme... Y es demasiado guapo para irse de aventuras. ¿Has visto su trasero? ¡Firme! ¡Firme como un tigre! ¡Y se pasea por el pueblo para nosotras todos los días! ¡Jajajajajajaja!”
Bi De miró, preocupado, a la mujer que reía a carcajadas.
“Entonces… Entonces apareció ese chico. Ese chico perdido, muy perdido. Encaja. Encaja, ¿sabes?”
"Sí, lo sé."
“¡Pero me he vuelto débil en mi vejez! ¡No podría haberlo hecho! Un muchacho que se pierde necesita echar raíces, no seguir vagando. Y además… Me devolvió mi cabra. Siempre hay que recompensar a quien te devuelve tu cabra.”
Bi De resopló ante la simple respuesta.
“Y luego estabas tú. Bueno. Quería un Emperador. ¿Y qué es un gallo sino el Señor de una granja?”
¿Fue mera casualidad? O... ¿Fue realmente el destino? Bi De no lo sabía, y dudaba que pudiera obtener una respuesta sincera de la mujer.
“Ya veo. Gracias por tu confianza, abuela.”
“¡Keh! No seas tan condenadamente educado, mocoso. Te hice un perjuicio.”
“Sea como fuere. Una bendición puede convertirse en un perjuicio, y un perjuicio en una bendición, ¿no es así?”
La anciana volvió a reírse a carcajadas. "¡Oh, no tienes ni idea!"
Bi De le sonrió a la anciana. Todavía le quedaba mucho tiempo antes de volver a casa...
“Todavía tengo algo de tiempo, abuela. ¿Te gustaría que te contara mi viaje y qué había en el cristal? ¿O es inútil contarle una historia a alguien que puede ver el pasado si así lo desea?”
“¿Por qué crees que preparé el té? ¡Siéntate! Me sé algunas partes. Pero las buenas historias se disfrutan igual, aunque sepas cómo van a terminar. Solo queda ver si se te da bien contar historias. ¡Mi narrador favorito es Tao el Viajero! ¡Y pensar que la gente cree que es un charlatán! ¡Jajajajaja!”
Ella le dedicó una sonrisa desafiante.
Bi De se armó de valor. Haría todo lo posible por estar a la altura de las circunstancias.
“Comenzó como cualquier otra historia. Una que ambos conocemos muy bien…”, empezó.
❄️❄️❄️
Y así Bi De le contó su historia a la vieja y excéntrica mujer. Ella escuchaba con atención, carcajeando, bromeando o interrumpiendo cuando le apetecía, con el viejo gato tumbado en su regazo. Lan Fan, la cabra, también se había aventurado a entrar, rumiando plácidamente como siempre.
“Ajá,” murmuró la anciana cuando él terminó. “Esa sí que es una historia.”
“En efecto. Aunque… Debo admitir que aún quedan muchas preguntas. El Muro de Niebla, por ejemplo. Uno pensaría que habría algún recuerdo de él… Pero la Sabia Sanadora dijo que en todos los textos que ha leído en los archivos, ninguna de las historias menciona su existencia.”
La anciana se rascó la barbilla. “Bueno, no es precisamente un secreto… Pero tampoco se publicita mucho. Hubo un tiempo en que el mundo entero estaba cubierto por esos Muros de Niebla; había algunos en cada provincia, protección contra los demonios… Pero no es una buena historia que nos escondiéramos como ratas entre los muros mientras los demonios dominaban el mundo exterior. Al menos hasta que nos pusimos las pilas y los expulsamos. ¡Ja!”
Bi De parpadeó ante esa revelación. Sin duda, pronto tendría que encontrar un pergamino de historia mejor, si ese era el caso. “Supongo. Gracias por el té, abuela. Me tengo que ir.”
“Mmm. Gracias por el relato y la compañía, joven. Pero no vengas muy a menudo. Odio las visitas. Tú…” De repente, su voz se apagó, frunciendo el ceño.
“¿Abuela?” Preguntó Bi De, preocupado. Su rostro había perdido toda expresión… Ella miraba al vacío como si nada más existiera. Tanto el gato como la cabra la miraron alarmados.
De repente, la anciana respiró hondo. Sus ojos giraron violentamente en sus órbitas y comenzó a respirar con dificultad. El sudor le perlaba la frente.
“Abuela…” Él comenzó a acercarse a ella, pero de repente su mano se levantó de golpe y lo señaló.
Y entonces Bi De vio. Era borroso, como un sueño. La visión se arremolinó y de repente se cristalizó.
Desde las llanuras centrales y sus ciudades fortaleza, protegidas contra los demonios, marchó el Imperio del Fénix Carmesí, recién llegado de su victoria en lo que se llamaría el Barranco de la Tumba del Demonio.
Algo les había ocurrido a los demonios. Una gran devastación. Y no iban a dudar. Avanzaron con determinación, repeliendo la amenaza.
En su expansión, hallaron cien mil reinos ocultos y poderosas fortalezas. Cortinas de fuego, ciudadelas de gemas y escudos de luz cegadora contenían a la diáspora de la humanidad, pequeñas antorchas contra los demonios. Algunas las encontraron destruidas y en ruinas; sus protecciones habían fallado y sus habitantes habían sido aniquilados.
Otros, al sentir que el poder demoníaco menguaba, se abrieron por su propia voluntad, liberando a sus protegidos de vuelta al mundo y añadiendo su fuerza a las alas del Fénix.
Hasta que un día, mientras continuaban su avance hacia el Norte, se toparon con protecciones que se desvanecían.
Los cultivadores del ascendente Imperio del Fénix Carmesí no tardaron en descubrir y asaltar el inmenso “reino oculto”. Era uno de los más grandes que jamás habían encontrado. Esperaban hallar riquezas, recursos y personas dispuestas a prestar su poder a la cruzada en constante expansión.
En cambio, encontraron las Montañas Azures. Un desierto de Qi. Sectas tan débiles como nunca habían visto. Recursos que incluso los iniciados más inexpertos apenas podían aprovechar.
Un lugar roto y débil, sin ninguna cualidad redentora... Salvo que era tierra, y que estaba presente.
Y así se envió un emisario del Emperador.
“¡El Emperador exige su lealtad! ¡Arrodíllense y conocerán la prosperidad!” Gritó el hombre al pueblo, su Qi un faro brillante que ni siquiera toda la población trabajando junta podría igualar.
Emperador. Emperador. La palabra resonaba en la mente de la gente. Servían a un Emperador... ¿No es así? Un gran Emperador que los había protegido a todos.
Los habitantes de las Montañas Azures doblaron las rodillas sin que se derramara ni una sola gota de sangre.
Y así, la zona se incorporó al Imperio. Tianlan Shan, las Montañas Azures. O, mejor dicho, los funcionarios corrigieron los caracteres del nombre de la provincia. Se corrigieron los caracteres para montaña y colina. Shan era la palabra hablada para ambas, así que ¿quizás los débiles que habían nombrado su provincia habían usado el carácter equivocado por error?
Ahora eran las Colinas Azures, porque aquí no había montañas.
Tan repentinamente como empezó, terminó. La realidad volvió a su lugar. La mano de la anciana cayó y recuperó la expresión en su rostro. Jadeaba con fuerza, con el ceño fruncido.
Luego escupió hacia un lado.
Bi De, conmocionado por la repentina visión, se recompuso antes de hablar con la anciana vidente. “¿Abuela?”
“…a veces pasa,” gruñó, negando con la cabeza. El gato que tenía en el regazo se acurrucó contra ella, mientras la cabra volvía a sentarse y empezaba a masticar de nuevo, con un movimiento chirriante y casi violento. “Bueno… Te ibas, ¿verdad?”
Bi De inclinó la cabeza. “Sí. Podría pedirle ayuda a la Sabia Sanadora, si la necesita...”
“¡Está bien, muchacho! ¡Ahora fuera! ¡Fuera! ¡Fuera! ¡O cenaré sopa de pollo!” Regañó la anciana, haciendo gestos exagerados con las manos, cada vez más enérgica.
Bi De sonrió e hizo una reverencia. Sin embargo, su partida se vio interrumpida de nuevo, esta vez por unos golpes en la puerta.
Todo el cuerpo de la anciana se estremeció, y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro.
“¿Oh? Es la hora,” murmuró. Se levantó rápidamente y se alisó el vestido antes de dirigirse a grandes zancadas a la puerta y abrirla de golpe, mirando a un hombre al otro lado. Era viejo y calvo, con extremidades delgadas y manchas de la edad. El hombre tenía una mano a la espalda y el ceño fruncido.
Era el mismo hombre al que la vieja bruja había obligado a Bi De a asustar como pago por su mapa, hacía ya tantos meses.
“¡Oh! ¡Si no es Shu el Calvo, oscureciendo mi puerta!” Dijo con una mueca burlona, mientras tomaba disimuladamente una hortaliza de raíz bastante vieja y de aspecto blando que estaba junto a la puerta.
“¡Bruja! Hoy fue la gota que colmó el vaso. Voy a tener que hacer algo que llevo pensando hacer desde hace mucho tiempo,” anunció el hombre, con una voz sorprendentemente fuerte en comparación con su apariencia.
Los labios de la anciana se torcieron en una sonrisa.
“¿Oh? ¿Y qué harás, Shu?” Preguntó la anciana con una sonrisa lasciva.
El hombre se irguió y se puso de pie hasta alcanzar su máxima altura... Que era exactamente la misma que la de la anciana que tenía delante.
“¡Miserable mujer! ¡Vives sola, sin hijos ni hijas que te cuiden! ¡Con razón te comportas así! ¡Así que toma esto como una declaración de mis intenciones!”
La sonrisa de la anciana se ensanchó al verlo gritar. De repente, el hombre cayó de rodillas, sacando con un gesto suave un ramo de flores de nieve que escondía tras su espalda. Las hermosas flores, gélidas como copos de nieve, parecían preciosas. “Si nadie se ocupa de esta mujer llena de vida, ¡lo haré yo!”
La mujer se quedó boquiabierta. Miró fijamente, completamente estupefacta, al hombre arrodillado... Pero no pudo disimular el rubor que le subió a las mejillas.
“Tú... ¡¿Tú?!” Tartamudeó mientras sus manos se alzaban, casi sin proponérselo, para tomar las flores.
Por un breve instante, la anciana pareció casi joven.
“¡Hmph! ¡Te veré mañana, mujer! ¡Y te convertiré en una dama respetable!”
Dicho esto, el hombre se puso de pie y dio media vuelta, comenzando su marcha de regreso hacia su casa.
La anciana regresó tambaleándose a su casa, con el rostro enrojecido.
“¿Qué? ¿Cómo...? Se suponía que él no debía...” murmuró la mujer, antes de que su rostro se pusiera completamente rojo. “¡Viejo bastardo! ¿Yo, necesitando que me cuiden? ¡¿Necesitando ser respetable?! ¡Te devuelvo esas palabras!” Gritó.
El tubérculo blando que tenía en la mano salió disparado por la puerta abierta hacia el hombre que marchaba... Y falló por completo. Parecía que la anciana había intentado anticipar el tiro... Y el hombre no había ido en la dirección que ella había previsto.
El hombre la miró con el ceño fruncido. “¿Te atreves?” Preguntó, agachándose y recogiendo nieve con las manos, mientras murmuraba algo sobre que ella estaba cortejando a la muerte.
La anciana maldijo, e inmediatamente después salió a la nieve para hacer lo mismo.
Bi De observó, estupefacto, cómo dos ancianos comenzaban una riña infantil.
Por alguna razón, parecía que la anciana se interponía intencionadamente en el camino de algunos de los proyectiles, pero a juzgar por sus maldiciones, fue completamente involuntario.
Bi De observó un momento más.
“Se complementan bastante bien, ¿verdad?” Le preguntó al viejo gato.
El gato tenía una sonrisa burlona que le resultaba demasiado familiar... Antes de volver a ser, una vez más, un gato viejo.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario