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martes, 30 de junio de 2026

BC - Volumen 5 Capítulo 13


Capítulo 13
Secuelas
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Los primeros rayos del amanecer comenzaron a extenderse sobre la tierra. Tiñeron la hierba y el agua de rosa y oro mientras la luz se deslizaba sobre el suelo fértil y la hierba vibrante. El canto de los pájaros llenaba el aire; cientos de miles de pequeñas criaturas piaban frenéticamente, buscando pareja. La cacofonía cesó cuando un par de combatientes comenzaron a intercambiar golpes. La pierna de Yin, blindada bajo la luz del sol, se topó con una garra rodeada de cuchillas afiladas. Una onda expansiva recorrió el aire, seguida de un trueno. Yin fue lanzada hacia atrás y se estrelló contra el suelo junto a los campos. Apenas había logrado ponerse de pie cuando Tigu se estrelló contra el suelo a su lado, con la mirada penetrante y depredadora. En ese momento tenía la forma de un gato, después de haber vuelto a su forma humana anteriormente, murmurando algo sobre que se estaba oxidando. Todos los demás seguían durmiendo en casa, recuperándose de la borrachera. Esta vez, la mayoría ya se habían acostado, aunque, por alguna razón, tras una conversación en voz baja con Xiulan y un saludo con el puño, el Maestro Jin llevó a la adormitada Dama Meiling y a su hermano menor a la habitación de la Hoja de Hierba, mientras que Cai Xiulan se quedó con el dormitorio principal. Al niño no pareció molestarle en absoluto el alboroto ni el cambio de sitio para dormir. Probablemente ayudó que todos fueran a verlo durante la noche y se aseguraran de que estuviera bien. Yin lo sabía, porque allí había pasado la mayor parte de la noche con Tigu, ambas a cargo del bebé por iniciativa propia. Yin… No había tenido muchas ganas de participar anoche. Tenía demasiadas cosas en la cabeza. Incluso se había distraído cuando salieron de patrulla. Ella y Tigu tampoco hablaron mucho allí, hasta que a mitad de camino Tigu se ofreció a entrenar con Yin. Yin había aceptado, ya que ella también necesitaba distraerse. ‘No estás prestando atención,’ la regañó Tigu con un codazo, haciendo que Yin echara la cabeza hacia atrás y obligándola a volver al presente. ‘Vete a la mierda,’ replicó Yin sin ninguna vehemencia mientras su armadura se incendiaba. [Artes del Sol: Anillo Solar] Tigu arqueó una ceja e intercaló sus garras de Qi, simplemente atrapando el golpe sin recurrir a ninguna técnica propia. La energía solar se desvaneció cuando una pata apareció desde el otro lado, embistiendo la armadura de Yin y destrozándola. La coneja cayó al suelo y se quedó allí un momento. Shifu le había enseñado a no dejar de moverse, a no dejar de luchar… Pero Tigu claramente se había detenido, así que Yin también. La verdad es que el combate no tenía mucho sentido, salvo para quemar energía. En cambio, Yin contempló el amanecer amable y apacible mientras los rayos la acariciaban y su pelaje adquiría el mismo color. Cuando la luz incidió sobre el pelaje de Yin, ella sintió que su Qi aumentaba con ella, cada vez más, hasta alcanzar su punto más alto. Y, aun así, incluso al ver sus alturas cerca del Reino Profundo, eclipsando por completo su yo del pasado... Todavía no era suficiente. Y ese era el problema, ¿no? Yin suspiró ante su falta de poder. ‘Es el viejo, ¿verdad?’ Preguntó Tigu, y la coneja soltó una risita sin alegría ante la deducción. El viejo bastardo. El viejo monstruo. Se estremeció al recordar su Qi. Qué insignificante se había sentido. Con el Maestro Jin, todo estaba bien, porque era su amigo. Ni siquiera se le había ocurrido que pudiera tener que luchar contra Jin. Era tranquilo, sereno y… Amable, de una manera que a veces a Yin todavía le costaba creer. Se parecía demasiado a Shifu cuando Shifu no se engañaba a sí mismo, la estúpida serpiente. Pero, ¿Shen Yu? Shen Yu había hecho que el sol mismo pareciera frío y pequeño. Shen Yu era una existencia a la que ella ni siquiera podía desafiar. ‘Sí,’ murmuró Yin. Ella había corrido con todos ellos hacia Shen Yu, pero por primera vez en su vida, mientras el mundo temblaba y el Qi de Shen Yu rugía como un ser vivo… Yin había estado absolutamente aterrorizada. No por ella misma. Era un arma que podía usarse hasta que se rompiera. Sino por este lugar. Por la risa de Bowu, mientras lo ayudaba en la fragua. Por los gruñidos de Huo Ten, cuando volvió a confundir un mineral. Por Chun Ke, mostrándole lugares para echarse una siesta, por el té de Pi Pa, y los intentos de Ri Zu por ser amigas, aunque eran tan diferentes. Por Wa Shi, robando sus zanahorias después de un duro día, por la compañía de Bi De, mientras debatían sobre el sol y la luna. Por las ovejas y el río. Por el granero y la cerca. Para ser una serpiente, su Shifu sonreía sinceramente. Hace mucho, mucho tiempo, Yin le preguntó por qué su Shifu se preocupaba tanto por la aldea. La serpiente pareció triste cuando la miró con su único ojo. ‘Me das lástima, Yin, porque no sabes lo que es un hogar; te envidio, Yin, porque no sabes lo que es perderlo.’ En aquel entonces, había sido una afirmación contradictoria. Algo extraño que hizo que Yin cambiara de tema, porque no, ella no lo sabía. Pero ahora sí lo sabía. Y su susurro melancólico, lleno de alegría y dolor a la vez, había estallado en el pecho de Yin. Hogar. La Fa Ram era su hogar. Le encantaba estar allí. Le encantaba tener la barriga llena. Le encantaba que Shifu por fin fuera feliz. Incluso le encantaba ser la primera persona a la que acudían cuando necesitaban fuego. El Qi de Shen Yu. La amenaza de que este lugar fuera destruido… Eso había sido una experiencia inquietante. Antes, con el poder del Maestro Jin, parecía imposible. Ahora, esa ilusión de seguridad se había desvanecido. Y un arma inútil no había podido hacer nada para protegerla. Yin se apartó de Tigu y le echó un vistazo a una pequeña caseta junto al río. El cobertizo de Yin. Al principio era un montón de escombros, luego un cobertizo adosado, antes de que el Maestro Jin y Gou Ren lo convirtieran en una pequeña construcción. Estaba lleno de una variada colección de objetos, desde vidrio hasta pequeñas piedras. Desde nueces hasta hongos secas en macetas hechas con poca destreza. Las obras de un arma sin rumbo, tratando de encontrar algo que le conviniera. Había ido y hecho todo lo que le llamaba la atención, en lugar de concentrarse. No la necesitaban como protectora. ¡Carajo!, ¿qué era ahora, aparte de una hoguera portátil? Era agradable sentirse útil y apreciada… Pero, ¿qué era exactamente? Yin simplemente se sentía perdida. Quizás… Quizás se había desviado demasiado de su verdadero camino como arma. Ella no necesitaba nada de eso. De todos modos, ninguna servía para nada. Cosas de aficionados. Más tarde quemaría el cobertizo. Destruiría todo lo que hubiera ocupado su mente que no fuera la batalla, pues se había vuelto perezosa. ¿Siestas al mediodía? ¿Sentarse a admirar las flores en el solárium? ¿Cuándo existía un monstruo como ese? No, eso no... Una pata golpeó el costado de Yin. ‘Estás pensando en una tontería. Lo sé por tus orejas. ¡Para ya!’ Le ordenó la gata. ‘¡No sabes lo que estoy pensando, imbécil!’ Replicó Yin, tirándose de las orejas con las patas, pues era obvio que esas cosas eran traidoras. ‘Entonces díselo a tu Hermana Mayor, para que pueda comprobar si estoy equivocada o en lo cierto,’ respondió Tigu tras un momento. Yin resopló ante el tono ligeramente arrogante. Se manifestaba con más frecuencia cuando Tigu adoptaba esa forma. ‘He estado divagando demasiado. Es innecesario. No sirvo para nada más que para luchar, y ni siquiera para eso soy buena. Debería estar entrenando en lugar de vagar sin rumbo. Quería probar demasiadas cosas nuevas. ¿Cavar en la tierra? ¿Fabricar cosas? ¿De qué me sirve eso? Fue un error.’ Tigu consideró las palabras de Yin. Luego, volvió a golpear la frente de Yin con la pata. ‘¿Lo ves? Qué tontería,’ dijo la gata sin rodeos. ‘No fue un error intentar encontrar algo más en la vida. ¿Acaso no eres más fuerte ahora que antes?’ ‘Lo soy, pero...’ ‘Pero nada. No había nada que pudiéramos haber hecho. El enemigo nos superaba. Conozco bien tu lucha con la fuerza, Yin. Todavía no soy igual a Bi De, sin importar lo que haya hecho. Xiulan aún me derrota, ahora que se ha recuperado. Lo único que podemos hacer es dar lo mejor de nosotros, sin dejar que nos consuma.’ Su voz era casi suave en ese momento, y Tigu hizo una pausa para inclinarse y lamer el pelaje revuelto de la frente de Yin. ‘Está bien querer entrenar y volverte más fuerte; ¡tu humilde, perfecta y poderosa Hermana Mayor te ayudará con eso! Pero no te apresures a destruir todo lo que disfrutas.’ Yin guardó silencio mientras reflexionaba sobre las palabras de Tigu. Había cierta frustración en su voz. Sus ojos se habían tensado cuando dijo que no había nada que hacer. Estaba absolutamente furiosa… Y, sin embargo, allí estaba, tratando de consolar a Yin. ‘Cuando hablas así, te pareces a Bi De,’ afirmó Yin tras un momento. Tigu pasó de ser reconfortante a estar horrorizada. En ese momento, realmente sonaba como Bi De: cálida y protectora. Una verdadera Hermana Mayor. '¿Qué? ¡No me parezco en nada a él!', aulló Tigu. Yin se apartó de la gata de un salto mientras se ponía de pie, con el pelo de su espalda erizado. Yin resopló y luego forzó una sonrisa. ‘¡Gata gallo!’ ‘Intento ser amable, ¿y así me lo pagas?’ Gruñó Tigu. ‘¡Vamos, pues! Si quieres volverte más fuerte, ¡empieza aquí! ¡Intercambiemos consejos como es debido!’ El mundo se sumió una vez más en el combate. Yin palpitaba al ritmo del sol, y con un chasquido, Tigu volvió a ser humana. Yin lo consideró una victoria. Tigu luchaba mucho mejor como humana que como gata. Yin se quedó mirando los músculos de Tigu y la facilidad con la que movía su cuerpo humano. Sintió la tierra bajo sus pies, los pequeños hilos de oro, la existencia que los ayudaba a todos. Al final, Yin fue derrotada y llevada a los brazos de Tigu. Normalmente, se habría sentido a gusto allí. Pero hoy, Yin se retorció y saltó para salir del abrazo. ‘Voy a dar un paseo antes del desayuno. Tengo mucho en qué pensar,’ dijo Yin ante la mirada inquisitiva de Tigu. Tigu la miró fijamente un momento antes de asentir. “Solo… Recuerda lo que te dije, ¿de acuerdo?,” Dijo la chica. “Sé que el Maestro y Miantiao se pondrían tristes si destruyeras todo lo que amas.” Yin suspiró y asintió antes de partir. Podía comprender las palabras de Tigu… Pero aún tenía una inquietud en el fondo de su mente. Ella alzó la vista hacia el fantasma de la luna. Por mucho que Bi De la elogiara... Ella nunca pudo sentir más que aversión por ese objeto. Desagrado y un fuerte dolor de cabeza. No recordaba mucho de la noche en que Shifu la había encontrado, salvo que la luna le había parecido extrañamente ominosa. La coneja se dio la vuelta y volvió a mirar al cálido y hermoso sol. Dejó que su fuerza la inundara. Ya no tenía un propósito real. Ya no era un arma dirigida contra Sun Ken, así que se había estancado. No había madurado tanto como los demás. Así que necesitaba un propósito. Ya había intentado muchas cosas, pero nada le había convencido del todo. Lo más parecido era bailar, pero incluso eso no le resultaba del todo bien a veces. Así que era hora de probar algo nuevo. La coneja resopló, se detuvo y miró sus patas. Recordó el poder de Tigu. Recordó la forma de Tigu. Volvió a mirar al suelo, rebosante de determinación. Tigu había dicho que había rayos involucrados, ¿verdad? Bueno, lo mejor es entrenar un poco primero. Wa Shi escupía rayos, ¿verdad?
❄️❄️❄️
Rou Tigu observó a Yin marcharse con cierta inquietud. Sinceramente, no estaba segura de haber logrado conectar con la coneja. Ella sí sabía perfectamente lo que sentía la coneja: preguntarse qué era exactamente y sentirse desconectada de partes de sí misma que aún intentaba reintegrar: su forma de gata, la parte de ella que a veces sentía menos real que su cuerpo humano. Pero seguía siendo parte de ella. Al igual que Yin no era realmente un arma, pero aun así se refería a sí misma como tal. Tigu le habría dado una paliza a Miantiao por lo que le había hecho a su hermana menor si no pensara que la serpiente ya se había castigado a sí misma más de lo que Tigu jamás podría hacerlo. Tigu suspiró. El estúpido gallo hizo que todo esto de ser hermano mayor pareciera fácil. Y ahora el idiota había dicho que estaría en deuda con Shen Yu. Tigu tenía sentimientos encontrados respecto al anciano. Había luchado contra su Maestro, demostrando su abrumadora fuerza, pero al final, había inclinado la cabeza ante el Maestro de Tigu y le había pedido disculpas. Sinceramente, aún estaba un poco confundida con todo aquello. Pero su maestro había logrado domar al viejo monstruo de alguna manera. En verdad, su Maestro era su Maestro. Sus palabras eran más poderosas que cualquier espada que pudiera blandir. Podría llevarse bien con Shen Yu, decidió Tigu… Al menos después de que dejara de molestar a los demás. Era fuerte, y si lograba mostrarle algo que pudiera usar para proteger su hogar… Entonces al menos sería amable. Sin embargo, eso no significaba que quisiera que el gallo tuviera que deberle algo al anciano. Suspiró. Las cosas habían cambiado. Y ahora… Lo único que podían hacer era adaptarse a esos cambios. Tigu pateó una piedra con irritación. ¡Uf! ¡Todo esto es tan complicado!

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