Capítulo 51
El Zorro Y La Azada
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Edición: Radak, Sho Hazama
Su Nezan, el Zorro Espiritual… O más bien un fragmento de Su Nezan… Observaba cómo su sobrino se enfrentaba a Cai Xiulan. En ese momento, estaba acurrucado sobre una roca, contemplando el combate amistoso; Yun Ren levantaba nieve con cada movimiento, intentando amortiguar sus golpes. En contraste, Xiulan se movía sin perturbar la nieve, sus pasos ligeros la hacían mecerse como una hoja de hierba danzando con el viento. Cielo de Verano limitaba su ayuda ese día, para fortalecer mejor al muchacho. Nezan sonrió al ver la concentración en el rostro de Yun Ren y lo estudió por un instante. La sangre de los zorros aún corría débilmente por sus venas… Pero lo estaba transformando. Sus dientes eran más afilados. Sus ojos, cuando se enojaba, se volvían rasgados. Y su rostro era ligeramente más suave y andrógino.
Podrían confundirlo con cualquiera de su clan, tanto a él como a su madre. De hecho, la forma femenina de Nezan era la viva imagen de Nezin Hu Li... Solo que veinte años más joven. Verdaderamente, compartían la misma sangre.
La mujer se había divertido mucho cuando un zorro la llamó sobrina al conocerse justo antes del Año Nuevo. Lo mismo le había pasado a su marido, que empezó a llamar tío al mono, Huo Ten, para gran confusión y timidez del pobre animal.
Ninguno de los dos creía realmente que tuvieran sangre de Bestia Espiritual.
Nezan salió de su ensimismamiento cuando Xiulan se abalanzó sobre él y le dio un golpecito en el brazo a Yun Ren. El chico hizo una mueca de dolor y se sacudió el brazo, pero asintió ante la reprimenda y volvió a su postura, listo para recibir de nuevo las instrucciones de su superiora.
La hermosa mujer era sin duda una mejor maestra que Nezan, y él podía ver los efectos que sus combates tenían en la técnica de su sobrino. Yun Ren era un hombre de acción; solo aprendía practicando. Ella era, por mucho, superior a su sobrino, pero bajo su instrucción, los movimientos de Yun Ren se volvían cada vez más refinados.
El zorro sonrió mientras los observaba batirse en duelo un instante más, antes de desviar su atención. Esa mañana, Jin había declarado que era “tiempo libre”, así que cada uno hacía lo que quería. Muchos habían optado por entrenar.
Más alejado del combate, Gou Ren se colocó junto a Tigu. Ambos comenzaron a ejecutar juntos los movimientos de una forma marcial. Estaban perfectamente sincronizados, y la forma estaba repleta de golpes potentes que favorecían más al hombre de mayor tamaño que a Tigu.
Nezan se giró hacia la distancia al oír una repentina carcajada. En el río, Rou Jin patinaba con Liu Xianghua. El hombre estaba doblado de la risa, aullando por algo que la mujer había dicho. Xianghua, por su parte, parecía confundida, pero esbozó una sonrisa tímida. El zorro se preguntó qué habría dicho la chica para provocar la risa del chico. Tendría que averiguarlo más tarde.
Su mirada se desvió hacia la cerca a lo lejos, donde el gallo Bi De saltaba y daba patadas. La pequeña Ri Zu estaba detrás de él, con su aguja plateada destellando, y la coneja Yin los seguía a ambos, su cuerpo envuelto en una corona de luz.
El sonido de un martillo golpeando captó su atención, al tiempo que la herrería comenzaba a expulsar humo. Un retumbo en el suelo le alertó de la presencia de Chun Ke. El jabalí era hoy el doble de grande que un caballo y llevaba consigo en su trineo a la pequeña Meiling, mientras que Wa Shi, el dragón, brincaba a su lado. Ellos se dirigían al bosque para dar un tranquilo paseo.
Era un lugar tranquilo, casi idílico.
A Zang Wen, su mejor amiga, le habría encantado. Cuando por fin rompió lazos con la Secta de la Montaña Envuelta hacía tantos años, y cuando finalmente se recuperó de su poco amistosa partida, disfrutó de su libertad correteando con los zorros de su pequeña aldea. Era un alma tan apasionada, que se había recuperado tras años de que su Secta intentara convertirla en otra arma contra los zorros. Ella era su luz, su corazón y su alma. Apenas había tenido la oportunidad de experimentar el mundo y las alegrías que este podía ofrecer.
Y luego murió defendiendo a quienes una vez fueron sus enemigos jurados.
Nezan se preguntó distraídamente cuántos aldeanos habrían sobrevivido a los siglos durante los cuales él había estado durmiendo.
Su mirada recorrió a los presentes mientras se esforzaban por mejorar, mientras intercambiaban consejos y mientras trabajaban juntos.
Sí, a Wen le habría encantado estar aquí. Y probablemente también le habría encantado molestar a la dueña de la casa. A veces tenía un humor y una actitud astutos.
Por lo que había visto, la pequeña Meiling, aunque molestaba alegremente a Xiulan, era bastante débil ante cualquier respuesta.
El zorro negó con la cabeza mientras volvía la vista al entrenamiento. El entrenamiento... Parecía que se preparaban para una guerra. Había oído las conversaciones en voz baja sobre el cristal y cómo se estaban fortaleciendo para ayudar a Jin y proteger las Colinas Azures.
La diversión de Nezan disminuyó ligeramente cuando sus pensamientos se desviaron de las hermosas vistas al cristal.
El cristal había sido... Interesante. Le había sorprendido, y tal vez un poco decepcionado, la facilidad con la que le habían revelado el secreto. ¡Nezan ni siquiera había tenido que usar sus encantos! Habría sido todo un reto. En su forma humana, se parecía demasiado a la madre de los hermanos Xong como para que picaran el anzuelo. De hecho, la expresión de Gou era tan horrorizada como la de Yun Ren cada vez que aparecía en su forma femenina y empezaba a coquetear con alguien. Cai Xiulan lo habría dejado en ridículo con una sonrisa educada… Era una verdadera Joven Dama, de esas que tienden a ser terriblemente reprimidas, igual que Wen.
Xianghua habría empezado a apuñalarlo sin más. La mujer estaba lo suficientemente desquiciada como para ser completamente leal a su escogido. Tigu habría empezado a esculpirlo, sin captar ningún matiz, y Meiling lo habría mirado fijamente con agresividad... Pero probablemente no le habría dicho nada. ¡En serio, esa mocosa era un viejo verde en el cuerpo de una mujer! ¡Lo aprobaba! Ya había intentado seducir a Jin, en broma, y el hombre lo había rechazado por completo. ¡Le dolió en su orgullo de zorro, vaya sí que le dolió! En cambio, lo habían invitado a aprender sobre el cristal. Le conmovió que su sobrino hubiera intercedido por él, y también le satisfizo cómo los compañeros de su sobrino aceptaron el juicio de Yun Ren.
Fue casi decepcionante.
Aunque, naturalmente, había asumido que no tendría mayor complicación.
Un cristal de las Colinas Azures. No es que pudiera haber nada realmente interesante en él, había pensado.
Resultaba gracioso ver al espíritu importunando al pollo preguntándole si quería ser Emperador, y luego con una expresión de enfado espectacular tras pronunciar las palabras. Pensó que eso marcaría la pauta para todo el cristal.
Estaba equivocado. Muy, muy equivocado.
Aunque la mayor parte de la información probablemente sería de gran valor para cualquier historiador, a Nezan le importaba poco el pasado de la provincia. Sabía que Colmillo Brumoso había sido un bastión contra las incursiones demoníacas. Y no era que el Imperio del Fénix Carmesí no basara gran parte de su legitimidad en el hecho de que el Primer Emperador y los Generales Eruditos habían sido quienes prácticamente erradicaron a los demonios como amenaza existencial.
Para el mundo exterior a las Colinas Azures, el conocimiento que contenían... No era precisamente algo por lo que se librarían guerras, especialmente porque los niños no eran tan tontos como para intentar separarse del Imperio.
Nezan dio su aprobación. Eran lindos y un poco ingenuos... Pero no eran tontos.
Si eso fuera todo, ahí terminaría todo. Un dato de interés y nada más.
O al menos eso habría sido todo, de no haber presenciado la fuerza de la que Xiaoshi era capaz. La fuerza que el Camino de Shennong podía reunir.
Nezan no era ajeno a las batallas. Había luchado en una guerra junto a su querida Zang Wen, el Trueno del Cielo de Verano, contra la Secta de la Montaña Envuelta.
La fuerza de Xiaoshi hacía que la de su amada palideciera en comparación.
Sabía que Jin era fuerte. Sin duda, aquel hombre podía igualar a Nezan con el poder que había demostrado durante el Torneo de los Picos de Duelo.
Nezan aún no comprendía la magnitud del poder de Jin; solo sabía que era tan vasto que, incluso si hubiera luchado contra su querida amiga en la cima de su poder... Nezan presentía que ella seguramente perdería. Incluso los Dignatarios de la Secta de la Montaña Envuelta, si estuvieran solos, podrían caer ante Jin.
¿Pero Xiaoshi? ¿Xiaoshi del cristal? Su poder era de otro nivel. Era el tipo de hombre que, con un solo puñetazo, podía exterminar a todos esos bastardos ocupantes ilegales de la montaña. La escoria que había atacado al Colmillo Brumoso, que había asesinado a tantos de los suyos.
Finalmente serían destruidos. Sería un trabajo de años, pero el plan ya estaba gestado en su mente.
Bastaban unos cuantos empujones para que pudiera traer la guerra aquí... Una vez integrado del todo. Sabía mucho... Y, si él mismo lo decía, era todo un animador. A la pequeña Meiling ya le caía bien, y llevaba muchísimo tiempo cuidando a los hijos de su familia. Se atrevía a decir que se le daba bastante bien.
El tío Nezan, el zorro bondadoso cuyas travesuras y bromas encantaban a todos, podría hacer de este lugar su hogar. Podría abastecer la despensa. Entretener con su guzheng. Ser el pícaro vago, aquel al que los niños perseguían para su diversión, mientras él los cuidaba y los llevaba de aventuras.
Parte de la familia.
Y mientras tanto, podía tejer un hechizo alrededor de la Secta de la Montaña Envuelta. No tenían que ser ilusiones; el linaje del zorro era poderoso... Pero las palabras y la carne cálida eran tan devastadoras como los poderes seductores de Da Ji.
¿Y qué haría Jin cuando la Secta de la Montaña Envuelta apareciera en su puerta?
¿Por qué? Jin podría aniquilarlos como Xiaoshi aniquiló a sus enemigos. Podría marchar sobre la montaña y exterminar a los enemigos jurados de Nezan, de raíz y con todo. Contaba con el respaldo de la Secta de la Espada Nubosa. Los de la Montaña Envuelta serían completamente destruidos. Y el tío de Yun Ren le había pedido un favor amablemente, después de haberlo ayudado durante las batallas, ¿y quién podría convocar a los demás zorros a la guerra para defender el hogar de Jin?
Bueno, el Colmillo Brumoso volvería a ser suyo.
Su forma estaba hecha de Qi puro, pero podía sentir los remolinos de su poder. No pudo evitar la sonrisa enfermiza y retorcida que se le dibujó en el rostro.
“¡Oye, Nezan! ¿Me escuchas?” Esas palabras rompieron la concentración de Nezan, quien alzó la vista hacia el rostro de Yun Ren.
Nezan negó con la cabeza y esbozó una sonrisa sincera. “¡Disculpa, sobrino! Estaba... Absorto en mis pensamientos.”
Yun Ren asintió mientras tomaba asiento junto a Nezan. “Bueno, como te decía, pronto volveré a la Ciudad del Lago de la Luna Pálida, y ya que voy para allá, me preguntaba si querías que pasara primero por tu casa. ¿O si había algún otro lugar al que quisieras que fuera?”
La sonrisa del chico era radiante. Era obvio que estaba pensando en su Biyu, que se había quedado en la ciudad. “Ya tengo algunos lugares que mostrarle a Cielo de Verano”, continuó. “Hay un pueblo llamado Cha Meng, un poco apartado del camino, donde dicen que tienen un té buenísimo. El Dignatario Hong me contó que el palacio de la Ciudad del Lago de la Luna Pálida solía encargar su té exclusivamente, ¡así que voy a pasarme por allí a comprar un poco!”
Cielo de Verano tintineó en su vaina, obviamente feliz de emprender la aventura.
Nezan hizo una mueca.
“Estoy bien, sobrino, no tengo prisa. ¡Ve con tu querida! ¡Quiero ver a Biyu en persona!” Dijo Nezan, esforzándose por sonar alegre, aunque el odio que sentía por la montaña le revolvía el estómago.
Yun Ren suspiró. “¿Podrías bajarle un poco el tono, por favor?”
Nezan rio, y su ánimo mejoró un poco. “Claro…” Yun Ren se animó. “¡Que no!”
El rostro de Yun Ren se ensombreció. “Bastardo,” gruñó.
“¡Eso soy! No creo que mis padres se casaran en el sentido humano; sin embargo, has progresado mucho con tu práctica de la espada. ¡Creo que es hora de trabajar en tus ilusiones!” Ordenó Nezan, mientras saltaba al hombro de Yun Ren.
El chico gimió, pero empezó a caminar para hacer lo que Nezan le pedía. Sin embargo, caminaba con un ligero brinco.
“¿Tan emocionados están por volver a explorar?”
“Sí. Le pedí a Cielo de Verano que me hablara de todos los antiguos portadores, especialmente de Wen. Le pregunté por todos los lugares que Cielo de Verano recuerda que ella quería visitar. Tengo una lista, y solo necesito un mapa. Dijiste que quería explorar, ¿verdad? Bueno... Pensé... Que podría visitar todos los lugares que ella quisiera, ¿sabes? Por Cielo de Verano, y bueno, tú querías ir con ella, ¿no?”
Las palabras fueron un golpe bajo para Nezan. La sonrisa, en cambio, le llegó hasta lo más profundo.
Yun Ren nunca había conocido a Wen. Aun así, deseaba honrarla. Seguir su sueño. El sueño de su amada Wen. Quería ofrecerle té a Cielo de Verano e ir a los lugares que Nezan deseaba.
Y allí estaba Nezan, tramando cómo arrastrar a su aplicado sobrinito y a todos sus amigos a una guerra simplemente por la venganza del zorro.
Y si esa guerra estallaba, Yun Ren lucharía. Lucharía por su familia y por sus amigos, sin dudarlo ni cuestionarlo. Lucharía y moriría por ellos, como Wen luchó y murió por la familia de Nezan.
Por una batalla y una afrenta en las que Yun Ren no tenía nada que ver. El Colmillo Brumoso había estado en manos de la Secta de la Montaña Envuelta desde la infancia de Nezan, hacía muchísimo tiempo. Su guerra tenía miles de años.
¿De dónde había sacado el valor para arrastrar a la guerra a gente que no le había mostrado más que amabilidad y hospitalidad? ¿Para conspirar, maquinar y utilizar el linaje de su Honorable Tía?
La construcción de Qi de Nezan se estremeció. Volvió a mirar a los demás. Las sonrisas en sus rostros. Esos rostros habían sido reemplazados por rostros que conocía íntimamente. Su familia, rodeando a Wen, riendo con ella.
Sangre brotando de las bocas, vísceras humeantes en el suelo, gritos mientras los rayos los reducían a cenizas…
No. No. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué estaba pensando?
Era un zorro. Una criatura malvada y taimada, manchada con la sangre de Da Ji. La perdición de dioses y reyes.
No somos esclavos de nuestra sangre fue la primera enseñanza de su Honorable Tía.
Los oscuros planes de Nezan fueron reprimidos y luego cuidadosamente apartados.
No. Traer la guerra aquí... No podía, no quería hacer tal cosa. Era una traición imperdonable, y no iba a contribuir a esa parte de la leyenda de Da Ji. Nezan tenía su honor, y si llevaba a cabo ese plan, jamás podría mirar a los ojos a la Honorable Tía Su Nezin ni a su amada, si es que alguna vez se encontraban en el más allá.
Nezan respiró hondo cuando Yun Ren entró en el claro donde practicaba sus ilusiones. Las rocas eran un estallido de colores y patrones fractales: hermosas, aunque vertiginosas.
Nezan apartó los sentimientos que aún persistían y se concentró. Además, existía la posibilidad de que la Secta de la Montaña Envuelta metiera la pata por su cuenta. Ya había animosidad entre ellos.
Así que, en cambio… Tomaría precauciones. Estaría atento a todo. El hecho de que él no iniciara nada no significaba que la Secta de la Montaña Envuelta no lo hiciera.
Él... Aún conservaba algunos contactos. Algunos parientes que podrían vigilar la situación por él y asegurarse de que la Secta de la Montaña Envuelta se mantuviera al margen... Y de que estos maravillosos, aunque algo ingenuos, niños pudieran tener un poco más de paz.
Sus labios se curvaron en una sonrisa. Deseaba con todas sus fuerzas que Jing Ai siguiera viva... Aunque solo fuera para ver su rostro cuando Jin rechazara sus insinuaciones.
Era tierno ver cómo el hombre solo tenía ojos para su esposa.
Nezan asintió, observando a Yun Ren trabajar por un momento... Antes de canalizar su propio Qi. Una de las rocas cambió, los colores se extendieron como tinta, tal como Nezan había aprendido de Yun Ren.
Su sobrino se giró y se quedó mirando la imagen. Se mordió el labio, esforzándose por no reír.
Era la imagen de un hombre bastante alto gritando de dolor, con Cielo de Verano atascado en su trasero.
“¡Maldita sea! ¡Una sola vez! Solo una vez le das por el culo a alguien y…” Se quejó Yun Ren, mientras Cielo de Verano vibraba de diversión.
❄️❄️❄️
La espada conocida como Cielo de Verano estaba satisfecha. El progreso del Octavo Portador era aceptable, y su evolución resultaba interesante de observar.
Y lo que es más importante, el té tenía un aroma excelente. La cultivadora conocida como Meiling era experta en preparar muchísimas variedades de té, al igual que su creador, Hong Xian.
Era interesante. Era agradable. Cielo de Verano los aprobó a ambos.
Cielo de Verano estaba junto a su amigo Nezan mientras el Octavo trabajaba. Últimamente, el Zorro se había perdido en sus pensamientos con bastante frecuencia, y Cielo de Verano había notado en su rostro una expresión que indicaba que estaba pensando en algo que la Séptima no habría aprobado.
Por suerte, no fue necesaria ninguna intervención. El amigo Nezan se había calmado.
La Séptima siempre decía que el amigo Nezan se detenía antes de hacer alguna tontería de verdad.
Cielo de Verano no deseaba contradecir a la Séptima, pero había contado cuatrocientos cuarenta y cinco ocasiones en las que la Séptima se equivocaba. El amigo Nezan solía hacer cosas que Cielo de Verano consideraba estúpidas, como comerse aquel trozo de carne claramente en mal estado hacía mil ciento trece años. O cuando insistió en que el precio de aquellas teteras subiría y que se harían ricos al revenderlas. O aquella vez con el columpio, las cuerdas y el frasco de perfume.
Tras una segunda revisión, aquello no había sido una estupidez. Simplemente era desconcertante.
El portador de Cielo de Verano envió una ráfaga de intención a través de su vínculo. La emoción contenida era curiosidad.
“Oye, ¿Cielo de Verano?” Preguntó el Octavo Portador mientras creaba otra ilusión y la colocaba sobre las rocas.
Cielo de Verano centró toda su atención en su portador. ‘¿Tienes alguna pregunta, Octavo Portador?’ Respondió Cielo de Verano.
“Sí… Me preguntaba… Bueno… Vi la espada en ese objeto de cristal, y se parecía a la espada de Sun Ken. Ese tipo hablaba de espíritus artificiales y me hizo pensar… Todo el mundo siempre decía que Diente Carmesí, o supongo que ahora Sun Ne, tenía un demonio dentro…”
‘El Octavo Portador tiene razón y a la vez no. El arado contiene un espíritu de cuchilla. No un espíritu demoníaco,’ afirmó Cielo de Verano.
El Octavo Portador hizo una pausa. “¿Qué?”
‘El arado contiene un espíritu de cuchilla. Es débil y degradado, pero activo,’ confirmó Cielo de Verano.
El Octavo hizo una pausa y se giró para contemplar detenidamente a Cielo de Verano.
“¿Desde cuándo lo sabes?”
‘Tres meses y doce días,’ respondió Cielo de Verano, omitiendo las unidades de tiempo más pequeñas. A la mayoría de los portadores no les importaba y consideraban irrelevante la hora exacta.
“Eh,” murmuró el Octavo. “Bueno, ¿ustedes, digamos, hablan?”
Cielo de Verano envió una ráfaga de neutralidad a través del enlace. ‘Las Cuchillas no se comunican entre sí a menos que estén enfrascadas en combate.’
El Octavo Portador consideró la declaración.
“¿Por qué no?” Preguntó él a su vez.
Cielo de Verano hizo una pausa ante la réplica. Por qué... ¿No?
“¡Ja! ¡Te atrapó, querido!” Dijo Nezan, divertido.
En efecto, ¿por qué no? Cielo de Verano reflexionó sobre la afirmación. Lo primero y más importante era que las cuchillas debían tocarse para que los espíritus interactuaran de verdad; mientras sus portadores luchaban, los espíritus también lo hacían, desgarrándose y atacándose mutuamente en un choque que reflejaba a sus portadores. Intentaban interrumpir el flujo de Qi en la otra cuchilla, y en casos extremos, uno podía incluso matar a su contraparte.
Cielo de Verano solo había interactuado con enemigos. Las Armas Espirituales, incluso en las Montañas del Colmillo Aullante, eran bastante raras. Se entregaban a sus portadores y se vinculaban a ellas, o permanecían latentes almacenadas. La interacción pacífica simplemente no era una opción. El mero hecho de poseer una cuchilla con espíritu ya era una ventaja: eran mucho más resistentes a las técnicas que interrumpían el flujo de Qi, y podían mantenerse afiladas y duraderas cuando un arma más mundana fallaba. Tenían su propio flujo de Qi y podían modular mejor la energía dentro de sus "cuerpos", suavizando las fluctuaciones de Qi, e intentaban interrumpir el flujo de Qi entre sí, lo cual resultaba sumamente efectivo en combate.
'Interés. Aprobación. Cielo de Verano solicita hablar con la otra Arma Espiritual.'
Con un encogimiento de hombros, el Octavo recogió a Cielo de Verano y salió del bosque, dirigiéndose hacia el otro portador de arma espiritual.
Cielo de Verano dejó que el Octavo convenza al buey, cuya atención estaba puesta únicamente en la otra arma: un arado. Cielo de Verano quedó ligeramente impresionado de que el espíritu hubiera sobrevivido a la transformación. Era asombrosamente resistente para haber continuado existiendo, con su forma doblada y retorcida de espada a herramienta para cortar la tierra.
El buey asintió tentativamente ante la petición del Octavo; Cielo de Verano fue colocado junto al arado.
Por primera vez en su vida, cuando Cielo de Verano tocó otra cuchilla, no hubo un torrente furioso de Qi ni siquiera un ataque que la encontrara.
Curioso, Cielo de Verano avanzó y se manifestó en el mundo del otro. Adoptó la forma de la Séptima Portadora; Wen había sido con quien Cielo de Verano más había conversado y, en honor a su relación, el espíritu de la cuchilla adoptó su forma. Una larga trenza dorada le caía por la espalda. Sus ojos azules escudriñaban el mundo. Vestía una túnica blanca y una faja roja.
Para sorpresa de Cielo de Verano, el mundo no era una forja como la mayoría de los mundos de sus oponentes. No era un mundo infernal de sangre y matanza, un río embravecido, ni el dominio de luz cegadora de Cielo de Verano... Era una llanura cálida y acogedora, rodeada de montañas. El cielo estaba salpicado de grietas doradas.
Cielo de Verano observó con detenimiento las montañas. La mayoría presentaban profundas hendiduras. La hoja se dirigió a sus pies, donde cientos, no, miles de surcos perfectamente rectos se extendían por el suelo hasta perderse en la distancia.
Cielo de Verano dio su aprobación. Los cortes fueron muy acertados.
Al alzar la vista, Cielo de Verano comenzó a buscar al otro. Sun Ne, el que el llamado Jin había nombrado. No necesitó buscar muy lejos.
Ante él se alzaba un niño de aspecto salvaje y género indeterminado. Tenía el pelo castaño, enmarañado y con rastas. Su piel era bronceada y su ropa, de un amarillo chillón, casi cegador, adornada con soles sonrientes.
La concentración de Sun Ne era absoluta mientras arrastraba su mano por el suelo y realizaba un corte perfectamente recto, esforzándose por alcanzar la perfección.
“¡Corta, corta, cortacortacorta! ¡Corta, corta, cortacortacorta!” Murmuró el niño con una expresión de absoluta paz en su rostro.
Cielo de Verano esperó hasta que el corte estuvo completo y el niño se recostó para examinar su obra.
“Saludos,” entonó Cielo de Verano.
La cabeza del niño salvaje se alzó de golpe. Se le desencajó la mandíbula y se quedó mirando, estupefacto por un momento, a Cielo de Verano.
Ellos se quedaron parados. El niño miraba atónito, y Cielo de Verano permanecía impasible ante él.
“Saludos,” intentó de nuevo la voz monótona de Cielo de Verano.
El niño seguía mirando fijamente, con expresión asustada y confundida.
“Saludos. Soy Cielo de Verano. Deseo un diálogo pacífico. ¿Aceptas?”
El niño miró fijamente, sin comprender, y luego movió los pies con incertidumbre. De repente, un buey surgió de la nada, de pie junto al espíritu de la espada. ¿Manifestación interna del portador? Interés. Aprobación.
El niño se fortaleció al ver a su portador, respiró hondo y miró directamente al Cielo de Verano.
“Te gusta... ¿Cortar cosas?” Preguntó Sun Ne.
“Sí,” respondió Cielo de Verano con sinceridad.
Los ojos del niño se iluminaron.



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