{getMailchimp} $title={Stay Informed} $text={Subscribe to our mailing list to get the new updates.}

martes, 1 de septiembre de 2026

BC - Volumen 5 Historia Secundaria 2


Historia Secundaria 2
El Caos De La Luna Pálida
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Después de eso, se ganaron la reputación de hombres confiables, y esa notoriedad los catapultó a ambos a lo más alto como solucionadores de problemas confiables... Y cada vez les llegaban más casos. A continuación, frustraron un complot para envenenar a un funcionario de bajo rango, ya que resultó que San era inmune a ese veneno en particular porque se había envenenado accidentalmente en su juventud con la misma mezcla. Al ver la impasible y aburrida declaración de San de "esto está envenenado" después de que bebiera el té destinado a otro, Bao entró en pánico y le dio un puñetazo en el estómago para que vomitara. ¡San se había estado riendo todo el tiempo! Después de eso, se resolvió una disputa por una herencia, porque un tonto resultó ser peor de lo que pensaba falsificando firmas. Bao disfrutó enormemente humillando al hombre y viendo la desesperación en sus ojos, mientras San hacía de matón. En tercer lugar, otro caso de envenenamiento… Pero esta vez, fue autoinfligido: ¡la noble dama se envenenó, nada menos que con su propio maquillaje blanco a base de plomo! San se había enfurecido muchísimo; era de dominio público que el plomo era venenoso, pero en su afán por la belleza, las mujeres se habían perjudicado a sí mismas. Bao tuvo que convencer a treinta y dos damas de la nobleza de que la sustancia era perjudicial para ellas. Estaban más dispuestas a escuchar su acento refinado que el habla más tosca y campesina de San. Fue emocionante. ¡Fue estimulante! Liling participaba ocasionalmente en sus tareas, ya que la chica de la calle era… Bueno, era mucho, muchísimo más inteligente y observadora de lo que Bao había pensado. Sus interrupciones se volvían menos molestas, pues había demostrado tener una mente ágil tras su lenguaje vulgar. Era pobre y sin educación, no tonta, y el poco tiempo que San y Bao habían dedicado a enseñarle había dado sus frutos. Bao incluso había descubierto que le gustaba enseñar… O al menos le gustaba enseñar a gente tan inteligente como Liling. Las lecciones incluso habían propiciado una especie de tregua entre él y Liling. Había menos discusiones y rivalidades… Lo que llevó a que los tres pasaran una noche pensando en soluciones para los pobres de la ciudad. Liling se había sentido… Bueno, no diría conmovido por sus observaciones e ideas, pero los insultos de aquella flor espinosa habían perdido su fuerza. Era casi una amiga… A pesar de que coqueteaba descaradamente con San todo el tiempo. Bao ya se había dado por vencido en ese aspecto. La vida era buena. Hasta que la mujer de velo se acercó a ellos. La mujer de velo no tenía nombre, pero los altos funcionarios les habían ordenado obedecer sin cuestionar. Los burócratas, que con su poder podían decidir la vida de cientos de miles, si no millones de hombres, parecían fantasmas que hubieran caminado sobre sus tumbas, inclinándose sumisamente como simples funcionarios. La mujer los condujo hasta un cadáver tan brutalmente mutilado que Bao casi vomitó al ver la carnicería. San, sin embargo, parecía tan tranquilo como siempre. “Cómo… ¿Cómo es que no estás…?” Bao logró decir entre jadeos. “¿Qué clase de sanador no ha visto ningún cadáver?” Respondió San con voz tensa. “Entra por la nariz, sal por la boca. Pasará, amigo mío.” Bao tragó saliva con dificultad, agradecido por la serenidad de su amigo, y giró hacia la misteriosa mujer. “El intento de asesinato iba dirigido contra mí. Me han dicho que son hombres muy capacitados, capaces de investigar cualquier cosa y descubrir la verdad. No me fallen,” ordenó. Bao y San asintieron y se pusieron manos a la obra.
❄️❄️❄️
Un intento de asesinato. Una trama intrincada que dejó un rastro directo hasta las más altas esferas de las Colinas Azures. Un olor penetrante del que hablaba Liling, que le erizaba el vello de la nuca. Y luego estaba el acosador. Alguien, algo que no quería que descubrieran la verdad. El peligro creció mucho más allá de lo que cualquier persona cuerda podría soportar. Pero estaban demasiado metidos en el lío. Encontraron una serie de salpicaduras de sangre que revelaban hacia dónde había huido el agresor. Esto los llevó a recorrer las alcantarillas, donde había ratas del tamaño de perros y peces del tamaño de barcos. Allí, obtuvieron una descripción del agresor de los marginados y desamparados que vivían en el lugar: una descripción y el nombre de su empleador. Todo culminó en una fiesta infiltrada, donde esperaban encontrar la correspondencia de un noble que estaba involucrado en la conspiración.
❄️❄️❄️
San contempló con mirada perdida a la belleza de jade que tenía delante. Vestida con finas sedas, llevaba el cabello recogido, al estilo popular entre las mujeres nobles, dejando al descubierto la suave y tersa nuca. Sus ojos color amatista atraían a todos los que se percataban de su profundidad. “Buenos días a usted, noble señor,” dijo ella a modo de saludo. Su voz era suave, elegante y refinada. San miró boquiabierto a Liling. “Se arregla de maravilla, como puedes ver, mis habilidades son asombrosas, ¿no? ¡Hasta este cardo puede convertirse en una rosa!” Presumió Bao. “Sabes, la verdad es que me molesta bastante que te veas tan bien.” “¡Awww, cállate!” Se quejó Liling con su marcado acento de barrio, sin rastro de la elegancia de antes, mientras jugueteaba con su ropa de seda. “Tengo un montón de esta porquería en la cara para taparme las pecas. ¡Acabemos con esta estupidez de una vez!” Y así, escoltaron a la nueva dama noble hasta su destino, una fiesta en el Distrito Noble, o como Liling lo llamaba, "la Avenida de los Idiotas". “Oye, San…” Preguntó Liling mientras subían al carruaje que los llevaría a su destino. “¿Sí, Liling?” “¿Me veo bien?” San se giró y la observó con atención. “Sí. Te ves bien. Pero… Me gustas más sin todo eso,” respondió. San pensó que era una lástima que ella y Bao le hubieran ocultado las pecas. Cuanto más las miraba, más encantadoras se volvían. El rostro de Liling se puso rojo como un tomate, incluso a través de la blancura de su cara. Bao les rodó los ojos. Su estratagema tuvo éxito. Se colaron en la fiesta, consiguieron la carta… Y entonces los pilló la Primera Hija y Joven Dama del Clan Wu. Una mujer bastante desagradable que se había pasado toda la noche riéndose de cómo su pariente había quedado lisiada o insultando a Liling. La mujer comenzó a amenazarlos al ser descubierta... Hasta que Liling simplemente le dio un puñetazo en la cara a la vaca, rompiéndole la nariz y dejándola inconsciente.
❄️❄️❄️
Pero lo que leyeron en esa carta no resolvió nada. Al contrario, solo sirvió para empeorar la conspiración. Después de eso, las cosas, de alguna manera, de forma inexplicable, se volvieron más serias. Un cruel juego del gato y el ratón, de planes y contraplanes, de reunir pruebas guiadas por la capacidad de Liling para percibir el Qi. Y entonces… Ocurrió el desastre. Alguien irrumpió en sus habitaciones y robó todas las pruebas. Liling había desaparecido y no sabían si estaba viva o muerta. Un alto funcionario acusó a San y Bao de ser los verdaderos culpables, con pruebas fabricadas. Pruebas que no pudieron refutar de inmediato, y de repente sus cabezas estaban en el patíbulo. Fueron hechos prisioneros y retenidos en las afueras de la ciudad. La situación parecía desesperada. Hasta que Liling reapareció, vestida como un chico y en compañía de un cultivador. Ella tenía todas las pruebas. Todo lo que necesitaban. Escaparon de la cárcel con un solo objetivo: la mujer de vela, pues por fin habían resuelto el caso. Pero sus captores no estaban dispuestos a dejarlos ir… Y además habían traído consigo a un cultivador.
❄️❄️❄️
El agudo grito de pánico de Bao llenaba el aire, interrumpido ocasionalmente por sus órdenes de dirigir el carruaje en una dirección u otra. San tenía la espada desenvainada, el valiente insensato cortaba las flechas en el aire mientras usaba un tablón de madera como escudo para Bao. A pesar de su defensa, tres flechas sobresalían de su ropa acolchada a toda prisa. Liling conducía esa maldita cosa y les gritaba a los caballos que fueran más rápido, incluso mientras sus atacantes mortales los alcanzaban, y los cultivadores se distraían unos a otros por un momento. Un destello de luz. Una flecha desde donde San no podía defenderse. Bao, aún gritando, lanzó su brazo delante de San, y la flecha lo atravesó por completo... Pero ralentizó el proyectil lo suficiente como para que no alcanzara el hígado de San. Se defendieron mutuamente. Sangraron el uno por el otro. Y al final, llegaron a su destino con minutos de sobra.
❄️❄️❄️
Un escriba, un aprendiz de archivero y una sirvienta de cocina presentaron sus hallazgos ante un tribunal y ante una mujer de vela de apariencia divertida. ¿Su recompensa? Sus nombres fueron borrados de los registros y cualquier implicación que hubieran tenido en la crisis fue censurada. Fue, a la vez, el mejor y el peor pago que jamás habían recibido. Oh, después consiguieron algo de plata, y la dama de velo les dio a los tres unos extraños talismanes que, según ella, los protegerían... Pero San tenía sus dudas. El resto de los funcionarios hicieron insinuaciones bastante directas de que probablemente deberían abandonar la ciudad.
❄️❄️❄️
Liling suspiró y dio un trago a su botella, mirando a los dos hombres que estaban sentados con ella. “¡Mierda! ¡Esto apesta!” Se quejó Liling un momento después, acurrucándose en los brazos de San. Él la rodeó con el brazo distraídamente y la estrechó contra su pecho. Era sumamente cómodo. “Sí. Pero… Es mejor que la alternativa,” suspiró Bao, el hombre flaco con aspecto exhausto y el brazo en cabestrillo. Liling se preocupó. La gente con heridas así solía perder los brazos en la calle, pero San había dicho que estaría bien. ¡Ese maldito flacucho la había hecho preocuparse! “Supongo que salimos bien parados, ¿no, hermano San?” “Sí, lo hicimos, hermano Bao. Es una pena, pero… Creo que esto puede ser lo mejor. Ya he tenido suficiente emoción para toda una vida.” Claro, los chicos tuvieron que hacer ese gesto de hombres y jurarse hermandad. Ambos sonreían bobos al llamarse hermanos, pero… Bueno, ella no se entrometería. Se lo habían ganado, y Bao le había salvado la vida a San bloqueando esa flecha. Liling le debía un favor de por vida por eso… Pero lo único que podía hacer para pagarle era cocinar. Eh, él dijo que le gustaban mucho los bollos de panceta que ella preparaba. Aunque hablando de los bollos… “Has comido bastante de eso…” Liling señaló el antiguo montón de comida que tenían delante. “¡Solo se vive una vez! ¡Y la comida es demasiado buena como para no disfrutarla!” Respondió Bao, aunque con un ligero tono frenético mientras el hombre delgado le daba un mordisco a otro bollo. “La pregunta más importante es… ¿Qué hacemos ahora?” La mesa quedó en silencio durante unos segundos, y entonces San habló. “Vamos a Colina Verdeante. Como le dije a nuestro superior, es un lugar tranquilo y apartado. A nadie le importaremos si estamos allí. Hay tanto trabajo que hacer que dudo que nos aburramos alguna vez.” Bao lo pensó, luego asintió y se metió otro bollo en la boca. “Bueno. Supongo que eso está bien para ustedes dos, pero ¿qué demonios voy a hacer yo?” Exigió Liling. San parpadeó, ladeando la cabeza. “Ven con nosotros y cásate conmigo,” dijo, como si fuera obvio. Liling hizo una pausa. Luego se le ruborizó la cara. “Supongo que puedo hacerlo,” susurró. Empezaron a beber de nuevo. “¡Oh, la vieja y ágil puta, la vieja y ágil puta, y el burro que entró por su puerta trasera!” Bao, Liling y San balbucearon juntos, mientras se bebían otra botella de vino de arroz, y entonces a Liling se le ocurrió una idea. A Bao le pareció divertidísimo. Liling deslizó lentamente su lengua por el pecho desnudo de San, saboreando un chorro de vino. "Delicioso", dijo con un gemido gutural, mientras Bao aullaba de risa.
❄️❄️❄️
Treinta y dos días después de haber abandonado la Ciudad del Lago de la Luna Pálida, divisaron Colina Verdeante. Era un lugar realmente pequeño, pensó Bao, comparado con la Ciudad del Lago de la Luna Pálida. Pero al menos ya habían llegado, así que ya no tendría que fingir que ignoraba las "discretas" escapadas de San y Liling al bosque. Pero había algo raro en el pueblo. Algo que difería de las historias de San. “Está mucho más limpio de lo que recordaba,” dijo San, con tono de confusión. En efecto, las calles estaban impecables y el sonido de la construcción resonaba en toda la ciudad. La gente parecía feliz y decidida. Era un lugar bastante agradable, aunque al pasear por él, les llamó la atención que el palacio aún luciera bastante deteriorado, sobre todo en comparación con el resto de la ciudad revitalizada. Pasaron la noche en la taberna, donde hablaron con mucha gente, y todos ellos tenían buenas palabras para el recién nombrado Señor Magistrado. Lo llamaban un hombre del pueblo. Así pues, fueron con gran entusiasmo a hablar con su nuevo empleador. Se quedaron boquiabiertos al ver al magistrado. Su amable superior, ahora magistrado de Colina Verdeante, les devolvió la mirada. “Como les dije: el pueblo tendrá un magistrado en el plazo de un año,” les recordó con la mayor solemnidad posible.

≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡≡ Si encuentras errores déjanos las correcciones en un comentario abajo, servirán para mejorar la calidad de la serie.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario