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martes, 11 de agosto de 2026

BC - Volumen 5 Capítulo 32


Capítulo 32
Esparciendo Semillas
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Siempre había pensado que los juramentos eran algo cursi. Sonaban bien por escrito, o se veían bien en una película con música grandilocuente y descripciones floridas, pero siempre supuse que presenciar uno en la vida real sería incómodo. Por supuesto, me equivoqué por completo. El discurso de Xiulan no fue cursi en absoluto. No dio la impresión de que estuviera presumiendo ni hablando por hablar. Sentí la sinceridad. Me quedé paralizado. Esto era serio. Completamente serio, como la escena de la novela de los Tres Reinos en la que Liu Bei, Zhang Fei y Guan Yu juraron ser hermanos en el Juramento del Jardín de los Melocotoneros. Allí, juraron unificar toda China. Sentí que estaba presenciando un momento histórico. Algo de lo que la gente hablaría durante cien años, si no miles. Big D, Papá, el Abuelo, Lu Ri, todos fuimos testigos de un momento histórico. El cristal de Yun Ren resonó mientras los capturaba a todos, allí de pie como en una pintura renacentista: el sol brillaba sobre ellos y las fibras de su Qi fluían por el aire. “Ahora partiremos, y como las semillas del diente de león, nuestra misión echará raíces en los corazones y las almas de los demás. Todos los que se unan a nuestra causa son bienvenidos,” dijo Xiulan. “Pero esta noche… Esta noche descansaremos y celebraremos. Una última fiesta antes de empezar.”
❄️❄️❄️
Shen Yu observó a los jóvenes mientras bebían juntos. En su mayoría, se mostraban serios, conscientes del peso del viaje que les esperaba, pero disfrutando de la compañía mutua por última vez antes de partir. En la casa de Jin flotaba una ligera melancolía. Era algo que Shen Yu también había experimentado. Había esperanza, temor y ansiedad por el futuro, junto con la determinación de afrontarlo. Un momento de despedida. “Fue un buen juramento,” declaró Lu Ri solemnemente desde el lado de Shen Yu. “Su intención era justa y sus corazones están decididos.” “En efecto,” respondió Shen Yu. Había sido un buen juramento. Un juramento puro. Habían analizado su problema, reconocido su gravedad y seguido adelante sin dudarlo. Shen Yu había presenciado suficiente pompa como para haberse cansado hacía tiempo de la hipocresía de las sectas que fingían alianzas para un objetivo “justo”. Sin embargo, estos jóvenes se habían reunido en un campo alejado de todas las miradas, salvo las de sus seres queridos, y habían jurado ante los mismísimos cielos. Todo por un lugar mejor, un mundo mejor para la próxima generación. “Maestro Shen, perdone a Lu Ri por preguntar, pero ¿cómo ve usted su objetivo?” Preguntó el hombre, dirigiendo su atención a Shen Yu. “En cierto modo, cambiar el mundo actual es tan difícil como viajar al siguiente. Con la cultivación, una vez que uno termina de progresar, simplemente puede irse. ¿Quedarse en este mundo? ¿Vivir con la política? Eso requiere mantenimiento.” Shen Yu no tenía ningún deseo de atarse a un lugar así de forma permanente. El papeleo por sí solo lo volvería loco. No se imaginaba sentado tras un escritorio escuchando charlas insulsas mientras reprimía su deseo de enterrarlos a todos… ¡Ridículo! No quería saber nada de eso. “Sí. Lo he comprendido en su mayoría,” respondió Lu Ri. Shen Yu resopló ante el tono de su voz. De hecho, mantener las cosas era más difícil que simplemente consumir algo y seguir adelante, pero tampoco podía estar completamente de acuerdo con lo que era una idea común entre los cultivadores. Decretaron que el daño que le causabas al mundo y los recursos que tomabas no importaban en absoluto. Estabas destinado al cielo o ibas a morir. En cualquier caso, quienes vinieran después no eran tu problema. Era cierto que los recursos eran limitados. Eso era lo que había dado origen al mundo en el que vivían. No habría necesidad de luchar si hubiera suficiente para todos. Pero mientras los recursos fueran limitados, el total desprecio por el mundo en el que vivían era, en opinión de Shen Yu, una insensatez. Tomar y destruir las obras de los mortales y los débiles le parecía indigno; solo aquellos que carecían de autocontrol eran destructivos y, si carecían de él, no eran dignos de la ascensión. Claro que debían usarse ingredientes raros, pero algunos de los extremos a los que llegaban otros eran… Desagradables. No podía condenarlo del todo: uno hacía lo necesario para alcanzar el camino a los cielos… Pero había visto suficientes excesos como para saber que, muchas veces, no eran necesarios. Shen Yu desechó ese pensamiento. Vaya, vaya, se estaba volviendo filosófico en su vejez; ¡el Hermano Ge se habría preocupado por su salud! “¿Qué te parece la flor que los guía?” Preguntó, dándole un codazo a Lu Ri. “Te he visto hablando con ella cuando le enseñas a la pequeña Mei los trucos de ese estilo de lanza.” “Ella es una persona honorable y justa; además, reconoce el valor y la sabiduría de las palabras del Honorable Fundador.” “¿Oh? ¿La dejaste leer algunas cosas?” Preguntó Shen Yu, divertido. “En efecto. Siempre llevo conmigo varios de los manuales básicos para que aquellos que muestren el temperamento necesario puedan ser iluminados,” dijo Lu Ri, golpeando su anillo de almacenamiento. Doce pergaminos salieron disparados: obras copiadas a mano por el propio Lu Ri. Shen Yu tuvo que reprimir una risita ante el proselitismo de Lu Ri; bueno, los antiguos Maestros habrían aprobado al muchacho. “El Señor Magistrado, por ejemplo, ya estaba familiarizado con sus ideas, y sus propias meditaciones son bastante perspicaces, pero me desvío del tema. Ella comprendió sus palabras y solicitó cualquier otra sabiduría que pudiera compartirse con ella. El deseo de ley y orden y la abolición de la maldad es una línea de acción que este Lu Ri solo puede aprobar.” “¡Vaya, eso sí que es un gran elogio!” El anciano resopló y volvió a prestar atención a la líder, que estaba presidiendo la reunión: la bella flor que tenía profundidades nunca antes vistas. Shen Yu no se había fijado mucho en Cai cuando la vio por primera vez. Era guapa, y su busto era sencillamente espectacular, pero nada más. Las bellezas de jade eran bastante comunes, y salvo excepciones como Minyan, todas se comportaban de forma aburridamente parecida. Un hombre solo podía soportar cierta cantidad de frialdad, y aunque descongelar a una dama así tenía sus placeres, también era bastante agotador. La pequeña flor lo había sorprendido con su calidez. Era amable y educada. Shen Yu había llegado a apreciar los desayunos de la mujer, y ella adoraba a Xiao De. Solo eso podría haberlo convencido. Además, poseía un carisma especial cada vez que se transformaba de una delicada flor en una verdadera cultivadora. La voluntad inquebrantable que brillaba en sus ojos contaba con su aprobación. Cumpliría su misión o moriría en el intento, con la dignidad propia de una Emperatriz. También podía cantar "La puta y el burro" de principio a fin, estrofa por estrofa, con todos los movimientos correctos. Aquí, en las Colinas Azures, las mujeres eran realmente diferentes. Desde la encantadora voz de Mei'er hasta la franqueza refrescante de la joven Liu, e incluso la pequeña mortal Biyu riendo y prácticamente babeando ante los escandalosos trajes que Jin había diseñado, ¿por qué no pudo encontrar mujeres así en su juventud? Shen Yu soltó un suspiro divertido, pero entonces sintió que alguien se acercaba. Se giró para mirar a Yun Ren. El chico parecía algo avergonzado mientras se rascaba la nuca. Con la otra mano sostenía una botella de vino de arroz. “Disculpe, Abuelo. ¿Me podría dar un segundo?” Shen Yu le echó un vistazo a la Bestia Espiritual que estaba sentada sobre el hombro del chico. Obviamente no era una de las de Jin, pero había sido bastante tolerable una vez que dejó de acobardarse. En realidad, la criatura no tenía nada que temer; era demasiado débil para ser de alguna utilidad para Shen Yu. “Claro, muchacho. Lu Ri, ve a molestar a mi nieto para que te dé un poco de su hidromiel especial.” Lu Ri parpadeó ante el claro rechazo, pero obedeció. El chico suspiró y se sentó. Después de servirle a Shen Yu una copa de vino y de que ambos estuvieran bien lubricados, simplemente abrió la boca y dijo lo que pensaba. “¿Sabes que van a subir las Montañas del Colmillo Aullador? Bueno, me preguntaba si podría acompañarlos. No quiero ir a buscar demonios ni estorbarles, pero después de ver eso, bueno… ¿Sabes?” Preguntó, señalando a los demás que estaban hablando y celebrando. Ah, un fuego se había encendido bajo él, ¿eh? "Será peligroso, Yun Ren. Y presiento que tu compañero podría tener sus propios deseos de venir." “Perdone a esta humilde bestia, Maestro,” dijo el zorro blanco, inclinándose de inmediato. “Esta criatura escuchó sus planes para investigar la Secta de la Montaña Envuelta. Su Nezan le ofrece su ayuda en este asunto. Conoce muchos refugios en el Norte y lugares que aún permanecen ocultos a los ojos de esa Secta.” Shen Yu consideró la oferta. En realidad, era bastante buena, al menos para Bi De. Un lugar para descansar y recuperarse siempre era valioso. Se encogió de hombros. "Mientras no molestes y no interrumpas nada.” Vaya, se estaba volviendo blando con la edad… El chico sonrió. “No hay problema, viejo. ¡Ni siquiera te darás cuenta de que estoy ahí!” Shen Yu le echó un vistazo a la pareja de zorros que le sonreían y resopló.
❄️❄️❄️
La fiesta terminó temprano, y Xiulan se alegró bastante. Aunque todos habían bebido un poco, sabían que se irían al día siguiente. Nadie quería acabar con resaca. Los chicos se habían ido a sus sacos de dormir, y Xianghua se había ido con Gou Ren; la última vez que Xiulan los había visto, estaban sentados en el puente, con la cabeza de Xianghua apoyada en el hombro de Gou Ren. Xiulan se estaba preparando para irse a dormir, hasta que Tigu la arrastró a la habitación de Jin y Meiling para darle las buenas noches a su hermano menor. “¡No me extrañes demasiado, Xiao De! ¡Tu Hermana Mayor volverá pronto, te lo prometo! ¡Tampoco crezcas demasiado! ¡Quiero estar presente cuando digas tu primera palabra! ¡Y debería ser 'Tigu'! ¡Como debe ser!” Declaró Tigu, dándole un beso en la mejilla a su hermanito y acurrucándose con él antes de meterse en la cama grande. Jin soltó una risita mientras se metía detrás de Tigu, rodándole los ojos pero sin oponerse cuando la chica apretó su espalda contra su pecho. Xiulan pudo ver la tensión en los músculos de Tigu. Por fuera parecía segura de sí misma, pero aún estaba nerviosa por lo que estaban a punto de hacer. Era su última noche con su familia, y obviamente iba a aprovecharla al máximo. Meiling soltó una risita al verla, y Xiulan no pudo evitar sonreír también. Realmente parecía la hija de Jin cuando se acurrucaba así contra él. La mujer de menor estatura negó con la cabeza y luego giró hacia Xiulan. Dio un paso al frente y Xiulan aceptó el cálido abrazo. “Buenas noches, Xiulan,” dijo Meiling, separándose del abrazo. El abrazo había sido… Demasiado corto, en opinión de Xiulan. “Les prepararé el almuerzo para que tengan algo para el camino.” Su sonrisa era radiante y cariñosa. “Buenas noches, Meiling,” respondió Xiulan, y soltó los brazos de su amiga. Normalmente, Meiling empezaría a bromear; conseguiría provocar a Xiulan y terminarían discutiendo. Xiulan había llegado a disfrutar de esas pequeñas peleas sin importancia, en las que se molestaban y se daban codazos. Pero esta noche, Meiling obviamente solo quería que Xiulan durmiera y descansara, así que se metió en su propia cama, abrazó a sus hijos y a su marido y emitió sonidos reconfortantes. Parecía cálido y acogedor. Xiulan sonrió al ver la escena y se dispuso a marcharse. De vuelta a su cama, sola por última noche. Sin embargo, Xiulan dudó. Ella miró hacia atrás, a Jin y Meiling, y se mordió el labio. Ella… Ella no quería estar sola esta noche. No por lujuria, no por algún sentimiento primitivo… Sino porque quería sentir el calor del hogar un poco más. Al principio, con cierta vacilación, y luego con más determinación, agarró las sábanas de la cama de Jin y Meiling, las levantó… Y se deslizó detrás de Meiling. La pareja se quedó paralizada cuando ella abrazó a Meiling por detrás. Sintió algo de vergüenza; Xiulan esperaba las bromas de Meiling sobre cómo finalmente la había llevado a su cama. Xiulan estaba rígida y un poco incómoda. Pero en cambio, no hubo nada. La mano de Meiling se alzó para tomar la de Xiulan, y el leve temblor que había estado sintiendo desapareció al instante al contacto de su amiga. No era la caricia de un amante, ni estaba cargada de ningún tipo de lujuria. Era tranquilizador y reconfortante. El pilar en el que se había apoyado cuando su corazón estaba tan perturbado. Xiulan respiró hondo; el aroma de las hierbas medicinales le llenó las fosas nasales, limpio y fresco. Luego alzó la vista hacia Jin. Su hermano jurado le sonrió. Era la misma expresión que había visto en el rostro de Bowu cada vez que hablaba con Xianghua. Su propia mano tocó la de ella. Tigu miró a Xiulan por un momento, antes de resoplar, y con un chasquido sordo, apareció un gato naranja acurrucado donde antes había una niña. “Hay demasiada gente,” se quejó Tigu, pero no hizo ningún intento por marcharse. Aun así, la cama era un poco pequeña. Estaban todos apretados. Pero Xiulan durmió plácidamente y sin interrupciones, aferrándose a esa sensación en su pecho. Ella volvería a casa. Ella traería de vuelta a casa a cada una de las personas que emprendieran este viaje. Y no había nada en las Colinas Azures que pudiera impedirle regresar a esto.

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