Capítulo 33
A Todos Los Rincones
Traducción y corrección: Radak
Edición: Radak, Sho Hazama
Edición: Radak, Sho Hazama
Si Bi De había aprendido algo sobre el mundo, era que las despedidas siempre llegaban.
Algunas eran cosas sin importancia a las que uno no les prestaba mucha atención. Cosas como despedir al discípulo Gou Ren en sus cacerías, o decir adiós a Tigu cada vez que salía a explorar los bosques.
Otras eran más formales, como cuando alguien tenía que ir a Colina Verdeante y había que encargarse de las tareas domésticas en su ausencia. No había incertidumbre en esas despedidas. Eran formalidades, pues pronto volverías a verlos.
Pero si uno buscaba la despedida más profunda, la encontraba en las últimas… Esas despedidas en las que sabías que alguien se marchaba para hacer algo peligroso y no tenías la certeza de que volvería. Estaban llenas de cosas no dichas y de una inquietud latente, pero… La forma en que una persona afrontaba esas despedidas fascinaba a Bi De.
“Recuerda tu entrenamiento y escucha a tus mayores, alumno mío. Ellos te mantendrán alejado de los problemas,” le dijo Bi De al Jinete del Torrente, mientras su discípulo asentía seriamente ante las palabras del gallo.
“¡Sí, Maestro!” Dijo, acompañado de un ladrido de aprobación de su perro a su lado. Su máscara de gallo y su piel de lobo colgaban de su espalda, junto con su tabla de Montar Torrentes. Su lanza, antes un arma mortal barata, era ahora algo de lo que enorgullecerse. Su mango estaba hecho de una rama robusta de uno de los árboles de la Fa Ram, impregnada del Qi del Gran Maestro, Wa Shi y Chun Ke. Tigu y Xiulan la habían adornado con un antiguo amuleto de protección y coraje. Su hoja era de acero, forjada con hierro extraído por Huo Ten, cocido en un horno encendido por el Qi Solar de Yin y forjado por Tie Delun.
A Bi De le dio bastante vergüenza oír que lo llamaran Espolón Lunar, pero el joven se había mostrado inflexible.
Su físico armonizaba con su nueva vestimenta. El discípulo de Bi De había crecido a pasos agigantados. Ya había superado su etapa desgarbada y torpe, y se estaba convirtiendo en un joven poderoso. Entrenaba a diario con los métodos que Bi De le había enseñado, y su dedicación había dado sus frutos.
“Mantente firme, Zhang Fei. Tengo plena confianza en tus capacidades.”
Zhang Fei se sonrojó cuando Bi De saltó sobre su hombro y acicaló su pico a través del cabello desaliñado del niño.
Bi De miró desde su posición elevada para observar a los demás.
Tigu mecía a Xiao De de un lado a otro en sus brazos mientras le susurraba palabras tranquilizadoras al pequeño, que parecía feliz pero también confundido por lo que estaba sucediendo.
Miantiao recibió un beso en la cabeza de Yin, que llevaba el pelo suelto y la camisa abierta como la llevaba Tigu. Notó que Bi De la observaba y sonrió radiante, con una expresión luminosa como el sol. Había pasado toda la mañana con Bi De en su regazo, divertida por cómo ahora podía sostenerlo y por lo mucho que había mejorado en sus entrenamientos.
Xianghua abrazaba a Gou Ren y Bowu y les susurraba al oído. A su lado había una carreta cargada con seis hornos de vapor, listos para ser devueltos a su secta. Bowu se quedaría, pues por el momento se negaba a regresar.
Chico Ruidoso estaba reorganizando su mochila, ya que Wa Shi, el pez perezoso, acababa de darle un conjunto de figuras matemáticas para estudiar. El chico parecía bastante agobiado mientras llenaba aún más su mochila, pero estaba debidamente agradecido por los pergaminos… Así como por la selecta variedad de bayas que el pez le había dado.
Trapos rascaba distraídamente la barbilla de Chun Ke mientras miraba fijamente la Fa Ram, su mochila estaba llena de semillas para su "pandilla". En la otra mano, jugaba con su Qi, la forma rudimentaria de la técnica de infusión de Qi del Gran Maestro danzaba entre sus dedos.
Delun estaba ayudando a Huo Ten a empacar sus pertenencias en otra carreta; el mono confiaba en que el grupo de Xiulan lo escoltara de regreso con su propio Maestro.
Finalmente, Bi De vio a Cai Xiulan, que estaba ante el Maestro Shen.
“Maestro Shen, gracias de nuevo por permitirnos usar estos cristales,” dijo Xiulan.
El anciano le restó importancia con la mano. Les había dado algunos de sus propios cristales de memoria para que pudieran copiar los estilos de cultivación del original. “No me sirven para nada, muchacha. No importan.”
“Aun así, gracias.”
El anciano resopló y la despidió con un gesto de la mano.
Xiulan sonrió, bajó la mirada por última vez y giró hacia el Gran Maestro y la Sabia Sanadora, quienes observaban la escena con expresiones extrañas. En sus sonrisas se reflejaba orgullo, pero también una leve preocupación en sus ojos.
Xiulan dio un paso al frente y ambos la abrazaron. Cerró los ojos y se dejó caer un instante, relajándose. Luego se incorporó. Al retroceder, la fuerza la inundó, y sus ojos azul cristalino brillaron con determinación.
“Llámame si me necesitas. Iré, pase lo que pase,” susurró el Maestro Jin.
Cai Xiulan asintió y le acarició la mejilla. “No te preocupes, hermano menor. Te pediré ayuda si la necesito.”
Él asintió, con una leve sonrisa en el rostro ante la broma de Xiulan, y Xiulan dirigió su atención hacia la Sabia Sanadora. “Mantén nuestra cama caliente para mí,” dijo con una sonrisa pícara; Meiling simplemente se rio. Xiulan le devolvió la sonrisa con picardía antes de respirar hondo. “Es hora.”
Poco a poco, las conversaciones cesaron. Se intercambiaron abrazos de última hora y, en el caso de Xianghua, hubo un beso un tanto efusivo que provocó que Yun Ren se burlara de su hermano. La mirada soñadora de Xianghua y la victoriosa de Gou Ren resultaron de lo más divertidas.
Bi De pasó su pico por el cabello del Jinete del Torrente por última vez, luego saltó y aterrizó sobre el hombro del Gran Maestro. Quienes partirían ese día se alinearon frente a quienes se quedarían, en las Grandes Puertas de la Fa Ram. Sus carretas estaban repletas y sus mochilas casi a rebosar de comida y medicinas, suministradas por el Gran Maestro y la Sabia Sanadora.
El sol brillaba con fuerza mientras permanecían al borde del precipicio, entre aquel lugar y el mundo exterior.
“Prepararemos un banquete cuando regresen,” prometió el Gran Maestro, cerrando el puño y alzándolo en un saludo marcial.
Quienes pronto se aventurarían en el mundo imitaron el gesto.
“Volveremos pronto,” es prometió Cai Xiulan, y Bi De pudo ver, en el reflejo de sus ojos, la convicción que llenaba sus corazones.
Dos filas se saludaron. Luego, el grupo de Xiulan recogió sus carretas, dio media vuelta y emprendió su viaje por el camino, alejándose en la distancia. El carácter recién bordado de “Azur” miraba fijamente a los reunidos, desde la espalda de los viajeros.
“¡Hasta luego!” Gritó el Gran Maestro.
“¡Hasta luego!” Se oyó el grito de vuelta.
Bi De descubrió que era mucho mejor dejar las despedidas abiertas, en lugar de algo definitivo.
❄️❄️❄️
Tres días después de que el grupo de dientes de león se marchara, Shen Yu proclamó que era hora de que su grupo también se fuera.
Shen Yu había demorado el viaje unos días más, dedicando ese tiempo a recorrer la propiedad con el Maestro de Bi De y mostrándole las protecciones que el anciano y Lu Ri habían creado para alertar sobre los intrusos que lograran vencer la nariz de la Sabia Sanadora.
Pero esa noche, Bi De tuvo a su Maestro solo para él. Ri Zu estaba acurrucada junto a la Sabia Sanadora, repasando juntas notas médicas. Si bien Ri Zu acababa de terminar su propio entrenamiento en la formación completa y podría realizar la eliminación del Qi Demoníaco si el anciano lo necesitara, nunca le faltaban temas de estudio con su Maestra.
Bi De esperaba que lo mismo sucediera con él y con su Maestro.
Estaban sentados, no en el porche de la casa donde el Gran Maestro solía sentarse, sino en el pequeño jardín de la casa de Gou Ren, construida en el mismo lugar donde el Gran Maestro había erigido su primera cabaña. Había algo nostálgico en todo aquello, y Gou Ren se mostró muy jovial cuando le explicaron por qué estaban sentados allí.
Era el lugar donde habían comenzado a trabajar la tierra, y el lugar donde Bi De había despertado por primera vez.
Siendo sincero, sí lo extrañada. La vida había sido tan sencilla entonces. Solo estaban él y su Maestro contra el mundo, domando la tierra y combatiendo a los intrusos. Había sido una existencia simple y pura.
Pero por mucho que lo extrañara… Se alegraba de que las cosas hubieran cambiado. Realmente había sido un cretino arrogante.
“Vaya. Sí que las cosas han cambiado, ¿eh?” Dijo su Gran Maestro después de un rato, con la mirada fija en las estrellas. Tenía una copa de vino en la mano y otra junto a Bi De. En ese momento, su Maestro parecía algo melancólico.
“En efecto, así es,” respondió Bi De.
El Maestro Jin giró hacia Bi De, fijando la mirada en su figura. Las plumas de Bi De brillaban resplandecientes bajo la luz de la luna, y el hombre sonrió.
“Fuiste una gran sorpresa, ¿sabes? Cuando llegué aquí, no me esperaba encontrarme con un pollo que hablara,” dijo su Gran Maestro. “Todos mis planes consistían en vivir como un mortal, ¿sabes? No quería saber nada de la cultivación. Creía haberlo dejado todo atrás… Hasta que me enseñaste esa rata muerta.”
“Debió de ser una gran sorpresa,” respondió Bi De. Sabía que debía de ser más que una simple sorpresa. Debió de ser difícil para su Gran Maestro darse cuenta de repente de que era responsable de algo más que simples bestias. Y, sin embargo, había una razón por la que Bi De llamaba a aquel hombre su Gran Maestro.
Había una tarea pendiente: proteger y guiar a varias crías. Y así lo hizo su Maestro, sin dudar ni quejarse.
“Sí, lo fue. De verdad que sí. ¡Casi me cago encima!” El hombre se rio. “Pero en realidad, debería haberlo sabido. Eras demasiado listo para ser un pollo. Yo solo… Negaba las cosas. Vaya, fui un poco tonto, ¿eh?”
“No lo creo. No es que me esforzara demasiado por comunicarme. Y estaba… Desvanecido en aquel entonces. Hubo momentos en que era solo un pájaro. Era extraño.”
Su Gran Maestro asintió, con la mirada fija en Bi De. “Desde aquel hombrecillo que luchaba contra un zorro, hasta investigar la corrupción demoníaca. Has crecido muchísimo desde que eras un polluelo al que apenas le salían las barbas.”
“Tuve un buen Maestro que me guio durante todo el camino.”
El hombre suspiró, pero sonrió igualmente. Sin duda, el Señor de Bi De estaba mejorando en el arte de aceptar halagos.
“Fuiste mi primer amigo de verdad en este mundo, ¿sabes? La primera persona a la que pude llamar colega. La primera persona en la que pude confiar de verdad. Miro hacia atrás y pienso en todo esto… Y no puedo imaginar este lugar sin ti.” Le tocó a Bi De sonrojarse. “Entonces… Vuelve sano y salvo, ¿de acuerdo?”
“Lo haré,” prometió Bi De. “Algunos estamos destinados a dispersarnos como semillas y vagar por esta tierra, pero siempre regresaremos a nuestro paraíso. Así como usted no puede imaginar este lugar sin Bi De… Yo no creo que nadie pueda imaginar la Fa Ram sin usted.”
“Entonces, cuando regreses, ambos tendremos que estar bien.”
“En efecto, lo estaremos.”
Su Gran Maestro soltó una risita y le dio una palmadita en el hombro.
Bi De accedió encantada a acompañarlo mientras estaban sentados bajo las estrellas, rememorando el pasado.
❄️❄️❄️
Y entonces, le tocó marcharse a él. Junto con Ri Zu, Shen Yu, Yun Ren y Nezan.
“Que te diviertas, viejo. Y tráeme un recuerdo o algo así,” exigió el Maestro Jin.
El anciano soltó una risita y negó con la cabeza. “Te voy a conseguir algo increíble, muchacho, ¡ya verás! ¡Te quedarás maravillado con tu regalo, mocoso! ¡Recuerda mis palabras!”
“Apuesto a que va a ser un montón de mierda de monstruo,” dijo el Gran Maestro con una expresión impasible.
El Maestro Shen se quedó paralizado. “¡No! ¡Por supuesto que no!” Su voz no resultaba del todo convincente.
El Maestro de Bi De sonrió y negó con la cabeza. "Hasta pronto, Abuelo.”
“Hasta pronto, hijo mío. Y tú también, nieta. ¡Extrañaré tu encantadora lengua, por muy profunda que corte!”
“Qué asco,” respondió la Sabia Sanadora, provocando una nueva ronda de risas.
Mientras se alejaban, seguían carcajeando. Yun Ren recibió una palmada en el hombro y un abrazo al bajar hacia el camino. Bi De sintió como si algo los guiara, impulsándolos en su camino: pequeñas volutas doradas que prometían protección. Las volutas apuntaban en dirección a Tigu y Xiulan, señalando el camino de regreso a la Fa Ram, serpenteando y cruzándose.
A través de todos esos caminos dorados… Encontrarían la manera de volver a estar juntos.
Bi De dejó escapar un grito, cuyo sonido resonó por las colinas como su propia despedida.
“¡Díselos, Bi De!” Respondió la voz de su Maestro.
Todos los caminos conducen a casa tarde o temprano.




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